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lunes, 15 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 11


oola!!
lo siento mil por tardarme...
peroo aki sta el final...
eii 8 comments para el
inicio de la nove de jemi!!

xoxo♥

Capitulo 11

Nick y Miley no sabían qué hacer. Kevin se había quedado catatónico cuando la mujer tras el mostrador le dijo que el avión ya había despegado. Se desmoronó, y cayó al suelo, quedándose sentado con las piernas flexionadas, temblando incontrolablemente. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, y miraba fijamente las losetas con los ojos muy abiertos, espantado por lo que había hecho.
No paraba de repetir «la he perdido, la he perdido...», y de nada servía que le dijeran que la encontrarían, costara lo que costara.
Solo entonces, al levantar Nick la cabeza un instante, vio entre la gente que iba y venía, una figura de pie, a lo lejos, observándolos, con una maleta en las manos.
Ashley se acercó lentamente donde se encontraban, y se detuvo frente a Kevin. Este, como atraído por un imán, alzó los ojos hacia ella, y Miley y Nick se alejaron discretamente, dejándolos a solas.
—Estás aquí... —murmuró Kevin incrédulo.
—Iba a marcharme —admitió Ashley con lágrimas en los ojos—... pero no pude. Siento haber huido de este modo, pero ya no podía aguantar más.
—No tienes por qué disculparte —repuso Kevin secándole las mejillas con los pulgares—. Nunca te di una oportunidad. Creí que te había perdido... Y no podía soportarlo, no podía soportar la idea de perder todo lo que amo...
Ashley esbozó una sonrisa y le tomó la mano entre las suyas.
—¿Por qué no me dijiste nunca que me amabas? Yo jamás he dejado de amarte, Kevin, y nunca podré dejar de amarte. Tú eres lo único que yo quiero.
La otra mano de Kevin se aferró a las suyas.
—¿Acaso no lo sabías... aunque no te lo dijera con palabras? —murmuró mirándola a los ojos con amor—. Habría cruzado brasas descalzo si tú me lo hubieras pedido. Tú eres todo mi mundo, Ashley. Te amo...
Ashley se acercó más a él y lo rodeó con sus brazos. Kevin la tomó por la cintura y la besó en la frente.
—Oh, Dios, Ashley... Si tú supieras... Yo creía que te habías casado conmigo solo porque estabas sola y asustada.
—Y yo creía que me lo habías pedido porque te daba lástima —le contestó ella sin tratar de retener ya las lágrimas.
Kevin se puso de pie y la abrazó con fuerza, y la besó con ternura en los labios.
—Salgamos de aquí... Oh, Ashley, Ashley, creí que me moriría... Creí que te había perdido...
Nick y Miley los llevaron directamente a casa.
—¿Por qué no venís a casa a cenar? —les propuso Miley cuando se bajaron del coche—. María me dijo que ella y López se van a casa de su hermana, y no creo que ninguno de los dos tengáis muchas ganas de cocinar.
—Eso sería estupendo —se lo agradeció Kevin—. Gracias por todo... a los dos.
—Vosotros haríais lo mismo por nosotros —contestó Nick asomándose por la ventanilla de Miley y guiñándoles un ojo—. Os esperamos a las siete.
Los despidieron y entraron en la casa, siendo recibidos por una María eufórica de ver de vuelta a Ashley. Kevin la alzó en sus brazos y le plantó un sonoro beso en la mejilla.
—Gracias por haber llamado a Miley, María, te estaremos agradecidos eternamente —le dijo Ashley abrazándola.
La mujer se sonrojó, asegurándoles que no había hecho nada excepcional, y después se disculpó, diciéndoles que tenía que ayudar a López a recoger las cosas, porque se iban dentro de media hora.
Kevin y Ashley entraron de la mano en la casa, se sentaron en el salón, abrazados el uno al otro.
—Te quiero, Ashley, aunque nunca haya encontrado el modo de decírtelo —le dijo besándola dulcemente.
—Acabas de hacerlo —sonrió Ashley devolviéndole el beso apasionadamente.
—Si pudiera te compensaría por esos seis años, y por el tiempo que llevamos casados y no te he tratado como debería.
—Ya me has compensado por ello, Kevin —le dijo ella con dulzura. Tomó su mano y la colocó despacio sobre su vientre—. Llevo dentro de mí un hijo tuyo — le dijo mirándolo a los ojos.
Kevin ya lo sabía, pero oírlo de labios de ella lo hizo cien veces más hermoso, y más real. Le acarició el vientre con suavidad mientras volvía a besarla.
—Voy a dejar el trabajo —le dijo ella de pronto—. Creo que Vanessa y el señor Efron se las apañarán muy bien sin mí.
—No tienes por qué hacerlo por mí, Ashley. He sido muy egoísta.
—No se trata de eso, Kevin. Ahora nuestro bebé es mi prioridad. Además, tal vez haga unos cursos, o vuelva a hacer labores de voluntariado social.
Kevin se rio.
— ¿De cuántos meses estás?
—Creo que solo de seis semanas —murmuró ella.
—La primera vez que hicimos el amor —comentó él haciendo cálculos mentales.
Ashley ocultó el rostro en el hueco de su cuello, sonrojándose.
—Sí, creo que sí —asintió entre risas.
—No está mal, ¿eh? A la primera —se pavoneó Kevin con una sonrisa lobuna.
—No está «nada» mal —murmuró ella alzando la cabeza hacia él.
Kevin agachó la suya para tomar sus labios, y ella se relajó, dejando que la acariciara. Suspiró dentro de su boca, y le echó los brazos al cuello para atraerlo más hacia sí. Los besos se fueron volviendo más apasionados, y pronto Ashley pudo notar que él la deseaba. Había aprendido sus señales, pero aquella vez sería diferente, porque sabía que él la amaba y él sabía que ella a él también.
—La primera vez que lo hicimos... también fue aquí —murmuró Ashley mientras Kevin le iba desabrochando uno a uno los botones de la camisa.
—Si lo prefieres siempre nos queda la alfombra... —bromeó él.
—Kevin... —se rio ella ante la ocurrencia.
—¿Qué? Es bastante gruesa, mullida y suave. Y además nadie nos verá. Y para aseguramos...
Se levantó, aún sonriendo, y fue a cerrar la puerta del salón con pestillo. Se quitó la camisa observando como ella miraba su torso desnudo con puro deleite.
Después, Kevin la tumbó sobre la alfombra, echándose junto a ella, le desabrochó la falda, y se deshizo de la ropa interior con destreza y sensualidad.
Los temores de Ashley se habían desvanecido después de la primera vez, y su cuerpo confiaba plenamente en Justin, sabiendo los placeres que le aguardaban más adelante.
Durante largo rato, no satisfecho con verla estremecerse y gemir, Kevin se dedicó por entero a excitarla, hasta que la tuvo completamente a su merced. Solo entonces se fue desvistiendo él también, mientras iba devorando las suaves curvas de ella y su cremosa piel.
Ashley alzó la vista, enturbiada por el deseo, cuando vio que Kevin se arqueaba sobre ella, apoyando el peso en los brazos, y se concentró maravillada en el contacto entre ambos cuando la poseyó.
— ¡Oh, Kevin! —gimió al sentir que comenzaba a moverse dentro de ella.
—Te quiero —susurró él—. Nunca te he demostrado cuánto, pero ahora voy a hacerlo... No te muevas, cariño, voy a llevarte directa a las estrellas.
Posó su boca sobre la de ella, y comenzó a murmurarle palabras de amor, palabras que subrayaba con pequeños besos y caricias. Aquella vez no tenía que contenerse, no había barreras, pero aun así, ajustó sus movimientos a las necesidades del cuerpo de Ashley, tratándola con exquisita ternura. Y de pronto, en medio de aquel fuego lento, la escuchó gemir cada vez con más fuerza mientras se adentraba con él en el remolino del placer.
Cuando hubieron alcanzado la cima, Ashley notaba que no podía dejar de temblar, y se agarró a los fuertes hombros de Kevin, pero él estaba igual.
—Está bien, no pasa nada... —la tranquilizó él besándola en la frente—. Es normal... es lo que pasa cuando se desciende de repente de las alturas a las que nosotros hemos volado.
—Nunca antes había sido tan increíble —murmuró Ashley.
—Eso es porque nunca lo habíamos hecho con tanta pasión, abriéndonos el uno al otro.
Ashley le tocó el rostro con dedos temblorosos.
—No quiero parar, Justin.
—Yo tampoco... —susurró él—. Y tampoco tenemos por qué hacerlo. Estamos solos, y no tenemos otra cosa que hacer. ¿Qué te parece si subimos arriba y averiguamos si podemos superarlo?
Y se levantó, ofreciéndole una mano para ayudarla. Ashley la tomó y se incorporó también, pero echó un vistazo al montón de prendas desperdigadas por el suelo.
—Kevin... ¿y nuestra ropa?
Pero él ya la había tomado en brazos y se dirigía con ella hacia la puerta.
— Seguirá ahí cuando bajemos —le prometió divertido.
Ya había atardecido cuando se despertaron, exhaustos pero satisfechos.
—Um... qué sed tengo... —murmuró Ashley.
—Yo también —dijo él levantándose de la cama y estirándose—. ¿Qué te apetece? ¿Un poco de té helado y algo de comer?
— Estupendo —asintió ella—. No tardes —dijo tumbándose mimosa.
Kevin miró en derredor buscando algo con lo que taparse, pero se habían quedado en la habitación de invitados porque era la que estaba más cerca, y finalmente tuvo que ir al baño a por una toalla para liársela en torno a las caderas. La más grande era una toalla de playa con una rana gigante estampada en ella.
—Por Dios, Ashley... ¿No podías haber comprado algo más discreto? —gruñó.
A ella sin embargo daba la impresión de parecerle muy divertido.
—¿Qué tiene de malo? Me encantan las ranas.
Kevin ignoró sus risitas y bajó a la cocina, donde preparó unos sandwiches, y los colocó en una bandeja con unos vasos y la jarra de té helado.
Sin embargo, justo cuando salía y se dirigía hacia las escaleras, se abrió la puerta de la casa y apareció Nick. Se quedó de piedra, mirando con los ojos como platos a su serio hermano, vestido solo con una toalla con una rana gigante estampada.
—Eee... Pensé que ibais a venir a cenar a casa — comenzó Nick.
Kevin lo había olvidado por completo.
—Como eran más de las siete y media llamamos, pero no contestabais y pensamos que habría ocurrido algo y por eso vine a ver... —continuó Nick sin poder apartar los ojos de la rana.
Kevin recordó que había descolgado el teléfono antes de llevar a Ashley arriba.
—Um... No, no ha pasado nada. Estaba... dándome una ducha —improvisó, algo avergonzado de que su hermano pequeño lo hubiera pillado en una situación tan comprometedora, aunque estuviera en su propia casa.
Nick vio la puerta del salón abierta, y el reguero de ropa por el suelo.
—¿Y esa ropa? —dijo para picarlo.
—Iba a... hacer la colada. Y me entró hambre.
—Pero si os habíamos invitado a cenar.
—Bueno, solo iba a tomar un tentempié —farfulló Kevin sonrojándose por la insistencia.
—¿Y dónde está Ashley?
—Em... arriba, estaba cansada y se echó.
Pero entonces, la voz de Ashley se escuchó desde el piso de arriba.
—Kevin... ¿vas a subir ya? Me siento sola —dijo como haciendo pucheros.
Kevin se puso rojo como un tomate mientras Nick se aguantaba la risa a duras penas.
—Bueno, cuando acabes de poner la colada, darte esa ducha y tomarte el tentempié, venid a casa —le dijo — Pero ponte algo menos... llamativo —y se marchó.
Kevin subió las escaleras con la poca dignidad que le quedaba y dejó la bandeja sobre la cama.
—Me ha parecido oír la voz de alguien hablando contigo abajo —le dijo Ashley mientras se servía té.
—Era Nick. ¿Te acordabas tú de que nos habían invitado a cenar?
— ¡Cielos, no, lo había olvidado! —exclamó ella llevándose una mano a la boca.
—Y yo.
—No te preocupes, Kevin —le dijo Ashley al verlo tan enfurruñado—. Nick y Miley lo entenderán, están casados.
—Lo sé, pero resulta un poco incómodo —repuso él—. Y conociendo a mi hermano, prepárate, va a pasarse toda la cena picándonos.
Ella se rio y lo besó en la mejilla.
—Ashley... —le dijo él de pronto—. ¿Me habrías dicho lo del bebé si te hubieras marchado?
Ella asintió con la cabeza.
—Tenías derecho a saberlo. Además, nunca pensé en abandonarte, Kevin, solo necesitaba tiempo para pensar. Habría vuelto a tu lado: ya no sé vivir sin ti. Y tú, ¿habrías ido tras de mí?
—Por supuesto. Ya me imaginaba recorriendo la ciudad meses y meses, pero no habría desesperado, habría buscado hasta en el último rincón.
—Lo sé —murmuró ella besándolo suavemente. Lo quería tanto que sentía que el corazón le iba a explotar de felicidad—. Um... tengo un hambre terrible, me comería una vaca entera.
—Llamaré a Miley para que la vaya preparando...
Ashley se rio. Fuera, la noche estaba cayendo, y a unos kilómetros de allí, Miley estaba recalentando el estofado de carne con verduras que había preparado, mientras Nick descorchaba una botella de champán. Había tratado de decirle que esa bebida no iba precisamente con la comida tan sencilla que había preparado, pero él insistió, así que, entre risas, Miley fue a buscar las copas de champán. En el fondo, Nick tenía razón: había mucho que celebrar.


FIN!!

miércoles, 10 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 10


Eii chicas aclaracion...
ioo tmbb amo a rob pattinson...
peroo no se me ocurrio nadie mas para el personaje...
jeje
pff...
bnoo ia el viernes el ultimo capp...
byebye♥

Capitulo 10

Ashley observó, fascinada, como el jarrón pasaba a pocos centímetros de la oreja izquierda de Rob y se hacía añicos al caer estruendosamente contra el suelo.
—¿Ashley? —fue todo lo que acertó a decir el hombre antes de dar un paso atrás.
Ashley agarró una pequeña estatuilla de bronce de una librería.
—¡Ashley, no!, ¡espera!—exclamó Rob Pattinson poniéndose las manos sobre la cabeza y corriendo hacia la puerta,
Ashley lo siguió fuera a la carrera, con la estatuilla en la mano, ignorando las miradas de asombro de los invitados y de su marido.
— ¡Insecto! —le gritó—. ¡Sanguijuela!
Le arrojó la estatuilla, fallando por poco, y Rob casi perdió el equilibrio en las escaleras de la entrada. Sin pararse siquiera a mirar atrás, corrió como alma que lleva el diablo hacia su todoterreno y se perdió en la noche.
Ashley lo observó alejarse con verdaderas llamas en los ojos. Aquel hombre había sido responsable, aunque indirectamente, del dolor que había sufrido durante seis años, del dolor que aún sufría. ¿Cómo podía tener la desfachatez de presentarse aquella noche, de todas las noches? No, ¿cómo había tenido Kevin la desfachatez de invitarlo?
Dio media vuelta y volvió a subir los escalones de la entrada, sin dignarse a mirar a Kevin.
—Buenas noches —saludó a una pareja que acababa de llegar, como si no hubiera pasado nada. Después, fue junto a Nick—. ¡Felicidades, Nick! Estamos tan contentos de que Miley nos permitiera celebrar aquí tu fiesta de cumpleaños —le dijo besándolo en la mejilla.
— Um... Gracias, Ashley —murmuró su cuñado.
—¿Pasamos a cenar? —les dijo Ashley, como la perfecta anfitriona al resto de los invitados.
La mayoría eran amigos de Kevin y Nick a quienes apenas conocía.
—¿A qué diablos ha venido todo eso? —le siseó Kevin, agarrándola del brazo y llevándola aparte mientras los demás pasaban al comedor.
Ashley ignoró la pregunta.
—¿Cómo te has atrevido a invitar a ese hombre? —le dijo señalando hacia la puerta por donde había salido—. ¿Cómo te has atrevido a traerlo a nuestra casa, después de saber que colaboró con mi padre para separarnos?
—Quería saber si aún te quedaba algún rescoldo de amor por él —le contestó Kevin con una sonrisa cínica.
— ¿Rescoldo? —Masculló Ashley fuera de sí—, Tienes suerte de que no lo haya matado... Lamento no haberlo hecho.
—Qué temperamento... —murmuró él chasqueando la lengua desaprobador.
—Vete al infierno, Kevin —le espetó ella con una sonrisa tan cínica como la de él. Estaba harta de sus celos y su suspicacia—. Y llévate contigo tu mal humor y tus deseos de venganza.
Entró en el comedor, donde los demás ya estaban tomando asiento.
—¿No vas a contarme otra vez esa historia de cómo tu padre quería hacernos romper? —le pregunte él con toda la intención, siguiéndola.
—¿Por qué no quieres creerme?
—Muy sencillo —contestó él—, porque fue el dinero de tu padre el que nos ayudó a sacar a flote de nuevo nuestro negocio —observó sorpresa en los ojos de ella—. Sí, eso hizo, ¿te parece que puedo dudar de un hombre que me ayudó de ese modo?
Ashley sintió que se iba a desmayar, y casi le faltó tiempo para sentarse.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Kevin.
—No, no estoy bien —murmuró ella con una risa temblorosa.
Miley, que había reparado en su inusitada palidez, se sentó a su lado.
—¿Quieres que te traiga algo, Ashley? —le susurró.
—No, gracias, estaré bien... si te llevas a Kevin lejos de mí —dijo alzando la vista hacia él furiosa.
—No te preocupes, ya me iba —le espetó él irguiéndose y dirigiéndose al otro extremo de la mesa.
Ashley no sabría jamás cómo había sobrevivido a aquella noche. Contestaba a las preguntas de los invitados y sonreía como un autómata. En un momento dado, logró escabullirse con la excusa de retocarse el maquillaje, y Miley la siguió arriba, a la habitación de invitados.
— ¿Qué ha ocurrido, Ashley? —le preguntó sin preámbulos.
—Para empezar, estoy embarazada —le respondió Ashley muy tensa.
Miley se quedó boquiabierta.
— ¡Oh, Ashley...! ¿Lo sabe Kevin?
—No, no lo sabe, y no quiero que se lo digas —se apresuró a advertirle Ashley sentándose en el borde de la cama—. Vuelve a estar furioso por lo que le hice hace seis años. Durante unas semanas pareció que todo iba bien, pero cuando volvió de Wyoming no lo reconocí. ¿Y cómo voy a contarle lo del bebé cuando me odia? No quiero su compasión... —se llevó las manos al rostro—. Nunca funcionará, Miley, no puede dejar atrás el pasado, y yo ya no sé qué hacer... No lo soporto más.
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, y Miley fue a su lado a consolarla como pudo.
—¿Y qué piensas hacer? —le preguntó con suavidad, mientras Ashley se secaba las lágrimas con un pañuelo.
— Me iré a Houston. Tengo una prima allí, y sé que no le importará que me quede un par de días con ella, hasta que averigüe qué hacer con mi vida.
— ¿Y si intentaras hablar con Kevin? Sé que te quiere, Ashley.
—Bonita manera la suya de demostrarlo —repuso Ashley con ironía—. ¡Primero me dice que vamos a llevar vidas separadas y luego trae a... a esa sabandija aquí!
—Bueno, creo que al menos se habrá dado cuenta de que no estabas enamorada de él —dijo Miley con una sonrisa, recordando cómo le había arrojado aquel florero.
—Y lo peor es que cree que mi padre era un santo. Acaba de decirme que le dio dinero para reflotar el negocio... No me extraña que piense que yo le miento
—Necesitas descansar —le dijo Miley—. ¿Por qué no te acuestas? Yo haré de anfitriona en tu lugar, le diré a Kevin que...
—¿Qué tienes que decirme? —inquirió Kevin apareciendo en ese momento.
Las dos alzaron la vista, sobresaltadas.
—Hay una chica que pregunta por ti —le dijo Kevin a Ashley—. Una Vanessa no-sé qué. Dice que trabaja contigo en el bufete...
—¿Qué quiere?
—Está subiendo. Ahora podrás preguntárselo tú.
Y en efecto, al momento asomó la cabeza de Vanessa. Se quedó un poco cortada al ver el cuadro.
—Um... Lo siento, veo que no es un buen momento...
—No, Vanessa, espera, ¿qué ocurre? —dijo Ashley levantándose y reteniéndola por el brazo.
La joven se volvió hacia ella con los ojos brillantes.
—Solo venía a decirte que... ¡me ha pedido que me case con él! —casi chilló como una adolescente histérica—. Mira, ¡hasta me ha comprado un anillo! —le dijo mostrándoselo emocionada—. Ha sido una suerte que se haya decidido, porque estoy segura de que toda la ciudad estaba empezando a murmurar. Amanda Jones, una de las dependientas del supermercado nos vio el otro día besándonos al señor Efron y a mí en el despacho, imagínate... la cortinilla estaba echada, claro, pero podía verse desde fuera... qué vergüenza...
Kevin se había puesto lívido, pero Ashley y Miley no lo advirtieron.
—Me alegro mucho por vosotros, Vanessa, felicidades —le dijo Ashley abrazándola.
—Gracias —murmuró la chica—. Bueno, solo quería decirte eso... Perdón por la intrusión. Buenas noches.
Miley acompañó a la joven abajo, y Kevin se quedó allí de pie, tratando de averiguar cómo deshacer aquel entuerto. Ashley parecía tan dolida, tan frágil... Era solo culpa suya, por haber sacado conclusiones antes de cerciorarse de que lo que había visto era lo que creía haber visto.
—Ashley, yo...
—Kevin, por favor, márchate, no tengo nada más que decirte. No quiero ni mirarte después de lo que has hecho... ¡Traer aquí a ese hombre!
—Necesitaba saber...
— ¡Yo te dije la verdad! —le espetó Ashley enfadada—. Y tú no me escuchaste. Nunca me has escuchado, pero ya no me importa lo que pienses de mí.
—Es que hay algo que no comprendo, Ashley... si lo que tu padre quería era separarnos... ¿Por qué me prestó ese dinero?
Ashley lo miró cansada.
—Kevin, no lo sé, no sé más de lo que te he contado. Hace mucho tiempo de eso, y yo no quiero vivir eternamente revolcándome en el fango del pasado. Si no te importa me voy a la cama —le dijo dirigiéndose hacia la puerta.
Kevin abrió la boca, pero no sabía que decir.
—Yo... los vi besándose. Bueno, creí que eras tú... en la ventana de la oficina, cuando fui a recogerte la noche que regresé de Wyoming —le confesó titubeante.
Ashley se quedó paralizada, y se giró sobre los talones con los ojos muy abiertos.
— ¿Pensaste que estaba besándome con el señor Efron?
Kevin se encogió de hombros.
—Lo cierto es que esa chica y tú tenéis una figura parecida, y la misma estatura, y la vi a través de la cortina y... Tú no me contaste que había entrado a trabajar otra chica con vosotros.
—Muchas gracias —le contestó Ashley con voz ronca, ofendida—, muchas gracias por tu maravillosa opinión de mi moralidad, Kevin.
Él enrojeció, entre avergonzado y airado.
—¿Qué querías que creyera? ¡Tú me traicionaste una vez!, ¡me abandonaste por otro!
—Yo jamás hice eso. ¡Jamás! Mi padre me amenazo con llevarte a la ruina, y me hizo decirte lo que te dije para evitarlo. Me prometió que si rompía contigo te salvaría, pero nunca imaginé que sería prestándote dinero Salí con Rob solo para seguir con la pantomima, pero me negué a casarme con él. La vida sin ti esos seis años fue un infierno, y más sabiendo que creías que te había traicionado y que no podía demostrártelo. He intentado explicártelo de todas las maneras posibles, pero tú nunca me escuchas —las lágrimas le nublaban la vista—. Estoy cansada, Kevin, estoy cansada. Estás demasiado resentido como para dejar atrás el pasado, y yo ya no puedo seguir viviendo así. Sé que yo, con mi cobardía, he tenido mucha culpa de lo que nos ha ocurrido, pero lo que hice lo hice para protegerte. Tú has sido lo único que yo siempre he querido, pero a ti yo únicamente te interesaba en un sentido, y supongo que ahora que has... ¿cómo lo expresaste...? Oh, sí, «satisfecho tu deseo»... Supongo que ahora que has satisfecho tu deseo por mí ya no te intereso.
—Oh, Dios, Ashley... —masculló él apretando los dientes.
—Sin confianza no tenemos nada, Kevin. Creí que lo nuestro podría funcionar, pero si sigues sin confiar en mí, no hay nada que podamos hacer. Y ahora, si no te importa, me gustaría que te fueras, estoy cansada y quiero acostarme.
Kevin quería abrazarla, decirle que su frialdad se había debido solo a los celos, porque era incapaz de creer que una mujer tan preciosa y maravillosa pudiese amarlo. Sin embargo, ciertamente parecía muy cansada, y le pareció que sería cruel seguir discutiendo. Sí, lo mejor sería dejarla dormir.
—Está bien, mañana hablaremos... —le dijo saliendo y cerrando la puerta tras de sí.
Kevin apenas pudo dormir en toda la noche y al rayar el alba entró sigiloso en la habitación de invitados. Ashley se había quedado dormida sobre la colcha, vestida. Con mucho cuidado de no despertarla, Kevin le quitó los zapatos y la tapó, quedándose después admirando su hermoso rostro.
—Te quiero tanto... —susurró—. ¡Dios!, ¿por qué no puedo decírtelo cuando estás despierta? Anoche me dijiste que no confiaba en ti, pero no es así: no confío en mí mismo. Te mereces a alguien más comprensivo que yo, alguien menos posesivo. Me estaría bien merecido si te perdiera, pero no sé si sería capaz de seguir viviendo...
Le acarició suavemente la mejilla y salió de la habitación.
Una hora después, Ashley se despertó. La sorprendió verse tapada, pero se dijo que tal vez hubieran sido Miley o María. No importaba, no había tiempo, tenía que acabar con aquello.
Llamó por teléfono para reservar un billete en el vuelo de mediodía que salía del aeropuerto de Tisdaleville con destino Houston, y después pidió un taxi. Hizo a toda prisa una maleta con lo estrictamente imprescindible, y salió de su cuarto, bajando las escaleras sigilosamente.
Sin embargo, al llegar a la puerta, se encontró con María.
— ¡Señorita! —exclamó al verla con la maleta.
— Solo me voy fuera un par de días —mintió Ashley—. Miley sabe dónde estaré, pero no le digas nada a Kevin, María, prométemelo.
La pobre mujer no pudo hacer otra cosa que darle su palabra, y, consternada, la vio marcharse. Sin embargo, en cuanto se hubo ido, se le ocurrió una idea: le había prometido a Ashley que ella no se lo diría a Kevin, pero no que se lo diría a Miley.
Kevin se despertó zarandeado por alguien. Se habría dormido hacía apenas una hora y media... ¿Por qué tenían que despertarlo?
—Kevin... Kevin, despierta.
La voz de Miley lo sobresaltó y se incorporó de inmediato.
—¿Qué... qué pasa?
El rostro de Miley le dijo que algo no iba bien, y un horrible presagio lo asaltó.
—María me llamó para que viniera. Ashley le hizo prometer que no te diría nada y por eso me llamó a mí... —le explicó haciéndose un lío por los nervios—. Yo... no sé cómo decirte esto...
La mirada de él se ensombreció.
—Me ha dejado, ¿no es cierto, Miley?
Ella asintió con tristeza.
—Pero la pregunta es qué vas a hacer al respecto.
Kevin se había tapado la cara con las manos.
—Dejarla marchar —dijo al cabo de un minuto—. Ya le he hecho bastante daño.
— ¡Kevin, no! Va a tomar un vuelo a Houston, aún estás a tiempo... Nick está abajo en el coche esperándonos y...
—No sabes cómo la he tratado, Miley... Lo que le he hecho pasar, y todo por culpa de mis estúpidos celos, del miedo a perderla por otro... ¿Qué puedo ofrecerle yo?
—¿Por qué no tratas simplemente de decirle que la amas? Es lo único que ella quiere.
—Tal vez sea lo mejor que se vaya —farfulló poniéndose de pie y caminando arriba y abajo por la habitación—. Puede que encuentre a alguien mejor que yo y...
Así no llegarían a ningún sitio, se dijo Miley. En otras circunstancias se lo habría dicho con mayor delicadeza, pero no había tiempo:
—Ashley está embarazada —le soltó.
Kevin, que se iba a sentar en ese momento en una silla, no calculó bien por la repentina noticia y se cayó al suelo. Se agarró al borde de la cómoda para levantarse, tembloroso y con los ojos como platos.
—¿Embarazada? —repitió—. ¿Está embarazada y no me lo había dicho?
No hizo falta decirle nada más a Kevin. Se pusieron en camino de inmediato, y corrieron por todo el aeropuerto, pero cuando llegaron a las puertas de embarque, el vuelo hacia Houston ya había salido.

lunes, 8 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 9


Capitulo 9

Durante los días que Kevin estuvo fuera, el señor Efron tuvo dos pleitos por divorcio, otro por una disputa sobre unos terrenos, otro por un accidente de tráfico, y también tuvo que defender a un hombre acusado de asesinato, por lo que Vanessa y Ashley estuvieron más atareadas que nunca.
—Siento que tengas que hacer tantas horas extra esta semana —le dijo esa mañana Zac Efron a Ashley— pero andamos tan escasos de tiempo y hay tanto que preparar...
—No se preocupe —lo tranquilizó ella— Kevin está fuera de la ciudad, así que no pasa nada porque me quede unas horas más.
—Bueno, lo que él pierde yo lo gano —murmuró el abogado sonriendo—. Gracias, Ashley, no sé qué haría sin ti. Me voy corriendo al juzgado. Si alguien preguntara por mí después estaré en el Carson's Café almorzando, y volveré sobre la una.
—De acuerdo.
Al ir a salir, el señor Efron se chocó con Vanessa casi la hizo caer, pero la sostuvo a tiempo por la cintura mientras que ella apoyó las manos en su pecho para no perder el equilibrio. Se quedaron como paralizados un momento, mirándose embelesados el uno al otro. «¡Qué tierna escena!», pensó Ashley divertida.
—¿Estás bien, Nessa? —le preguntó él.
—Sí —balbució ella aturdida, sonrojándose y quedándose con los labios entreabiertos. Finalmente Zac Efron la soltó.
—Bueno, ten más cuidado, no quiero quedarme sin secretaria —le dijo suavemente con una sonrisa.
—Sí, señor —murmuró Vanessa dócilmente. Los ojos del señor Efron descendieron brevemente a los gruesos labios de ella antes de darse media vuelta y salir.
Ashley tuvo que reprimir una sonrisa: de llevarse como el perro y el gato habían pasado a mostrarse tímidos el uno con el otro, y Vanessa parecía iluminarse como un árbol de navidad cada vez que él aparecía.
— Yo, um... voy a pasar unas notas —balbució Vanessa.
Ashley sonrió.
— Pues yo iba a salir. ¿Quieres que te traiga algo de comer?
—Oh, sí, gracias. Una ensalada con atún y unas galletas saladas estaría bien. Gracias, Ash, mañana iré yo.
—Trato hecho. Bueno, volveré enseguida.
Tras pagar sus compras en el supermercado de la esquina, Ashley vio a Miley mirando unas tarjetas de felicitación junto a las cajas registradoras.
—¡Eh, hola!
— ¡Oh, hola, Ashley! —la saludó sonriente su cuñada—. Estaba buscando una tarjeta para el cumpleaños de Nick... Es ya la semana que viene.
—Oh, sí, no lo he olvidado. Sé que tenía que haberte llamado para hablar de los preparativos, pero he estado muy ocupada y... —murmuró sin poder evitar sonrojarse. La verdad era que la tarde que había querido llamarla, Justin se había puesto juguetón y no la había dejado.
—Las cosas os van bien, ¿eh? —adivinó Miley con una sonrisa picara al verla tan colorada—. Nick dice que Kevin se pasa todo el día en su despacho mirando una foto tuya y soñando despierto.
—¿En serio? —contestó Ashley riéndose encantada.
—Humm... la vida de recién casados es maravillosa —dijo Miley—. Me alegra que os vaya bien. De algún modo sabía que sería así. Estáis hechos el uno para el otro. Incluso Joe lo dijo aquel día en el baile, que erais como las dos mitades de un todo.
—Nick no sabe nada de la fiesta, ¿verdad? —le preguntó Ashley cambiando de. tema.
—Oh, no, no me lo sacaría ni a punta de pistola. Por cierto, Kevin me llamó anoche para decirme que había invitado a una persona que no está en la lista que hice. ¿No te ha comentado nada de eso a ti?
—Pues no —contestó Ashley frunciendo el entrecejo—. ¿De quién se tratará? Espero que no sea una de sus antiguas novias —murmuró celosa.
—No lo creo —la tranquilizó Miley—. Tendremos que esperar para averiguarlo —suspiró.
—Bueno, tengo que dejarte ya, he dejado sola a Vanessa. Espero que le encuentres una buena tarjeta — le dijo Ashley sonriendo. .
—Hasta luego.
Aquella noche, cuando Kevin la llamó desde Wyoming, Ashley pensó en preguntarle sobre ese invitado o invitada sorpresa, pero cuando él le dijo que no volvería hasta el lunes, se le fue por completo de la cabeza
—¡Oh, Kevin...! —gimió ella—. En fin, yo también estoy bastante fastidiada... El señor Efron está con pleitos toda la semana próxima, lo que significa que tendré que hacer un montón de horas extras — inspiró.
— Si me hicieras caso y dejarás ese trabajo... — murmuró Kevin. Ashley casi podía imaginarlo meneando la cabeza—. Bueno, tengo que dejarte, cariño, mañana he de levantarme temprano. Nos vemos el lunes por la noche, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Oye, si llegas a casa y no estoy, podrías venir a recogerme a la oficina.
—Muy bien. Buenas noches.
—Buenas noches, Kevin —musitó ella besando el auricular antes de colgar.
El fin de semana pasó lentamente, pero el lunes estaba tan atareada, que casi no tuvo tiempo ni de echar de menos a su marido. El teléfono no paraba de sonar, y Vanessa tuvo que ir corriendo dos veces a llevar unos papeles al señor Efron al juzgado.
Hacia el final de la jornada, Ashley estaba ya desesperada, preguntándose cuánto faltaría para poder irse a casa. El señor Efron entró en ese momento con unas cartas que quería que le pasara a máquina: Paginas y paginas...
Entretanto, Vanessa entraba y salía haciéndole recibos a su impaciente jefe, y Ashley se olía que iba a haber problemas cuando vio que en un momento dado Vanessa se mordió el labio inferior furiosa y lanzó una mirada furibunda hacia el despacho del señor Efron. Entonces, hacia las nueve, este fue a la mesa de la joven y le hizo un comentario sarcástico acerca de algo que había escrito incorrectamente. Vanessa explotó.
— ¡Es que usted quiere que haga milagros! — le espetó muy ofendida—. ¡Llevamos varios días haciendo horas extra, y todavía no hemos cenado! ¡Y casi he tenido que ponerme de rodillas para conseguir parte la información que me había pedido, y encima me grita! ¡Lo odio!
— ¡Eres una blandengue! —replicó él—. ¿Qué crees?, ¿que lo que haces es un trabajo muy duro?, yo te daría unos días del mío para que lo probaras...
Y con una sonrisa de autosuficiencia, se giró sobre los talones y volvió a su despacho.
—¿Qué se ha creído? —exclamó Vanessa. Lo siguió, y cerró la puerta del despacho con violencia.
Ashley oyó más gritos, y algo que caía al suelo pero de pronto se hizo un silencio muy sospechoso. Ashley sonrió. Bueno, parecía que al fin el amor lo había atrapado.
Sin embargo, al hombre que había fuera, en la calle, sentado en un Thunderbird negro, las dos siluetas amalgamadas en un ardiente beso que vio a través de las cortinillas del despacho del abogado no le parecieron las de Zac Efron y Vanessa Hudgens, sino las de Zac Efron y Ashley.
Por un momento fue como si se le parara el corazón. Había llegado al aeropuerto y se había dirigido directamente a la ciudad, ansioso por ver a su esposa y se encontraba con... aquello.
Le pareció que el dolor que lo atenazaba no remitiría nunca. Lo estaba matando verla en los brazos de aquel hombre... No, no podía ser cierto... ¿Cómo podía haberle hecho aquello? ¡Él había confiado en ella y había vuelto a apuñalarlo por la espalda!
Volvió a poner en marcha el coche y pisó el acelerador para alejarse de allí. ¿Cómo podía haberle hecho eso? Había sido un idiota. Ella lo había traicionado en el pasado, pero él lo había olvidado todo por sus huídas, sus besos y las noches de pasión. ¿Cómo pudo haber olvidado lo que le había hecho? Tal vez no se hubiera acostado con Rob Pattinson, pero aun así lo había traicionado, había roto su compromiso.
Llegó a casa sin siquiera saber cómo, con el corazón roto de dolor. ¿Cómo podía haberle hecho aquello?
Mientras Kevin se dirigía a casa, Ashley había recogido ya sus cosas para marcharse, dejando a los tortolitos a solas, y había llamado a casa para preguntarle a María si este había llegado, pero la mujer le había dicho que no, así que dejó una nota en la puerta de la oficina por si él pasaba por allí, tomó su coche y se fue.
¡Cuál sería su sorpresa al llegar y encontrarse con el Thunderbird allí aparcado! Corrió dentro ilusionada por abrazarlo. Kevin estaba en su estudio.
—¡Hola!—lo saludó alegremente. Los ojos negros del hombre que se volvió a mirarla no se parecían en nada a los del tierno amante que había salido para Wyoming el miércoles. Estaba fumando un cigarrillo, y por la mirada que le había dirigido, podría haber sido un extraño.
—Llegas tarde —le dijo.
—Yo... estamos muy atareados —balbució Ashley—. Bueno, te dije que tendría que hacer horas extra.
— Es cierto —asintió él dando una larga calada al cigarrillo—. Pareces preocupada. ¿Ocurre algo?
— Pensé que te alegrarías de verme —murmuró ella con una sonrisa insegura.
Kevin le sonrió también, pero no de un modo cordial. Estaba muriéndose por dentro, pero no iba a dejar que se diera cuenta del daño que le había hecho.
—¿Eso creías? —le espetó—. ¿Acaso crees que se me ha olvidado lo que me hiciste hace seis años. Siento decepcionarte si creías que había vuelto a caer bajo tu hechizo. Lo que te he dado estas últimas semanas no ha sido más que una pequeña revancha por la angustia que me provocaste en el pasado. ¿No esperarías que lo olvidara todo y construyera un futuro a tu lado como si nada? —se rio cruelmente—. Lo siento cariño, con una vez me bastó. Pero tampoco creas que seré incapaz de vivir sin ti. Eres como el vino: no necesito emborracharme, me conformo con una copa de vez en cuando.
Ashley no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Se había puesto lívida. Estaba embarazada de él, Kevin estaba diciéndola que no la quería a su lado.
— Yo creí... que habías comprendido que no me había acostado con Rob.
— Y es verdad —admitió él—, pero rompiste nuestro compromiso de todos modos, y me dijiste que no era lo suficientemente rico como para hacerte feliz— un brillo frío cruzó sus ojos — Ahora ha llegado la hora de mi venganza. Ahora yo soy el hombre rico, no te necesito. ¿Qué tal te sienta eso?
Ashley salió corriendo del estudio, llorosa, y fue a refugiarse en la habitación de invitados. Era como una horrible pesadilla. Quería despertar.
Pasaron varios minutos, durante los cuales ella espero que Kevin no hubiera dicho en serio lo que le había dicho. Se quedó escuchando, en silencio, aguardando que en cualquier momento entrara y le pidiera disculpas, pero no fue así.
Mucho más tarde escuchó los pasos de Kevin subiendo las escaleras, pero se dirigieron hacia su dormitorio, y oyó la puerta cerrarse con un golpe seco. Por más vueltas que le daba Ashley no lograba imaginar qué había hecho mal. Cuando Kevin se marchó a Wyoming todo iba como la seda entre ellos.
Pero esa noche la había mirado con desprecio, como si no le importara nada, y lo que le había dicho le había hecho añicos el corazón, entre lágrimas, con los ojos rojos e hinchados, se quedó finalmente dormida, preguntándose qué iba a hacer. Tendría que afrontar que definitivamente había perdido todo lo que amaba, incluido Kevin.
Al final del pasillo, el hombre que había regresado de Wyoming no podía pegar ojo. Echaba de menos la respiración acompasada de Ashley al dormir, y la calidez de su cuerpo en la oscuridad. Se sentía culpable de cómo le había hablado, y por haberla hecho llorar, pero él también estaba dolido. Había llegado a creer que Ashley lo amaba, cuando en realidad ella solo se había casado con él para tener un hogar y una cierta seguridad. Había vuelto a jugar con él, con un amante en la sombra, y el hecho de que fuera su atractivo jefe le sentaba aún peor. Ahora sabía por qué ella se había negado una y otra vez a dejar su trabajo, y por qué había defendido a Efron... Apenas podía soportar el dolor que sentía en el pecho, no sabía cómo iba a hacer para seguir viviendo con ella después de lo que había visto.
Por un instante consideró la posibilidad de ir a verla y pedirle explicaciones, pero, ¿de qué serviría? La había interrogado acerca de lo ocurrido en el pasado y le había mentido. ¡Qué desgraciada coincidencia que hubiera llegado antes de lo previsto a la ciudad y hubiera ido directamente a recogerla! Pero ya no podría volver a engañarlo. La había visto tal y como era.
Con un suspiro de frustración, cerró los ojos y se obligó a sacarla de su mente, y no fue casi hasta las cuatro de la madrugada que se quedó dormido.
A la mañana siguiente, cuando bajó las escalera lo hizo con una expresión bien estudiada, para que Ashley no pudiera entrever las emociones que lo sacudían. Ashley estaba ya levantada, y la encontró tomando café y mordisqueando sin ganas una tostada. Alzó la vista hacia él cuando lo oyó llegar, y él vio que tenía los ojos rojos e hinchados, y leyó la incertidumbre en su rostro.
—Kevin... Lo que dijiste anoche... no lo dijiste en serio, ¿verdad? — inquirió escrutándolo con sus ojos verdes.
Él pasó a su lado y se sentó a la cabecera de la mesa. Se sirvió un café antes de contestar.
—Lo decía muy en serio, cada palabra que dije —se sirvió bacon y huevos revueltos—. Sigue comiendo.
Ashley se estremeció y lo miró espantada.
Kevin le devolvió la mirada con los ojos entornados. Parecía cansada y estaba muy pálida.
—No tengo hambre —murmuró.
—Tú misma —dijo él como si no le importara.
En realidad él tampoco tenía el menor apetito, pero se forzó a comer para que ella no supiera que estaba destrozado. Sin embargo, al cabo de un rato, la mirada fija y horrorizada de Ashley empezó a hacerlo sentir incómodo.
—¿Qué clase de relación esperas que tengamos a partir de ahora? —le preguntó ella en un hilo de voz con la poca dignidad que le quedaba.
Kevin apartó su plato y tomó un sorbo de café.
— Seguirás viviendo en mi casa y te mantendré, pero dormiremos en habitaciones separadas y llevaremos vidas separadas.
Ashley cerró los ojos llena de angustia. «¿Y qué va ser del bebé que llevo dentro de mí?», quería preguntar, «¿qué hay de nuestro hijo?»
—Imagino que ya no te importará dormir sola... ahora que ya has satisfecho tu curiosidad — le espetó Kevin.
—No, no me importa —murmuró Ashley con voz ronca. Se levantó muy despacio—. Voy a llegar tarde si no me marcho ya.
—Sí, Dios no permita que llegues tarde al... trabajo —dijo Kevin con puro veneno en la voz.
Sin embargo, Ashley se sentía demasiado mal como para captar la indirecta, y salió por la puerta sin mirar atrás.
En el trabajo tuvo que ir al cuarto de baño en cuanto llegó por las fuertes náuseas, y vomitó lo poco que había desayunado. Se lavó la cara y se sentó frente a su mesa, tratando de tranquilizarse. Tenía que hacerlo por el bien del bebé, era lo único que le quedaba. Le sería muy difícil volver a acostumbrarse al Kevin frío y rencoroso. Era como haber visto un pedazo de cielo azul a través de las nubes y tener que hacerse otra vez a los días nublados. No estaba segura de poder soportar el seguir viviendo con él, pero, ¿dónde podría ir?
— ¿No te has olvidado del cumpleaños de Nick, verdad? —le preguntó Ashley a Kevin durante la cena el día anterior a la fiesta.
Kevin alzó la vista hacia ella, y no pudo evitar admitir que tenía muy mal aspecto. Sabía que era por la frialdad con que la estaba volviendo a tratar, pero no podía sacarse de encima el resentimiento por su traición
—No, no lo he olvidado le contestó — . No tienes buena cara
—Ha sido una semana muy larga —mintió ella —No tienes por qué preocuparte —le aseguró con una risa apagada—. Estoy bien. Tengo un techo bajo el que cobijarme, y comida en la mesa, y un trabajo. ¿Qué más puedo pedir? He conseguido todo lo que me prometiste cuando nos casamos. No tengo ninguna queja.
Soltó el tenedor, incapaz de permanecer más en la misma habitación que él, y se levantó, pero lo hizo demasiado rápido y le entraron mareos, haciéndola tambalearse ligeramente. Se agarró al respaldo de la silla rogando a Dios para que Justin no lo hubiese notado pero él estaba ya a su lado.
—¿Seguro que estás bien? —le preguntó. Se detestaba. ¿Cómo podía estar tratándola de aquel modo. Era increíble que tuviera que sentirse culpable cuando era ella quien lo había herido a él, pero no podía soportar verla así.
—Estoy perfectamente, ya te lo he dicho —murmuró Ashley. Y salió del comedor con la cabeza lo más alta que pudo.
La noche de la fiesta, Ashley se había echado a descansar un poco para que nadie notara demasiado su estado. Cuando se levantó, se puso un vestido que tenía de color esmeralda, se recogió el cabello y se maquilló lo mejor que pudo para disimular el cansancio de su rostro. Se preguntaba qué pensaría Nick cuando la viera aquella noche. Seguramente Miley le habría dicho lo feliz que la había encontrado aquel día en el supermercado, y le chocaría mucho verla en ese estado, y notaría también sin duda la tensión y frialdad de Kevin. Esperaba que no le dijera nada, no quería otra confrontación.
Se llevó una mano al vientre, preguntándose cuánto tiempo más debería esperar antes de ir a ver a un medico. No podría ser el doctor Sims, porque la comunidad de Tisdaleville era pequeña, y ella no quería que Kevin se enterase. Tal vez si fuera a Houston...
Escuchó música abajo. La orquesta que habían contratado ya había empezado a tocar. Se puso unas gotas de perfume y bajó las escaleras con cuidado, agarrándose a la barandilla. Se sentía temblorosa, no solo por el embarazo, sino también por toda la tensión de la semana, causada por la frialdad de Kevin.
En cuanto llegó al rellano inferior vio a Nick y Miley entre la gente. Estaban agarrados del brazo, y parecían tan felices que le entraron ganas de llorar.
Ashley no vio a Kevin hasta un momento después. Allí estaba, tan elegante... Ashley se preguntó si pretendía actuar delante de los invitados para que nadie se diese cuenta de que tenían problemas. No quería mirarlo a los ojos, no quería que se diese cuenta de la desesperación que reflejaban los suyos.
Se dio la vuelta y fue junto a María y López, que estaban al lado de la puerta, dando la bienvenida a las personas que iban llegando. Y entonces vio a alguien a quien no querría haber vuelto a ver en su vida. Ashley se quedó paralizada y sus ojos relampaguearon.
No podía creerlo, no podía creer la desfachatez que había tenido Kevin para invitar a esa sanguijuela. Era el cumpleaños de Nick, y sabía que estaría muy mal montar una escena, pero no pudo evitar que la sangre le hirviera mientras avanzaba hacia él, e ignorando a todos, agarró un jarrón y siguió caminando hacia él.
—Hola, Rob —lo saludó en un tono gélido—. Cuánto me alegro de verte.
Y sin pensarlo, levantó el jarrón con las dos manos, y lo lanzó a la cabeza de Rob Pattinson.

sábado, 6 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 8


oola!!
mill graxx por los commentss..
l@s kieroo♥


Capitulo 8

Ya había oscurecido cuando Kevin regresó a casa, cansado y de muy mal humor. Al pasar por el comedor, donde Ashley estaba cenando sola, le lanzó una mirada dura, y se dirigió a las escaleras sin siquiera decir hola.
Ashley suspiró y se preguntó si las cosas podían empeorar más. Al cabo de un rato, cuando ya había terminado de cenar, reapareció Kevin, recién duchado a juzgar por el cabello todavía húmedo, pero aún con una cara de siete metros. Se sentó a la cabecera de la mesa y empezó a servirse el estofado de ternera.
—Puedo decirle a María que te lo caliente un poco —le propuso Ashley.
— Si quiero que María haga algo, se lo diré yo mismo —replicó Kevin irritado.
Ashley dejó la servilleta sobre la mesa y se alisó la falda de su vestido rojo y blanco. Se lo había puesto al llegar a casa porque a Kevin le había parecido sexy, pero no parecía que aquella estratagema fuera a servirle de nada cuando él ni siquiera levantaba la vista del plato. Se quedó un buen rato observándolo en silencio sin saber cómo abordarle.
—Kevin —comenzó finalmente — si estás enfadado por lo de esta tarde... El señor Efron me dijo que quería cerrar una hora antes, y la nave le pillaba de camino.
Kevin alzó por primera vez la mirada hacia ella, sus ojos relampagueaban.
— Sabes perfectamente lo que pienso de tu maldito jefe
— Sí, lo sé —asintió ella molesta por su cabezonería—, pero no pensé que te molestaría que me llevara a la nave. Se comporta muy correctamente cuando está conmigo. Te lo he dicho un millón de veces.
— Podrías haberme llamado —replicó él—. Habría ido a recogerte.
— Llamé a la nave y me dijeron que habías salido— murmuró apartando el plato del postre a un lado—, más, no estaba segura de si querrías venir a recogerme después de cómo te marchaste al dejarme en el trabajo por la mañana, sin siquiera decir adiós.
Kevin soltó el tenedor:
—Efron estaba esperándote, paseándose impaciente arriba y abajo —le espetó en un tono gélido— Un poco más y te saca del coche en volandas para llevarte dentro. Te juro que estuve a punto de partirle la cara. No me gusta que te toquen otros hombres.
Aunque lo normal hubiera sido que la posesividad de Kevin molestara a Ashley, estaba tan ansiosa porque él diera una señal de que sentía algo por ella, con tan vehemente declaración de celos, se quedó mirándolo emocionada. Suspiró aliviada y le sonrió.
—Me alegro.
—¿De qué? —inquirió él frunciendo el ceño.
—De que no quieras que me toquen otros hombres... porque a mí tampoco me gusta que te toquen otras mujeres.
Kevin enrojeció ligeramente.
—No estábamos hablando de eso —murmuró incómodo.
Ashley sonrió divertida.
—Nick me ha dicho que lo sacaste de una reunión para que me trajera a casa.
—Es que estaba enojado —farfulló Kevin frotándose la nuca.
Ashley habría querido probar lo que le había dicho Nick de incitar un poco a Kevin para quitarle el mal humor, y había pasado un buen rato ideando maneras de llevarlo a cabo, pero lo cierto era que resultaba más fácil pensarlo que hacerlo.
—Me ha llegado por correo una película que había pedido —dijo Kevin de repente en un tono despreocupado, como si quisiera hacer las paces. Parecía que después de todo había comprendido que su enfado no tenía fundamento—. Es una película de guerra en blanco y negro de los años cuarenta. Podrías verla conmigo... si quieres —murmuró esperando que su voz no delatara cuánto le gustaría que ella aceptara.
—Me encantaría —sonrió Ashley—, me gustan las películas de guerra antiguas.
—¿De veras? —inquirió Kevin emocionado—. ¿Y las de ciencia ficción?
La mirada de Ashley se iluminó al ver que la tensión desaparecía.
—Oh, sí, también.
—Pues tengo toda una colección —se rio Kevin.
Minutos después estaban los dos sentados frente al televisor en el salón. A medida que avanzaba la película, Ashley se encontró cada vez sentada más cerca de Kevin. Quería poner su mano sobre la de él, pero se detuvo.
Kevin giró la cabeza con una media sonrisa.
— Ashley, no tienes que pedirme permiso para tocarme — le dijo suavemente.
Sonrió con timidez, pero entrelazó finalmente los dedos con los de él, y volvieron a centrar su atención en la pantalla. Sin embargo, Ashley no se estaba enterando de nada de lo que ocurría en la película, porque Kevin había empezado a hacerle pequeñas caricias en el dorso de la mano con el pulgar y se notaba temblorosa. Entreabrió los labios excitada al recordar una vez que habían estado juntos en el sofá... y habían hecho. Recordaba vívidamente la agradable frescura del cuero bajo su espalda, y el peso del cuerpo de Justin encima de ella. Sus mejillas se encendieron al instante.
—¿Te gustan las películas de misterio? — murmuró con la boca seca por decir algo.
—Claro —respondió Kevin—, tengo unas cuantas de Hitchcock, y también tengo Arsénico por compasión, con Cary Grant.
—¡Oh, me encanta esa! —Exclamó Ashley—. Me reí muchísimo cuando la vi por primera vez.
Kevin se quedó un momento observándola, admirando lo preciosa que estaba con aquel vestido blanco y rojo.
—Siempre hemos tenido muchos gustos en común murmuró—. ¿Sigues tocando la guitarra?
— La verdad es que hace mucho que no — contestó ella— Podríamos volver a tocar juntos algún día — propuso con voz queda.
—Estaría bien —asintió Kevin sonriendo.
Ashley sonrió también. Se quedaron mirándose a los ojos largo rato, y pronto a ambos les pareció que las voces y disparos del televisor les llegaban de muy lejos. Ashley se acurrucó junto a él y apoyó la cara en el hueco de su cuello.
—Hueles a gardenia —murmuró Kevin—. El olor que siempre me ha recordado a ti.
—Es el perfume que uso.
Kevin le soltó la mano para alzar a Ashley y colocarla en su regazo, con la cabeza apoyada en su pecho
—Si quieres podemos ver otra cosa —le susurró sabiendo que ninguno de los dos estaba prestando atención a la película.
—No, esto está bien —le aseguró ella.
Kevin le acariciaba el cabello a la vez que sostenía la pequeña mano de ella contra su tórax, haciendo como que le interesaba mucho la película. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a dejarse engañar, y decidió incitarlo un poco, como le había dicho Nick. Comenzó a trazar arabescos en la camisa de Kevin, y pronto este sintió que el deseo se apoderaba de él. Bajó los ojos buscando los de ella, y al ver reflejado en ellos la misma ansia que él sentía, abandonó todo fingimiento. Sin prisas, desabrochó uno a uno los botones de su camisa, y tomó la mano de Ashley colocándola de nuevo sobre su torso desnudo para que lo acariciara. Mientras ella lo complacía, Kevin, imprimió suaves besos en la frente de ella, en los párpados, la nariz, las mejillas, la barbilla y la garganta.
Ashley notó que su respiración se volvía más y más entrecortada cuando él la atrajo hacia sí y tomó sus labios. El contacto produjo el mismo efecto que una explosión dentro de ella, y gimió encantada al sentir que Kevin hacía el beso más íntimo, a la vez que deslizaba los dedos entre sus cabellos.
Los latidos de su corazón se habían descontrolado hacía rato, y sin comprender qué la movió a hacer aquello, le clavó las uñas en el pecho a Kevin.
— Perdón —musitó al oírlo gemir.
Kevin sacudió la cabeza y volvió a besarla mordiéndole ligeramente el labio inferior.
— Me ha gustado —le susurró—. Bésame sin miedo, Ashley —la instó.
Y ella, olvidándose de todas sus inhibiciones, puso las manos a ambos lados de la cabeza de Kevin y le dio un beso largo y húmedo.
Entre los suspiros de ambos, y los ruidos de batalla fondo, que ninguno de ellos oían ya, Kevin comenzó a bajar la cremallera del vestido de ella, para desabrochar a continuación el cierre del sostén y quitárselo, Ashley gimió extasiada al sentir la piel desnuda de Kevin contra sus senos. Era delicioso estar de piel contra piel, como aquella otra noche, solo en ese momento, sus miedos habían disminuido y sabía que lo que kevin le hiciera no iba a doler, porque sabía que iba a ser cuidadoso y paciente, noto cómo sus fuertes manos deslizaban el vestido allá de sus caderas, acariciándole los muslos temblorosos.
—Tranquila —le susurró Kevin sonriendo—, no voy a apresurarme, y en cualquier momento podemos parar si tú quieres —le aseguró.
Ashley volvió a relajarse poco a poco, dejando que sus manos recorrieran a placer la espalda de Kevin. Era glorioso poder tocarlo así, con tanta libertad, aprender cada secreto de su cuerpo.
—¡Oh, Kevin! —Murmuró con voz ronca—. ¡Esto es tan dulce...!
El agachó la cabeza para devorar otra vez sus labios hinchados, y deslizó las manos por sus costados, quitándole la última prenda. Le encantaba cómo se erizaba la piel bajo sus manos, y su tacto era suave como el satén
La deseaba de tal modo que no estaba seguro de poder parar, pero a juzgar por el modo vehemente que respondía a sus besos y caricias, ella no parecía demasiado preocupada en esa ocasión. Se quitó el resto de la ropa mientras seguía besándola. Ashley se estremeció al sentirlo completamente desnudo, pero lo notó y fue un poco más despacio, excitándola otra vez con exquisita paciencia hasta que vio que la pasión sacudía su esbelto cuerpo.
—Ahora... —le susurró Kevin al ver que gemía desesperada por que le diera lo que ansiaba. Kevin se posicionó, y la tomó por la barbilla para alzarle el rostro—. —No apartes la cara, Ashley, necesito verte para asegurarme de que todo va bien.
Ella se sonrojó, pero no dejó de mirarlo, ni siquiera cuando empezó a tomar posesión de ella.
Kevin entreabrió los labios extasiado. Aquella era la experiencia más intensa que había tenido en su vida. Después de tantos años, de tanto soñarla... iba a ocurrir. Era suya, ya no había más barreras, y sintió que lo aceptaba plenamente dentro de sí.
Ashley se puso un poco tensa ante aquella invasión que era nueva para ella, ante lo íntimo que resultaba, y Kevin se detuvo.
—Está bien —le susurró tiernamente, besándola para que se fuera haciendo a ello poco a poco—. Eso es, así... —se rio ante la facilidad con que se iba hundiendo en ella, y ante la exquisita sensación de ser uno solo—. ¡Oh, Ashley!
Ella estaba roja como la grana, pero no apartó la cara. La expresión de Kevin era victoriosa, y los ojos le brillaban como nunca antes lo habían hecho.
—Sigue, Kevin —murmuró Ashley contra sus labios. Gimió maravillada al sentirlo moverse dentro de ella—. No pares...
Las palabras de Ashley acabaron con el control de Kevin. No podía creer lo que estaba sintiendo, era como cabalgar sobre una enorme ola. Ashley también estaba sorprendida de sí misma, porque sentía que debería estar al menos un poco asustada pero los movimientos de Kevin estaban creando una tensión deliciosa que iba en crescendo, haciéndola olvidarse de todo lo demás. El éxtasis parecía estar al límite de su mano, y Ashley sintió que llegaba a él cuando Kevin la tomó por las caderas y tiró de ellas hacia sí.
Ashley notó como si los cimientos del mundo se tambalearan debajo de ellos, y gritó su nombre una y otra y otra...
Kevin se rio y le sembró un reguero de besos en las sienes, en las mejillas, en los labios... besos tiernos y reconfortantes.
Ashley abrió los ojos, registrando los últimos acordes de un placer como nunca había soñado que pudiera existir. Alzó la mirada hacia Kevin, maravillándose de lo transformado que estaba: parecía años más joven, tenía el cabello húmedo, el rostro empapado en sudor, los ojos brillantes...
—¿Kevin? —murmuró desorientada.
— ¿Estás bien, mi vida? —le preguntó él—. ¿Te he hecho daño?
— No —lo tranquilizó ella sonrojándose y bajando la vista hacia la vena palpitante de su garganta.
— Mírame, cobardita — se rio Kevin. Ashley se obligó a alzar la cabeza, y Kevin aprovechó el momento para besarla otra vez.
— Yo nunca... nunca imaginé que esto pudiera ser din... —balbució ella hundiendo el rostro en el hombro de él.
Kevin la abrazó como si no quisiera dejarla ir jamás.
—¿Has dormido bien?
—Creo que todavía estoy dormida —murmuró ella en sus labios—. Tengo miedo de haberlo soñado y no quiero despertar.
— No fue un sueño —le confirmó Kevin—. ¿Te hice mucho daño?
— Oh, no... —se apresuró a responder ella—, no, en absoluto.
kevin la miró con adoración.
— A partir de hoy dormirás en mi dormitorio... en nuestro dormitorio. No más muros, ni más mirar atrás. Nuestra vida vuelve a empezar aquí, ahora, juntos.
—Sí —asintió ella con el corazón en la mirada— No vayas a trabajar, Kevin...
— Me temo que tengo que hacerlo —repuso él—. Y tú también tienes que ir —añadió frunciendo el ceño ante la idea—, pero no más paseos en coche con el jefe, ¿entendido?
—Te llamaré para que vengas a recogerme, te lo prometo —dijo ella besándolo en la mejilla—. Pero no puede ser que estés celoso después de esta noche.
— No te engañes —murmuró Kevin pasando la palma de la mano por uno de sus senos—. Ahora que hemos hecho el amor, seré diez veces más posesivo. Eres solo mía.
— Siempre lo he sido, Kevin —le aseguró ella quedamente.
Lo miró preocupada. ¿Ni siquiera entonces tras una noche de pasión y entrega había recobrado su confianza? ¿Qué más pruebas necesitaba de su amor? Kevin recorrió su esbelto cuerpo con la mirada, devorándolo.
— Eres exquisita —susurró—, toda tú. Nunca en la vida había sentido nada tan profundo como lo que he sentido esta noche. Me sentía... completo.
El corazón de Ashley dio un brinco, porque así era exactamente como ella se había sentido, pero mientras que ella lo amaba, él únicamente sentía deseo, pensó apesadumbrada.
—Yo he sentido lo mismo —le confesó.
—Sí, pero tú eras virgen, cariño —murmuró él divertido—, y yo no.
—Eso era bastante obvio —dijo ella un poco irritada, recordando su maestría y preguntándose con cuantas mujeres habría hecho lo mismo.
Kevin, en vez de molestarse, se sintió orgulloso que ella estuviera celosa.
— De eso hace ya mucho tiempo, y en los últimos seis años no he besado siquiera a otra mujer. No tienes motivos para estar celosa.
—Lo siento —murmuró Ashley abrazándolo apoyando la cabeza contra su tórax.
—No tienes por qué disculparte —repuso él besándola en la frente con ternura—. Tengo que ir al trabajo. Preferiría no tener que hacerlo, pero Nick está fuera y alguien tiene que ocuparse de todo.
—¿Me dejarás en la oficina? —inquirió Ashley.
—Claro. ¿Qué te apetece para desayunar?
Ella alzó la vista hacia él con la respuesta escrita en sus ojos brillantes. Kevin se rio y se bajó de la cama, observando como ella se estiraba sobre el colchón mimosa, tratando de conseguir que volviera a la cama.
— Oh, no, ahora no, Ashley... —murmuró Kevin—. Vamos, vístete antes de que mi estoico control se desvanezca.
—Aguafiestas —le espetó ella con un mohín.
—No quiero pasarme —le dijo él poniéndose serio de repente—. Hasta anoche eras virgen, y no quiero hacerte daño.
Los ojos de Ashley lo miraron enternecidos mientras meneaba la cabeza.
—Y pensar que te tenía miedo!
—Era comprensible —respondió él—, pero ya no tienes por qué temerme... nunca más —Kevin se estiró un gran bostezo—. Bueno, entonces, ¿qué te apetece para desayunar?
Era increíble como una noche podía haber cambiado tanto las cosas. Finalmente parecía que iba camino a lograr tener una relación sólida y duradera, y los días que siguieron lo pusieron de relieve. Ashley podía dejar de pensar en Kevin cuando estaba en la oficina, y cuando llegaban a casa no había más discusiones, ni más barreras. Kevin la besaba a cada momento, y cada noche hacían el amor y dormían el uno en los brazos del otro. Era como haber subido al cielo, se decía Ashley, como estar soñando despierta. Pasaban juntos todo su tiempo libre: montando a caballo, tocando la guitarra, viendo películas de video... Era un buen comienzo, y a Ashley le parecía que lo que tenían era casi perfecto.
Sin embargo, aunque había habido entre ellos acercamiento físico, y aunque pasaban más tiempo juntos, Ashley podía notar que todavía había una distancia emocional. Kevin no parecía corresponder al amor que ella sentía por él. Hasta la fecha no le había dicho que la quería, ni siquiera cuando estaban a solas. Tampoco hablaba del pasado ni del futuro. Era como si quisiera vivir únicamente el presente, sin preocuparse por el mañana.
En el bufete, Zac Efron había conseguido que Vanesa volviera, y las cosas iban mejor entre ellos: no hacían más que lanzarse miraditas, y Ashley sospechaba que el día menos pensado estallaría el amor.
Había otra novedad. Ashley aún no le había dicho nada a Kevin, pero estaba casi segura de que estaba embarazada. La posibilidad de que fuera así la había, puesto contentísima. Tener un hijo con Kevin la haría completamente feliz. Él le había dicho que también quería tener una familia, así que tal vez cuando naciera el bebé, empezara a quererla a ella también.
Aquella tarde, estaba echada en el sofá cuando entro Kevin con un aire preocupado.
—¿Ocurre algo? —le preguntó Ashley incorporándose.
— Tengo que ir a Wyoming. Me han pedido que actúe como testigo en el juicio de Quinn Sutton, un amigo al que han demandado —le explicó él con un suspiro—. No me apetece nada ir, pero es un buen tipo y sé que haría lo mismo por mí. Es un feo asunto. Se sentó junto a ella, atrayéndola hacia sí. y le explicó que lo habían acusado de vender carne de vaca en mal estado a una envasadora.
—¿Y estás seguro de que no lo hizo? —inquirió ella.
Kevin asintió y la besó en la frente.
—Te llevaría conmigo —le dijo—, pero Sutton no se lleva demasiado bien con las mujeres. Su mujer los abandonó a él y a su hijo y se fue con otro hombre. No sé qué será del chico si meten a su padre en la cárcel —dijo meneando la cabeza.
—Espero que se solucione todo —murmuró ella—. Te echaré de menos.
Kevin la abrazó.
—No más de lo que yo te echaré de menos a ti, cariño. Pero te llamaré cada noche, y tal vez el juicio acabe antes de lo previsto — y volvió a besarla—. No se te ocurra correr con el coche mientras estoy fuera —le advirtió levantando el índice.
Ashley se rio. Difícilmente podría correr con el pequeño utilitario que Kevin le había comprado.
— No lo haré —le aseguró.
Sin embargo, la mirada seria no se borró del rostro de Kevin.
— Kevin, ¿hay algo más que te preocupe?
— No, yo... Ashley, ¿no estás cansándote de estar casada conmigo, verdad? Ashley lo miró boquiabierta.
—¿Qué?
—Yo no puedo darte todo lo que tenías con tu padre, y...
Ashley lo tomó por las mejillas para que la mirara.
—Kevin, tú eres todo lo que quiero. — Y lo besó apasionadamente para demostrárselo con hechos.
—¿Cuándo tienes que marcharte? —le preguntó al despegar sus labios de los de él.
— Mañana.
—¿Tan pronto?
Kevin la atrajo hacia sí.
— Pero tenemos toda la noche por delante... — suspiro antes de besarla de nuevo—.
—¡Dios, te deseo tanto¡ ¡ Ashley, no puedo dejar de pensar en ti...!
Ashley quería decirle que lo amaba, y revelarle la noticia que ya se había confirmado, pero no pudo, ya que, él continuó besándola casi sin pausa y la alzó volandas para llevarla arriba. Y, como siempre, la chispa del deseo apartó de su mente todo pensamiento. A la mañana siguiente, cuando se despertó, Kevin se había marchado ya, y ella solo recordaba vagamente un suave beso cuando estaba adormilada y como le había susurrado un «adiós»

jueves, 4 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 7 MM 5/5


Capitulo 7

Kevin apenas podía creérselo cuando se despertó a la mañana siguiente y vio a Ashley a su lado en la cama. Estaba ya tan acostumbrado a que los sueños con ella terminasen al amanecer... Pero allí estaba, dormida, con la larga cabellera de rubia desperdigada sobre la almohada, sus finos rasgos álficos, y los labios entreabiertos, tan dulces y tentadores.
Se quedó largo rato allí echado junto a ella, observándola. Se había sentido muy solo sin ella... y únicamente en ese momento se daba cuenta de hasta qué punto la había echado de menos. Durante el tiempo que estuvieron saliendo, le gustaba imaginarse así en la cama con Ashley, viéndola dormir plácidamente. Ella no podía imaginar cuánto significaba para él, ni que la noche anterior había sido para él una tremenda revelación, la culminación de las esperanzas que tanto tiempo había estado abrigando, aun cuando no habían acabado lo que empezaron. Además, el haber descubierto que era virgen, lo había sorprendido y llenado, nunca lo había engañado, ni con Rob Pattinson ni con nadie.
Se inclinó para besarla suavemente en los labios, y Ashley parpadeó y abrió los ojos, guiñándolos por la del sol. Bostezó ligeramente y le sonrió.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió él besándola de nuevo-¿Has dormido bien?
—No había dormido mejor en toda mi vida. ¿Y tú?
—Yo tampoco —le dijo Kevin tapándola con la sábana —. Quédate en la cama y descansa. No tienes que levantarte aún.
—¿Te vas a la nave tan temprano? —inquirió ella adormilada, echando un vistazo al reloj.
—Tengo que tomar un vuelo a Dallas, cariño —le explicó él levantándose—. He quedado con un nuevo cliente, pero estaré de vuelta por la noche.
—Pues yo no tengo que estar en el bufete hasta las nueve —le dijo ella con una sonrisa ufana.
—Pues yo preferiría que no tuvieras que ir en absoluto —repuso él frunciendo el ceño.
—Kevin, me gusta mi trabajo —protestó ella con un mohín.
—Sí, pero a mí no me gusta nada Zac Efron— murmuró Kevin.
—Puede que sea un donjuán, pero conmigo se porta siempre muy correctamente —le aseguró Ashley—. Además, es un buen hombre, de verdad.
Kevin se dio la vuelta, no quería que leyese en su rostro lo celoso que estaba de su atractivo jefe.
—Bueno, voy a darme una ducha.
Ashley se quedó mirándolo mientras buscaba ropa interior en uno de los cajones del armario y se dirigía hacia el cuarto de baño, devorando su torso desnudo con los ojos. Lo ocurrido la noche anterior le parecía en ese momento tan irreal... Se sonrojó al recordar pero Kevin no lo vio porque había entrado ya al aseo.
Volvió a quedarse dormida y, cuando se despertó él estaba ya vestido con un traje gris claro que marcaba cada músculo de su cuerpo, y se encontraba en ese instante anudándose la corbata frente al espejo.
Mientras lo miraba, volvió a recordar todo lo que habían hecho la noche anterior y volvió a ruborizarse.
—Caray, menudo sonrojo... —murmuró Kevin divertido. Adoraba esas reacciones de ella—. Apuesto que si me pongo ahora a rememorar la noche anterior te esconderías debajo de la cama.
—Y no perderías la apuesta, te lo aseguro —respondió ella riéndose—. ¡Oh, Kevin! —susurró sonrojándose aún más por los recuerdos y tapándose el rostro con las manos.
Justin se sentó a su lado en la cama y la abrazó. Ashley, con la cabeza apoyada en su pecho, inspiró profundamente, inhalando su colonia.
—¿Seguro que quieres ir a trabajar? —le preguntó Kevin, tomándola de la barbilla para que lo mirara a los ojos—. El médico dijo que tal vez te convendría hacer reposo.
—Estoy bien. Me llevé un buen susto, pero después de haber descansado parece que los dolores han desaparecido.
—Yo también me llevé un buen susto —murmuró Kevin—, gracias a ti tengo cinco canas más esta mañana.
Ashley alzó la mano para peinar con los dedos sus cabellos, hundiéndolos entre los mechones sobre la frente, donde las primeras canas empezaban a asomar en la mata de pelo negro.
—Ashley... —dijo Kevin de repente. Ella advirtió de inmediato que la calma en su voz era engañosa—, Por qué me mentiste acerca de Pattinson? ¿No te habría bastado con romper nuestro compromiso sin tener que herir también mi orgullo?
Ahí estaba de nuevo, pensó Ashley, el resentimiento volvía a aparecer. ¿Acaso no iba a perdonarle jamás por lo ocurrido, ni siquiera tras comprobar por sí mismo que no lo había traicionado? De repente empezó a preguntarse si tal vez él solo la deseaba físicamente, y si no podría haber nunca nada más que eso. Ella quería que la amara, la pasión no era suficiente. La tristeza hizo que se le humedecieron los ojos. La dicha que la había inundado la noche anterior estaba derrumbándose como un castillo de naipes. Cerró los ojos y exhaló un suspiro de hastío y frustración.
—Ya te lo dije anoche, fue idea de mi padre.
—Eso no me cuadra, Ashley. Él me apreciaba... Me ayudó muchísimo. Incluso lloraba la noche que vino a verme con Pattinson... Ashley lo miró a los ojos.
—Todo esto se reduce a una cuestión de confianza, Kevin, y sé que tú sigues sin confiar en mí. Tampoco es del todo culpa tuya —se apresuró a añadir—, porque yo empeoré las cosas al mentirte, pero si pudieras al menos darme un voto de confianza...
La mandíbula de Kevin se puso tensa.
— No puedo —murmuró. La soltó y se puso de pie—. Yo aún te deseo, y tú lo sabes, pero no puedo volver a abrirte mi corazón. Quien ha traicionado una vez puede volver a hacerlo.
—Yo no te traicioné, tú mismo has comprobado que todavía soy virgen —le recordó ella incómoda.
—No me refería a eso: me mentiste, me dejaste tirado —inspiró profundamente y sacó un paquete de cigarrillos de la chaqueta—. Ni siquiera ahora puedo estar seguro de que no vayas a dejarme tirado de nuevo por tu jefe. Está claro que él no necesitaría que alentaras demasiado para lanzarse, y además no es nada feo, ¿no es cierto?
—Tú no eres feo.
— ¡Qué curioso que te hayas dado cuenta tan rápido de que estaba hablando de mí...! —le espetó él enfadado—. No te metas en problemas mientras estoy fuera —le dijo lanzándole las llaves del Thunderbird— ten cuidado con mi coche.
—No tocaré tu preciado coche si no quieres— murmuró Ashley airada—. Tomaré un taxi para que todo el mundo en Tisdaleville murmure.
Se quedaron un buen rato desafiándose el uno al otro con la mirada, pero de pronto Ashley observó que las comisuras de los labios de Justin se arqueaban ligeramente, para dar paso a una sonrisa lobuna, y a continuación estalló en carcajadas.
—Bruja —masculló divertido.
—Salvaje —le espetó ella.
Kevin avanzó hacia la cama como un animal de presa. Ashley había echado a un lado las sábanas, y trató de rodar hacia el otro lado de la cama, pero él fue más rápido, y en un instante la tuvo atrapada bajo su fuerte cuerpo, sin poder escapar. Ella se revolvió entre risas.
—Eso es, lucha —la animó Kevin divertido, pero la rodilla de ella lo rozó en la entrepierna y dejó escapar un gemido ahogado—. Dios, Ashley...
Ella se quedó quieta, roja como una amapola.
—Bueno, tampoco es para ponerse así —la picó Kevin—. Anoche ya viste como me excitabas, y eso que ahora no estamos piel contra piel...
— ¡Kevin, para ya! —volvió a reírse Ashley, ocultando el rostro en el hueco de su cuello.
—Eres como una chiquilla —murmuró él con ternura y rodó de modo que ella quedó encima de él—. Mejor así? —le preguntó. Para él desde luego era mejor, ya que le ofrecía una buena vista del escote de la pijama.
—Eres un hombre horrible —bromeó Ashley haciendo pucheros.
—Lo soy —asintió él. Tomó un mechón entre sus dedos y la hizo agachar la cabeza tirando suavemente
— Bésame.
—Te arrugaré el traje...
—Me da igual, tengo docenas de trajes más planchados en el armario, pero ahora quiero que me beses, y ya, porque tengo que tomar ese avión.
Ashley claudicó divertida, y la discusión que habían tenido hacía un momento quedó olvidada en cuanto sus labios se fundieron con los de él. Kevin deslizó una mano entre sus cabellos, y la tomó por la nuca para acercarla aún más mientras hacia el beso más profundo.
— Después de que te hagas la operación tendremos que esperar al menos un par de días antes de retomar lo que empezamos anoche, así que no vayas a darle vueltas y a ponerte nerviosa, ¿de acuerdo? —le dijo Kevin mirándola a los ojos—. No te presionaré, será como tú quieras que sea.
Ashley lo besó primero en un párpado y luego en el otro con adoración. Quería susurrarle que lo amaba más que a su propia vida, que todo lo que había hecho lo había hecho solo para protegerlo, pero sabía que él aún no había recobrado la confianza en ella. Tendría que ir poco a poco.
—¿Me creerías si te dijera que ya no te tengo miedo? —murmuró.
—Cariño, ¿cómo no voy a creerte en la postura en que estamos?
—¿Qué pos...? Kevin!
Él se rio y volvió a hacerlos rodar sobre el colchón quedando de nuevo sobre ella.
—En «esta» postura... —le dijo besándola sensualmente—. Bésame para que pueda marcharme.
—Ya lo he hecho... varias veces —le susurró Ashley subrayando cada palabra con un beso.
—Pues hazlo unas cuantas más, hasta que sienta que mis piernas pueden sostenerme de nuevo.
Ashley se rio, y tras rodearle el cuello con los brazos le mordió el labio inferior con dulzura.
—Ahora eres mío —le dijo mirándolo a los ojos—, así que ni se te ocurra ir por ahí flirteando con otras.
Kevin sonrió encantado ante aquel arranque de posesividad. Volvió a tomarla por la nuca, y le dio un beso largo y profundo, teniendo que obligarse a ponerse en pie para poder parar.
—Será mejor que me marche antes de que se funda la última de mis neuronas —bromeó sin poder apartar la vista de ella. Ashley rehuyó vergonzosa su mirada—. Me habrías dejado seguir adelante, ¿verdad? —le preguntó de repente en voz queda—. Aun sabiendo lo mucho que te habría dolido... no me habrías detenido.
—Quería que supieras la verdad —murmuró ella.
—Fuiste muy valiente —añadió Kevin mirándola con admiración. Se quedó un momento en silencio, como si no quisiera dejarla, pero tras echar un vistazo a su reloj de pulsera, suspiró y le dijo—. Tengo que irme ya.
Ashley se incorporó mientras él se dirigía a la puerta.
—Que tengas un buen viaje.
Kevin no dijo adiós, sino que tras volverse una última vez a mirarla, salió y cerró la puerta tras de sí. «Ojalá pudiera leerle la mente», se dijo Ashley. ¿De otro modo podría averiguar lo que sentía por ella? se preguntaba si él siquiera lo sabría.
El día fue realmente agotador para Ashley. Después de tener que aguantar toda la mañana y parte de la tarde al señor Efron chillando a Nessa por una cosa o por otra, a última hora fue a la consulta del doctor Sims, quien le había dado cita para terminar de realizarle la intervención.
Llegó a casa cansada, pero después de tomarse una buena taza de café y la deliciosa cena que le había preparado María, se sintió mejor.
Estuvo viendo un rato la televisión, esperando a Kevin, pero la había llamado para decirle que el vuelo se había retrasado, y pronto empezaron a cerrársele los ojos, así que decidió subir a acostarse. Al pasar por delante del dormitorio de Kevin se quedó dudando un momento, sin saber qué hacer, pero le pareció que tal vez él se molestaría si la encontraba allí sin su permiso.
Se fue pues a la habitación de invitados, y apenas se hubo metido en la cama se quedó dormida.
No oyó llegar el taxi de Kevin, ni abrirse la puerta, ni cómo sus pasos se dirigieron esperanzados a su dormitorio, para maldecir entre dientes al encontrar la cama vacía, ni tampoco lo vio observarla en silencio con el ceño fruncido cuando fue a la habitación de invitados y la halló allí dormida.
Kevin cerró la puerta tras de sí, ceñudo, y se fue a su cuarto. Había pensado que ella lo estaría esperando despierta, o al menos que se habría ido a dormir a su cama.
Ashley pasó la noche ignorante de su enfado, y al levantarse por la mañana bajó las escaleras deseosa de ver a Kevin, pero cuando entró en el comedor, él le lanzó una mirada furibunda.
Ashley se detuvo en la puerta sin saber corno actuar.
—Buenos días —balbució.
—No son precisamente buenos.
Ashley enarcó las cejas y se acercó a él. Kevin apartó la vista de ella y alzó la taza para tomar un sorbo de café.
—Le diré a López que te lleve al trabajo —le dijo—, ¿Te importaría devolverme las llaves de mi coche?
Ashley las sacó del bolsillo de su falda y las puso sobre la mesa, pero antes de que pudiera retirar la mano, Kevin la retuvo con la suya.
—¿Por qué volviste a la habitación de invitados anoche? —la interrogó. Sus ojos negros parecían lanzar llamaradas.
¡De modo que se trataba de eso!, pensó Ashley suspirando aliviada.
—No sabía si querrías que durmiera contigo otra vez —le dijo con una sonrisa tímida— Cuando te fuiste no me dijiste adiós y... bueno, no quería molestarte —confesó encogiéndose de hombros.
—Dios mío, Ashley, estamos casados... —murmuró él—. No me molestas.
Ashley bajó la vista a la fuerte mano que aferraba la suya, y su calidez la hizo estremecer por dentro.
—Es que... desde que nos casamos siempre te has comportado de un modo muy distante.
—¿Y no sabes todavía el porqué? —le preguntó él con suavidad.
Ella lo miró a los ojos y asintió lentamente.
—Porque me... ¿porque me deseas?
—En parte es por eso —asintió Kevin sin querer entrar en más detalles—. ¿Fuiste a ver al doctor Sims?
El sonrojo de Ashley le dio la respuesta antes de ella asintiera con la cabeza. Kevin retiró la silla junto a la suya para que se sentara.
—Te llevaré yo mismo a la oficina —le dijo acercándole un plato de huevos revueltos. Ashley sonrió con la cabeza agachada.
Cuando llegaron a la ciudad, Kevin estaba ya más calmado, pero no le duró mucho, porque en cuanto aparcó junto al bufete, vio a Zac Efron en la acera, mirando en derredor con los brazos en jarras, como si estuviera esperando impaciente la llegada de Ashley, pensó Kevin frunciendo el ceño. Efron alzó la vista hacia ellos en cuanto el Thumderbird se detuvo, y el rostro se le iluminó. Sonrió de un modo exagerado, y corrió junto a Ashley, saludando de pasada a Kevin con una mera inclinación de cabeza. Este pareció querer fulminarlo con la mirada pero no dijo nada.
—Gracias a Dios que has venido —le dijo Zac Efron a Ashley, abriendo la puerta de la oficina—, Temía que llegaras tarde —le dijo tomándola del brazo y arrastrándola en esa dirección—. No te preocupes, Kevin, cuidaré bien de ella —le dijo sonriéndole.
Kevin no contestó, y tampoco le dijo adiós a Ashley, sino que se metió en el coche dando un portazo. Y, sin mirar atrás, arrancó el automóvil y se alejó de allí a toda velocidad.
— ¿Ha ocurrido algo, señor Efron? —le preguntó Ashley a este parándose en seco ante la puerta. La marcha de Kevin la había dejado un poco nerviosa, y no era para menos, su jefe le había dado una impresión muy poco favorable de su relación, haciendo que pareciera algo más que la estrictamente laboral.
— ¡Esa mujer tiene que irse! —le respondió Efron con grandes aspavientos—. ¡Se ha encerrado en mí despacho y se niega a salir! Pero no me he quedado de brazos cruzados, ¡ah, no!... He llamado a los bomberos —le dijo con una sonrisa cruel—. Echaran la puerta abajo, la sacaré de los pelos y la pondré de patitas en la calle... para siempre. Ashley se frotó la nuca incómoda:
—Em... Señor Efron... ¿y por qué... por qué se ha encerrado Vanessa en su oficina? Su jefe carraspeó.
—Fue por... fue por el libro.
—¿Qué libro?
—El libro que le tiré —masculló él irritado.
— ¿Le tiró un libro?
—Bueno, sí, un diccionario... —farfulló él metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón—. Teníamos cierta diferencia de opiniones acerca de cómo se escribía un término legal. En fin, imagínate... —añadió enfadado—. Soy abogado, estudié derecho... ¿Qué se cree, que no sé deletrear los términos de mi profesión?
Ashley, que había comprobado de primera mano la desastrosa ortografía del señor Efron, no dijo una palabra, pero frunció los labios.
—De acuerdo —prosiguió su jefe hablando más consigo mismo que con ella—, le dije algunas cosas, pero ella me dijo también otras... ¿Dónde ha quedado el respeto hacia los superiores? El caso es que le lancé el libro, me estaba poniendo frenético, y entonces fue cuando se encerró en mi despacho... ¡Por un libro nada más!—exclamó. Ashley enarcó las cejas—. Bueno, y por el cristal —admitió.
—El... ¿cristal? —inquirió ella boquiabierta.
—El cristal de la... ventana —murmuró su jefe. Se dio la vuelta y le señaló unos cristales rotos sobre la acera en los que ella no había reparado hasta ese momento. Zac Efron se agachó a recoger algo de el estropicio.
— Ah, aquí está! Sabía que debía estar por aquí — dijo levantándose y blandiendo el diccionario, un talonario bastante grueso.
Ashley se debatía entre la risa y las lágrimas cuando se oyó un chirrido y una sirena, y apareció torciendo en esquina el camión de bomberos. Se detuvo frente al edificio.
—Esto... ¿No les dijo para qué necesitaba que vinieran? —le preguntó Ashley a su jefe al ver que los bomberos se bajaban y empezaban a desenroscar una manguera.
—Pues no, la verdad es que no —respondió Efron distraídamente—. ¡Oh, hola, Corbin! —saludó al de bomberos de Tisdaleville, adelantándose—. Gracias a Dios que habéis venido!
—¿Dónde es el incendio, Efron? —inquirió este mirando en todas direcciones.
—¿Incendio? —Repitió Efron rascándose la cabeza— La verdad es que no hay ninguno. Se trata de otra clase de emergencia.
Corbin, un tipo grande y fuerte con la cara colorada, lo miró ceñudo.
— No hay fuego —les hizo una señal a sus compañeros para que guardaran la manguera—. ¿Entonces para que nos necesitas?
—Quiero que echéis abajo la puerta de mi despacho con un hacha. Es que... he perdido la llave —improvisó el señor Efron. No podía decir la verdad delante de la muchedumbre de curiosos que se había agolpado allí delante.
—¿Y por qué no has llamado a un cerrajero? — preguntó el jefe de bomberos empezando a perder la paciencia.
— Pues porque... porque...
— Una joven empleada se ha encerrado allí y no quiere salir —le explicó Ashley al jefe de bombero llevándolo aparte.
— ¡Por todos los demonios, Efron!, ¿quieres que tiremos una puerta a hachazos para hacer salir a una pobre chica?! —exclamó Corbin.
La muchedumbre prorrumpió en carcajadas mientras que Barry Zac Efron enrojecía y balbucía cosas como: «¿Pobre chica?» y «¡es un diablo, un diablo!» Por suerte no fue precisa ninguna actuación, ya que en ese momento, Vanessa, que debía haber oído el jaleo salió por su propia voluntad, y avanzó amenazadora hacia su jefe.
— ¡Renuncio! —le gritó al señor Efron. En cuanto llegó a su lado le arrebató el diccionario de la mano, y lo golpeó con él en la cabeza con todas sus fuerzas. Se volvió hacia Ashley temblando de ira—. Lo siento, Ashley, pero a partir de hoy vuelves a ser la única secretaria de esta oficina. ¡No aguanto ni un día más al lado de este atormentador de mujeres! ¡Y no tiene usted ni idea de ortografía, señor abogado de pacotilla! —le gritó a Efron.
— ¡Tengo mucha más idea que tú, niñita de instituto! —le gritó él viéndola alejarse—. ¡No esperes que vaya corriendo tras de ti para rogarte que vuelvas!, ¡no pienso hacerlo! Seguro que en esta estúpida ciudad hay cientos de estúpidas mujeres que no sepan deletrear, igual que tú, y que necesiten trabajo.
El jefe de bomberos estaba observando la escena boquiabierto, mientras que Ashley trataba a duras penas de no estallar en risas. Presintiendo lo que iba a ocurrir, se escabulló y entró en la oficina. Y, tal y como había supuesto, al cabo de un par de minutos el jefe de bomberos estaba lanzando serpientes y culebras por la boca
Aturdido Zac Efron por haberlos llamado para semejante majadería, y diciéndole que diera gracias porque no fuera a informar de ello a la policía para que le dieran una multa o lo arrestaran.
El incidente con Vanessa había puesto de un humor de mil diablos a Zac Efron, así que, seguramente estallaría porque no hacía más que despotricar de ella . Y como no había trabajo adelante ni dejaba trabajar a Ashley, dijo que cerrarían una hora antes. Ashley recogió sus cosas y llamó a la nave de los Jonas para preguntarle a Kevin si podía acercarse a recogerla antes, pero le dijeron que estaba fuera. Ashley suspiró mientras colgaba auricular, y al ver a su jefe salir de su despacho en ese momento con el maletín en la mano, le preguntó sin pensarlo dos veces:
—¿Le importaría llevarme en su coche a la nave? — He llamado a Kevin para que viniera a recogerme, pero me han dicho que ha salido.
—Claro, cómo no. ¿Qué ha pasado con tu coche nuevo?, ¿averiado?
— Hum... Es una larga historia —murmuró ella mientras él le sostenía la puerta de su Mercedes para que entrara—. ¿De verdad va a despedir a Vanessa? — le preguntó cuando él hubo entrado también—. En el fondo es una buena chica.
—No es cierto, es como una piedra en el zapato — masculló Efron.
—Si le diera otra oportunidad y tratara de ser más paciente estoy segura de que lo sorprendería.
Zac Efron se removió incómodo en el asiento.
—Supongo que para ti es una faena: la verdad es que el volumen de trabajo que tenemos ahora es demasiado para una sola persona. —Tal vez debería plantearse pedirle que volviera— sugirió Ashley—. Además, seguro que está avergonzada de cómo se ha comportado.
—En fin, supongo que tendré que hacerlo — respondió él exhalando un profundo suspiro—. Después me pasaré por la casa de sus padres y les diré que puede venir mañana de nuevo a la oficina si quiere— concedió como si estuviera haciéndole un favor a la chica.
Cuando llegaron a la nave, a pesar de que ella le dijo que no era necesario, él insistió en salir del coche y abrirle la puerta para que bajase.
Ashley estaba despidiéndolo con la mano y viendo alejarse el vehículo cuando vio una sombra cernirse sobre la suya en el suelo, una sombra alargada. Se dio la vuelta y se encontró con Kevin, un Kevin con cara de pocos amigos.
—Ah... hola.
—Pensaba que salías a las siete —le dijo él en un tono peligroso.
—Hemos tenido un problema en la oficina y hemos salidos antes —explicó Ashley. ¿Cómo se le habría ocurrido pedirle a Zac Efron que la llevara sabiendo lo celoso que era Kevin respecto a él?—. ¿Puedes llevarme a casa o tienes que quedarte aún un rato? Te esperaré si hace falta.
—Nick sale ahora, él te dejará en casa.
Y entró en las oficinas de la nave, dejándola allí de pie, bajo un sol de justicia, entre los mugidos del ganado.
Nick apareció al rato visiblemente irritado.
— ¡Menudo caradura de hermano que tengo!, lleva todo el día sentado tras su mesa de brazos cruzados, y va y me saca de una reunión para llevarte a casa. Te juro que no entiendo nada. ¿Está enfadado contigo?
—¿Y cuándo no lo está? —Replicó ella airada—, el señor Efron me ha traído en su coche hasta aquí, Kevin debe haberse imaginado que lo he seducido en la autopista. ¡Es tan... tan... tan insufrible, tan cabeza, tan insensible...!
—Bueno, bueno... —la tranquilizó él mientras caminaban hacia su coche—. ¿Entonces es solo una cuestión de celos? Venga, Ashley, eso no es problema. Una mujer, debería saber perfectamente lo que tiene que hacer.
Ashley imaginó a qué se refería, y se sonrojó profundamente. Habían llegado junto al coche, y Nick le abrió la puerta para que se sentara y entró él también. Le hizo gracia verla ruborizarse. En el fondo Kevin y ella eran muy parecidos: chapados a la antigua y llenos de prejuicios. Puso el vehículo en marcha y se aclaró la garganta.
—Ashley... —le dijo—, la mejor manera de obtener la atención de un hombre y de quitarle el mal humor, es besarlo, abrazarlo y... bueno, dejar que la naturaleza siga su curso, ya sabes a qué me refiero —dijo guiñándole un ojo.
Ashley volvió a sonrojarse.
—No creo que a Kevin le gustase que hiciese eso—murmuró con voz ronca.
—Pues claro que sí —le aseguró él dándole unas palmaditas de ánimo en la mano—. Está tan loco por ti que ve fantasmas por todas partes. Hazme caso, Ashley, si utilizas el método de aproximación adecuado, se volverá dócil como un perrillo faldero.
Habían llegado al rancho. Tras despedirse de Nick, Ashley entró en la casa pensativa. Lo cierto era que la idea de seducir a Kevin era tentadora, se dijo sonriendo con picardía mientras subía la escalera.


bnoo ia es todoo..


xoxo♥

"KEVIN" cap 6 MM 4/5


Capitulo 6

Hasta que llegó al pasillo, descalza, a Ashley no se le ocurrió que las tres de la madrugada no era el mejor momento para compartir secretos íntimos con un hombre que llevaba semanas esperando ansioso la consumación de su matrimonio. Se quedó dudando frente a la puerta entreabierta de su dormitorio. La luz estaba encendida, pero el silencio era absoluto. Tal se hubiera quedado dormido.
—No hay nadie hay dentro —dijo una voz a sus espaldas, sobresaltándola.
Ashley se giró, para encontrarse a Kevin allí de pie con un vaso de whisky en la mano.
—Pensé que te habías ido a la cama —murmuró.
—¿Y qué haces tú deambulando por los pasillos?
Ashley se rio avergonzada, y una sonrisa se dibujó involuntariamente en los labios de Justin. Estaba preciosa cuando se reía. No, estaba preciosa de cualquier modo.
—¿Has venido porque quieres dormir conmigo? —aventuró Kevin confuso.
—Bueno, no es la única razón —balbució ella sonrojándose. Alzó los ojos hacia el rostro de él, y luego volvió a bajarlos—. ¿Sabías que nadie me había besado antes de que lo hicieras tú?
Kevin parpadeó incrédulo.
—¿Has venido a decirme eso a las tres de la mañana?
—Bueno... es que me parecía que era importante que lo supieras —dijo ella encogiéndose de hombros. Volvió a alzar la vista hacia él, y sus ojos verdes miraron con aire melancólico las duras facciones, la boca, los marcados músculos del tórax y el estomago...
—Es increíble — murmuró con un suspiro, sin poder apartar la mirada del torso bronceado.
—¿El qué? —inquirió él frunciendo el entrecejo, y observando algo turbado cómo lo estaba devorando con los ojos.
—Que no tengas que echar a las mujeres de tu dormitorio con el palo de una escoba —contestó ella distraídamente.
—Ese relajante muscular... ¿tenía efectos secundarios? —inquirió Kevin enarcando las cejas. No podía creer lo que estaba oyendo.
Ashley se rio suavemente.
—¿Puedo dormir contigo? La verdad es que aún estoy temblando por dentro por el susto. Es decir... — dijo aclarándose la garganta—, si no te importa demasiado. No querría empeorar las cosas.
—No creo que puedan ponerse peor de lo que están ya —repuso él quedamente. La miró a los ojos—. Lista bien, pasa.
Ashley lo siguió al interior del dormitorio, y subió a la cama mientras él sostenía las sábanas para que se deslizara bajo ellas.
—Puedo ajustar el aire acondicionado si quieres—le ofreció Kevin.
—No, está bien —replicó ella—. Detesto dormir en una habitación calurosa, incluso en invierno.
—A mí me pasa lo mismo —admitió él con una débil sonrisa. Apagó la luz y se metió en la cama.
—¿No vas... uní... no vas a quitarte los pantalón verdad? —inquirió Ashley agradeciendo que en la oscuridad él no pudiera verla enrojecer.
Kevin se echó a reír.
—Por Dios, Ashley...
—No te rías de mí —murmuró ella ofendida.
—Yo siempre pensé que eras una chica sofisticada —confesó Kevin—, ya sabes, una de esas chicas liberadas que tienen una ristra de hombres bajo la manga y beben champán y lucen diamantes.
—Pues sí que estabas equivocado... —murmuró Ashley—. Hasta que apareciste tú, solo había salido con un hombre, y la única vez que intentó besarme, mi padre le pegó una bofetada. Estaba obsesionado con mantenerme casta y pura hasta que encontrara a alguien a quien venderme, a alguien que lo hiciera aún más rico de lo que era. Pero claro, tú no podías saber eso, porque crees que fue un santo...
Kevin encendió la luz y la miró fijamente a los ojos, advirtiendo el rubor que teñía sus mejillas.
—¿Te importaría apagar la luz, por favor? No puedo hablar de estas cosas mirándote a la cara.
Kevin se limitó a sonreír divertido e hizo lo que le pedía.
—Está bien, continúa.
—Mi padre jamás quiso que me casara contigo, a pesar del teatro que montó —le explicó Ashley—. Quería que me casara con Rob Pattinson porque él también criaba caballos de carreras, y quería asociarse con él.
—Perdona, pero no me lo trago —replicó él. ¿Cómo podía creerse esa historia? Bass Tisdale lo había ayudado a echar adelante su negocio. Se preguntó si ella habría jugado a averiguar aquello. Ashley suspiró.
—Pues es la verdad. Estaba decidido a hundirte y a pararnos, y por eso se inventó esa mentira de que yo estaba enamorada de Rob y quería casarme con él.
—Tú admitiste que te acostabas con él —le recordó Kevin irritado—. Y me habías rechazado aquella noche. No necesitaba más pruebas.
—Pero no te rechacé porque te encontrara repulsivo como tú crees —le espetó ella.
—¿Ah, no?
Y antes de que Ashley pudiera decir nada, rodó para colocarse encima de ella. Con un brazo la atrajo hacia sí, y buscó sus labios en la oscuridad, besándolos con rudeza. Ashley, asustada, alzó las manos con ira su pecho para apartarlo, y cuando la rodilla de Kevin se deslizó entre las de ella, se puso rígida y luchó aún con más ahínco.
Entonces Kevin se apartó sin decir nada y se bajó de la cama. Ashley escuchó como accionaba el interruptor de la pared, y cuando lo vio volverse hacia ella, sus ojos relampagueaban furiosos.
— ¡Sal de aquí! —rugió.
Ashley sabía que nada de lo que pudiera decirle lo calmaría, así que se bajó de la cama, llorosa y pidiéndole disculpas con la mirada, y obedeció. No miró atrás. Cerró la puerta suavemente tras de sí y, sin que las lágrimas dejaran de rodar por sus mejillas, bajó las escaleras.
Al llegar al salón, encendió la luz y fue al mueble bar para sacar una botella de brandy. Se sirvió una copa y bebió un sorbo.
En la casa reinaba el silencio más absoluto, pero su mente era un verdadero torbellino. ¿Por qué no podía comprender Kevin que al tratarla con tan poca delicadeza solo lograba asustarla? ¿Y por qué se negaba siempre a escucharla? Porque lo había vuelto a rechazar, esa era la razón, se dijo apesadumbrada. Pero, si no lo hubiera apartado, si hubiera perdido el control... Cerró los ojos espantada ante la idea del dolor que podría haber experimentado, y se estremeció.
Fue a sentarse al sofá con las piernas temblando, y agachó la cabeza, apoyando la frente en el borde de la copa. Se incorporó y, con los ojos nublados por las lágrimas, bebió otro sorbo y otro y otro... hasta que al fin se fue tranquilizando.
Cuando advirtió que no estaba sola, ni siquiera alzó la vista.
—Ya sé que me odias —murmuró sin fuerzas—. No hacía falta que bajaras para decirme eso.
Kevin contrajo el rostro al ver las lágrimas en su cara y notar la angustia en su voz. Había vuelto a herirlo, pero no podía evitar sentirse fatal al verla así.
Se sentó en el borde de la mesita de café frente a ella.
—He estado allí arriba llamándote toda clase de cosas horribles —le dijo al cabo de un minuto—, hasta que de pronto recordé lo que habías dicho, acerca de que ningún hombre te había besado antes de hacerlo yo.
—Da igual, tú piensas que soy una furcia —dijo ella amargamente—, que me acosté con Rob Pattinson.
—Y recordé algo más... —murmuró Kevin, arrodillándose frente a ella para poder mirarla a los ojos—. Recordé que esta noche, cuando te saqué del arcén... me besaste. No parecías tenerme miedo, y tampoco parecía repugnarte. ¿Era porque... porque eras tú quien llevabas las riendas?
Ashley suspiró temblorosa. Al fin Kevin estaba empezando a comprender. Tragó saliva y asintió con la cabeza.
—Pero hasta ahora yo siempre he sido muy brusco cuando he intentado acercarme a ti... —prosiguió él
Esperando otra confirmación.
—Así es —murmuró ella sonrojándose y rehuyendo su intensa mirada,
—Entonces... no te apartas de mí por repulsión, sino por miedo... no a quedarte embarazada... tienes miedo al acto en sí -acertó por fin.
—Tómate otro whisky a mi cuenta —murmuró Ashley con un humor forzado.
Kevin suspiró, viendo cómo ella deslizaba el pulgar por el borde de su copa de brandy medio vacía. Se la quitó de las manos y la puso en la mesita.
—Levántate.
Ashley elevó los ojos hacia él extrañada, pero hizo lo que le decía. Kevin se tumbó en el sofá.
—Y ahora siéntate aquí —le indicó, dando una palmadita en el hueco que había dejado al borde.
Ella obedeció vacilante, preguntándose qué pretendía. Justin le tomó una mano y la colocó sobre su tórax.
—Piensa en esto como si fuera parte del... proceso de aprendizaje —le dijo.
Ashley dejó escapar un suave gemido, y buscó sus ojos.
—Pero tú... A ti no te gusta que... —balbució recordando que en el pasado jamás la había animado a dar el primer paso.
—Olvídate de mí —le espetó él — Si de este modo logro que me pierdas el miedo, estoy dispuesto a darte ventaja.
Nuevas lágrimas acudieron a los ojos de Ashley, y tuvo que morderse el labio inferior para que dejara de temblar.
—Oh, Kevin... —murmuró, emocionada por aquel gesto.
—¿Podrás hacerlo así? —le preguntó él con ternura—. Si te dejo, ¿crees que podrías hacerme el amor tú a mí?
Las lágrimas rodaban ya por las mejillas de ella, incapaz de contenerlas por más tiempo.
—Quería decírtelo, Kevin, pero me daba vergüenza... —sollozó.
—Está bien —la tranquilizó él—. Debí haberlo comprendido hace tiempo. No te haré daño, Ashley, yo jamás te haría daño...
Entre lágrimas, Ashley emitió una risa ahogada. Tenía gracia que al final hubiera tenido que ser él quien lo adivinara por sí mismo. Sonrió, y se inclinó insegura para besarlo.
Kevin sentía que el corazón le iba a estallar. ¿Por qué no había sido capaz de comprenderlo hasta entonces? Obviamente Rob Pattinson le había hecho daño, y por eso ella tenía miedo de hacer el amor con otros hombres. Detestaba la idea de que aquel tipo hubiera sido su amante, pero no podía soportar ver a Ashley sufrir el resto de sus días por cómo la había tratado. Tenían que empezar a construir una vida juntos de algún modo, y aquel parecía el más indicado.
Apartó todo pensamiento de su mente y se concentró, curioso, en el tímido beso de Ashley. No, era evidente que no sabía besar, se dijo esbozando una sonrisa. Llevaba mucho tiempo de abstinencia, pero antes de conocerla su falta de atractivo jamás había sido un impedimento para atraer a las mujeres. Sabía lo que tenía que hacer para volverlas locas.
Como le había prometido, no la tocó. Se quedó allí mudo, quieto, permitiendo que la boca de ella juguera con la suya.
—Puedes acercarte más —le dijo—, no voy a comerte.
Ashley sonrió, y se tumbó a su lado, con los senos apretados contra su tórax, aunque no se atrevió aún a entrelazar las piernas con las de él. Los labios le temblaban ligeramente cuando lo besó de nuevo, pero Kevin se mantuvo fiel a su palabra y no trató de atraerla hacia sí, ni de hacer el beso más íntimo.
Las manos de Ashley se enredaron en el cabello negro, y recorrió con los labios cada rasgo de su rostro. De sus labios escapó una risa; encantada como estaba de descubrir lo dulce que era poder tomarse la libertad de acariciarlo y besarlo.
Kevin abrió los ojos y la miró sorprendido.
—¿A qué ha venido eso?
—Es que... si supieras cuánto tiempo hace que quería hacer esto...
—Podías habérmelo dicho — le espetó él.
—No, no podía —replicó Ashley repasando la mano por el vasto tórax—. Es algo demasiado íntimo... —y entonces, de un modo impulsivo, se agachó para rozar con sus labios el esternón—. Oh, Kevin, te he echado tanto de menos...
El tórax de Kevin se hinchó ante aquella caricia.
—Yo también te echaba de menos —murmuró con voz ronca—. ¡Dios, Ashley, no puedo...! —masculló.
— ¿No es suficiente para ti, verdad? —inquirió ella, vacilante, alzando el rostro— Lo siento, me temo que estoy un poco verde en esto. El deseo oscureció la mirada de él.
—Quiero tocarte —le susurró—, quiero tenerte tumbada debajo de mí y sacarte la camisa del pijama.
Ashley se estremeció.
—Pero... si perdieras el control, ocurriría lo mismo que ocurrió arriba hace un rato —gimió—, me asustaré.
—Te juro por Dios que no lo perderé —le aseguró Kevin—, aunque tenga que salir fuera a chillar en la oscuridad.
Ashley se rio, pero le creyó. Aquello iba a ser lo más difícil para ella: confiar en él. Tragó saliva y se tumbó de espaldas, viendo cómo él se colocaba sobre ella.
—Dar tu confianza a los demás es difícil, ¿no es verdad? —murmuró Kevin adivinando sus pensamientos. La verdad era que la frase podía aplicarse a los dos.
—Sí —asintió ella—, pero ya he comprendido que no hay más remedio que arriesgarse. Antes de acostarme estaba pensando en que podía haber muerto en ese deportivo, y todos los problemas parecen tan insignificantes cuando has estado a punto de morir... Lo único en que podía pensar mientras frenaba era en ti, y en lo triste que me sentía por no haber construido recuerdos felices a tu lado.
—¿Por eso viniste a mi dormitorio? —le preguntó él con una sonrisa.
—No, no solo por eso —respondió ella estudiando sus labios—, tenía hambre de ti, y quería saber si podría controlar mi miedo, pero cuando me agarraste arriba, en tu cuarto, me desmoroné.
—Esta vez no seré brusco —le prometió Kevin.
Inclinó la cabeza para rozar sus labios y mordisquearlos con cuidado, hasta que ella lo imitó. Cuando notó que su respiración estaba empezando a tornarse algo entrecortada, se puso a dibujarle arabescos invisibles en la camisa del pijama con los dedos.
Ashley se puso rígida un instante, pero al ver que sus movimientos eran lentos y suaves se relajó de nuevo.
—¿Todo bien? —le preguntó Kevin levantando la cabeza.
Ashley no podría haberle expresado con palabras lo que aquella ternura significaba para ella. Asintió con la cabeza y sonrió.
Kevin bajó la mirada hacia sus senos, y observó cómo se ponían de punta sus pezones cuando los acariciaba. Enseguida la escuchó gemir suavemente y notó que se estremecía. Le gustó aquella reacción, así que lo repitió, y ella se arqueó hacia él como un gato.
—Me siento... extraña —murmuró Ashley—, temblorosa.
—Yo también —susurró Kevin. La besó dulcemente hasta que ella abrió la boca para darle acceso—.
—¿Quieres que te diga lo que voy a hacer ahora?
El corazón de Ashley empezó a latir como un loco, pero volvió a asentir con la cabeza.
—Voy a desabrocharte la camisa —le dijo Kevin, y procedió a sacar, uno tras otro, cada botón de su ojal.
Cuando estuvo totalmente desabrochada, Kevin la abrió por abajo, pero dejando aún cubiertos sus senos, y la miró a los ojos, y vio reflejados en ellos su timidez, pero también una creciente excitación que no podía ocultar.
—Tienes los pechos pequeños —susurró pasando la mano por una de sus curvas, tapada todavía por el satén—. Me gustan las mujeres con los pechos pequeños.
Ashley volvió a estremecerse, y gimió maravillada mientras él los acariciaba con maestría, evitando siempre el pezón endurecido.
—Sí, eso te gusta, ¿verdad? —murmuró contra sus labios.
Volvió a acariciarle los senos, pero esa vez no se detuvo al llegar a los pezones, sino que abrió las palmas y las apretó contra aquellas cálidas cumbres.
Ashley emitió un profundo gemido que la debió sorprender a ella misma, porque tragó saliva y se humedeció los labios con la lengua.
—Te comportas... como una virgen —susurró Kevin.
Finalmente, apartó sensualmente el resto de la tela y se incorporó un poco para admirarlos. Aquellos montículos cremosos de areolas sonrosadas estaban modelados tan exquisitamente, que por un momento se quedó sin respiración.
—¿De verdad no te importa que sean... pequeños? —se escuchó preguntar Ashley,
—Dios, claro que no —fue la respuesta inmediata de él—. ¿Te importaría que los besara?
Ashley se sonrojó profusamente, pero sonrió y sacudió la cabeza.
—No.
Kevin le devolvió la sonrisa y agachó la cabeza. Ashley volvió a arquearse al sentir el contacto de aquellos labios en sus senos, diciéndose que, en toda su vida, jamás había imaginado que pudiera experimentarse un placer semejante al ser acariciada. Hundió los dedos en su cabello y lo sostuvo apretado contra su cuerpo, temblorosa. Suspiró y gimió, y sus ojos se llenaron de lágrimas de dicha.
Kevin la notó estremecerse, y comprendió inmediatamente la razón. Era la señal que había estado esperando. Sus grandes manos descendieron hacia las caderas de Ashley y siguieron bajando hasta llegar al vientre.
Kevin le estaba quitando el pantalón del pijama con tanta sensualidad y destreza que a ella no le importó en absoluto, y tampoco se sintió amenazada. Le encantaba el contraste algo áspero de sus manos con la suavidad de su piel.
Tomó uno de sus senos en la boca y succionó, hasta hacerla gemir de placer otra vez. De pronto Ashley se miró subiendo y bajando las manos por los musculosos brazos, atrayéndolo más hacia sí, susurrándole, rogándole que le diera algo sin saber muy bien lo que era. Le mordió el hombro, y cuando Kevin alzó la cabeza y la miró, Ashley apenas sí podía verlo, nublada tenía la vista por el deseo que él había despertado poco a poco en ella. Le pareció que sonreía antes de volver a reclamar sus labios, y entonces sintió que invadía su boca con la lengua en envites lentos y exquisitos, supo que su cuerpo titilaba debajo del de él.
Le rodeó el cuello con los brazos y lo apretó contra si deleitándose en los duros contornos de su cuerpo y el calor que se generaba al estar piel contra piel, sus sentidos registraron vagamente el hecho de que él ya no tenía puesto el pantalón del pijama, pero el tacto de su cuerpo desnudo era tan excitante que verdaderamente no quería que se detuviera.
—Va a suceder... ahora —le susurró Kevin. Introdujo la rodilla entre sus largas piernas, notándola temblar—. No te haré daño, Ashley y tampoco te presionaré. En cualquier momento puedes decirme que pare. Voy a hacer esto con tanta dulzura que no tendrás ningún miedo. Quédate quieta y confía en mí... solo unos segundos más.
Ashley estaba temblando, y notaba que él también, pero nunca había deseado nada con tanta intensidad como aquello. Estaba compartiendo el momento más íntimo de su vida con Justin, con su marido, con el hombre al que amaba más que a nada en el mundo. Se había mostrado tan paciente, tan tierno, que quería entregarse a él en cuerpo y alma.
—Justin,.. —le susurró ansiosa, observando cómo se tensaban sus facciones.
Al notar el primer contacto, Ashley dio un pequeño respingo.
—Shh... —la tranquilizó él, y sonrió, forzándose a controlarse—. Voy a estar pendiente de tus reacciones —murmuró contra sus labios—, así que en el instante en que sientas el más mínimo dolor lo sabré.
Habían dejado las luces encendidas, pero lo único que Ashley podía ver era el rostro de Kevin. En el silencio de la noche escuchaba su respiración entrecortada, jadeante. Sin embargo, no estaba asustada, ni siquiera por el peso de su cuerpo. Pero entonces el dolor le sobrevino como un cuchillo al rojo vivo. Gritó, y las lágrimas rodaron sin poder contenerlas por sus mejillas.
Kevin se había quedado quieto como si se hubiera convertido en piedra. Entreabrió los labios y la miró incrédulo. Se movió de nuevo, y vio que Ashley apretaba los dientes.
—Lo siento —sollozó ella—, no pares... Está bien, creo que puedo... soportarlo.
— Dios del cielo!
Kevin se retiró, estremeciéndose violentamente.
—Kevin... No tenías... no tenías por qué parar — murmuró ella.
Pero él no estaba escuchándola. Alargó la mano para alcanzar su vaso de whisky, pero las manos le temblaban de tal modo que casi derramó el contenido antes de que llegara a su boca.
Se puso de pie, y Ashley apartó la mirada pudorosa ante su masculinidad erecta.
—Lo siento mucho, Ashley —dijo Kevin.
Se agachó para recoger el pantalón del pijama y ponérselo. Después, fue junto a ella, la tomó en sus brazos y se sentó de nuevo en el sofá con ella encima, acunándola y susurrándole palabras que la calmaran mientras las lágrimas seguían cayendo.
Cuando el llanto paró, Kevin le secó la cara con un ludo. La mejilla de Ashley descansaba contra el hombro de Kevin, mientras que sus senos estaban suaves y apretados contra el estómago de él.
—Eres mi esposa, Ashley —le susurró Kevin al azoramiento—, no pasa nada porque te vea sin ropa
—Lo siento —musitó ella—, supongo que tienes razón. Es solo que esto es... nuevo para mí.
Lo sé —respondió Kevin sonriendo—. Mi esposa virgen... —murmuró acariciándole suavemente los senos — . ¡Oh, Ashley, Ashley...!
— Yo... El doctor Sims me hizo una intervención quirúrgica, pero solo de un modo parcial —le explicó —. Me temo que no fue suficiente —le dijo poniéndose roja como una amapola.
—¿Y por qué no le dejaste que te hiciera la operación completa?
—Para poder demostrarte que no me había acostado con Rob —respondió ella.
— ¡Dios mío! —murmuró él tomándola por la barbilla para que lo mirara a los ojos —. Dios mío, no quiero ni pensar en lo que habría ocurrido si no me hubiera detenido arriba en el dormitorio, o ahora, hace un momento.
—Habría dejado de dolerme, Kevin, seguro... — murmuró ella con timidez.
— ¡Y un cuerno! —Exclamó él suspirando con pesadez—. He sido un bruto, Ashley, por no querer escucharte. Me temo que no te va a hacer gracia, pero deberías ir otra vez a tu médico para que acabe de hacerte esa operación.
—Pero...
—Un poco de dolor es una cosa, pero lo que tienes ahí es... —notó que ella estaba bastante incómoda hablando del tema, así que la abrazó y le dijo—. Ponte la ropa. Te serviré un poco de brandy.
Ashley se levantó y se vistió. Se notaba las mejillas ardiendo. Nunca hubiera imaginado que la intimidad entre un hombre y una mujer fuera así. Estaba contenta a pesar del susto y del miedo, porque había descubierto que Justin era capaz de controlarse, era paciente y considerado cuando quería serlo.
—Ashley —dijo él de pronto—, ¿por qué no habías contado nada de esto?
—¿Y cómo iba a hacerlo? —le respondió ella con un suspiro—. Oh, Kevin, tengo veintisiete años y estoy tan verde como una adolescente... Ni siquiera puedo hablar de esto contigo ahora sin sonrojarme.
— Yo creía que me encontrabas repulsivo —murmuró él—. Nunca pensé... Sí hubiera sabido esto no te habría tratado como te he tratado hasta ahora. Yo... me dolía tanto pensar que me hubieras engañado con otro hombre... y cuando tú me rechazabas yo me sentía fatal.
—Bueno, al menos ahora sabes por qué me apartaba de ti.
Kevin la miró a los ojos largo rato.
— ¡Dios, te deseo tanto...!
— Yo también te deseo, Kevin —musitó ella bajando la vista a la alfombra.
—Pues entonces solucionemos esto: ve a ver al doctor Sims, hazte esa operación, tengamos un matrimonio de verdad, la clase de matrimonio en el que dos personas duermen juntas y tienen hijos.
Ashley volvió a sonrojarse, pero se obligó al alzar la vista hacia él.
—¿De verdad quieres que tengamos hijos?
—Sí, los quiero tener contigo, con nadie más.
—Entonces no tendré que tomar... nada.
—No —contestó Kevin esbozando una sonrisa.
Ashley se quedó allí de pie incómoda, sin saber cómo decirle lo que le quería decir.
—Supongo que no sería una buena idea que durmiéramos juntos después de esto, ¿verdad? —musitó esperanzada de que él le dijera que no, que podían dormir juntos.
—Tal vez no sería lo más sensato, pero vamos a dormir juntos —le respondió Kevin—. Aunque no hagamos el amor, puedo abrazarte mientras duermes.
—Kevin, yo... quería pedirte perdón por tantas cosas— Ashley suspiró aliviada.
— Yo también a ti, Ashley —contestó él inclinándose para besarla suavemente—, pero creo que lo mejor será que dejemos que las cosas vayan poco a poco. No volveré a presionarte.
—Gracias.- Kevin apagó la luz y subieron juntos a su dormitorio.
—¿Seguro que estás bien? —le preguntó cuando ya estaban en la cama, con ella acurrucada contra su cuerpo—. ¿No te he hecho mucho daño?
—No —susurró ella en la oscuridad.
—¿Y tampoco te asusté demasiado? —insistió él preocupado.
—No, Kevin, fuiste muy dulce —lo tranquilizó ella frotando su mejilla contra el pecho de él.
—Así debería hacerse siempre el amor —dijo Kevin—, pero soy un hombre apasionado, señora Jonas, y llevo bastante tiempo de abstinencia.
—¿Unos meses? —preguntó Ashley con una media sonrisa.
—Um... Un poco más —contestó Kevin besándola en la frente—. Unos seis años.
— ¡Cielos! Nunca hubiera imaginado que... —balbució Ashley sorprendida—. Kevin, yo...
— Shhh... Anda, duérmete, tienes que descansar. Volvió a besarla, y la atrajo más hacia sí.