jueves, 4 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 6 MM 4/5


Capitulo 6

Hasta que llegó al pasillo, descalza, a Ashley no se le ocurrió que las tres de la madrugada no era el mejor momento para compartir secretos íntimos con un hombre que llevaba semanas esperando ansioso la consumación de su matrimonio. Se quedó dudando frente a la puerta entreabierta de su dormitorio. La luz estaba encendida, pero el silencio era absoluto. Tal se hubiera quedado dormido.
—No hay nadie hay dentro —dijo una voz a sus espaldas, sobresaltándola.
Ashley se giró, para encontrarse a Kevin allí de pie con un vaso de whisky en la mano.
—Pensé que te habías ido a la cama —murmuró.
—¿Y qué haces tú deambulando por los pasillos?
Ashley se rio avergonzada, y una sonrisa se dibujó involuntariamente en los labios de Justin. Estaba preciosa cuando se reía. No, estaba preciosa de cualquier modo.
—¿Has venido porque quieres dormir conmigo? —aventuró Kevin confuso.
—Bueno, no es la única razón —balbució ella sonrojándose. Alzó los ojos hacia el rostro de él, y luego volvió a bajarlos—. ¿Sabías que nadie me había besado antes de que lo hicieras tú?
Kevin parpadeó incrédulo.
—¿Has venido a decirme eso a las tres de la mañana?
—Bueno... es que me parecía que era importante que lo supieras —dijo ella encogiéndose de hombros. Volvió a alzar la vista hacia él, y sus ojos verdes miraron con aire melancólico las duras facciones, la boca, los marcados músculos del tórax y el estomago...
—Es increíble — murmuró con un suspiro, sin poder apartar la mirada del torso bronceado.
—¿El qué? —inquirió él frunciendo el entrecejo, y observando algo turbado cómo lo estaba devorando con los ojos.
—Que no tengas que echar a las mujeres de tu dormitorio con el palo de una escoba —contestó ella distraídamente.
—Ese relajante muscular... ¿tenía efectos secundarios? —inquirió Kevin enarcando las cejas. No podía creer lo que estaba oyendo.
Ashley se rio suavemente.
—¿Puedo dormir contigo? La verdad es que aún estoy temblando por dentro por el susto. Es decir... — dijo aclarándose la garganta—, si no te importa demasiado. No querría empeorar las cosas.
—No creo que puedan ponerse peor de lo que están ya —repuso él quedamente. La miró a los ojos—. Lista bien, pasa.
Ashley lo siguió al interior del dormitorio, y subió a la cama mientras él sostenía las sábanas para que se deslizara bajo ellas.
—Puedo ajustar el aire acondicionado si quieres—le ofreció Kevin.
—No, está bien —replicó ella—. Detesto dormir en una habitación calurosa, incluso en invierno.
—A mí me pasa lo mismo —admitió él con una débil sonrisa. Apagó la luz y se metió en la cama.
—¿No vas... uní... no vas a quitarte los pantalón verdad? —inquirió Ashley agradeciendo que en la oscuridad él no pudiera verla enrojecer.
Kevin se echó a reír.
—Por Dios, Ashley...
—No te rías de mí —murmuró ella ofendida.
—Yo siempre pensé que eras una chica sofisticada —confesó Kevin—, ya sabes, una de esas chicas liberadas que tienen una ristra de hombres bajo la manga y beben champán y lucen diamantes.
—Pues sí que estabas equivocado... —murmuró Ashley—. Hasta que apareciste tú, solo había salido con un hombre, y la única vez que intentó besarme, mi padre le pegó una bofetada. Estaba obsesionado con mantenerme casta y pura hasta que encontrara a alguien a quien venderme, a alguien que lo hiciera aún más rico de lo que era. Pero claro, tú no podías saber eso, porque crees que fue un santo...
Kevin encendió la luz y la miró fijamente a los ojos, advirtiendo el rubor que teñía sus mejillas.
—¿Te importaría apagar la luz, por favor? No puedo hablar de estas cosas mirándote a la cara.
Kevin se limitó a sonreír divertido e hizo lo que le pedía.
—Está bien, continúa.
—Mi padre jamás quiso que me casara contigo, a pesar del teatro que montó —le explicó Ashley—. Quería que me casara con Rob Pattinson porque él también criaba caballos de carreras, y quería asociarse con él.
—Perdona, pero no me lo trago —replicó él. ¿Cómo podía creerse esa historia? Bass Tisdale lo había ayudado a echar adelante su negocio. Se preguntó si ella habría jugado a averiguar aquello. Ashley suspiró.
—Pues es la verdad. Estaba decidido a hundirte y a pararnos, y por eso se inventó esa mentira de que yo estaba enamorada de Rob y quería casarme con él.
—Tú admitiste que te acostabas con él —le recordó Kevin irritado—. Y me habías rechazado aquella noche. No necesitaba más pruebas.
—Pero no te rechacé porque te encontrara repulsivo como tú crees —le espetó ella.
—¿Ah, no?
Y antes de que Ashley pudiera decir nada, rodó para colocarse encima de ella. Con un brazo la atrajo hacia sí, y buscó sus labios en la oscuridad, besándolos con rudeza. Ashley, asustada, alzó las manos con ira su pecho para apartarlo, y cuando la rodilla de Kevin se deslizó entre las de ella, se puso rígida y luchó aún con más ahínco.
Entonces Kevin se apartó sin decir nada y se bajó de la cama. Ashley escuchó como accionaba el interruptor de la pared, y cuando lo vio volverse hacia ella, sus ojos relampagueaban furiosos.
— ¡Sal de aquí! —rugió.
Ashley sabía que nada de lo que pudiera decirle lo calmaría, así que se bajó de la cama, llorosa y pidiéndole disculpas con la mirada, y obedeció. No miró atrás. Cerró la puerta suavemente tras de sí y, sin que las lágrimas dejaran de rodar por sus mejillas, bajó las escaleras.
Al llegar al salón, encendió la luz y fue al mueble bar para sacar una botella de brandy. Se sirvió una copa y bebió un sorbo.
En la casa reinaba el silencio más absoluto, pero su mente era un verdadero torbellino. ¿Por qué no podía comprender Kevin que al tratarla con tan poca delicadeza solo lograba asustarla? ¿Y por qué se negaba siempre a escucharla? Porque lo había vuelto a rechazar, esa era la razón, se dijo apesadumbrada. Pero, si no lo hubiera apartado, si hubiera perdido el control... Cerró los ojos espantada ante la idea del dolor que podría haber experimentado, y se estremeció.
Fue a sentarse al sofá con las piernas temblando, y agachó la cabeza, apoyando la frente en el borde de la copa. Se incorporó y, con los ojos nublados por las lágrimas, bebió otro sorbo y otro y otro... hasta que al fin se fue tranquilizando.
Cuando advirtió que no estaba sola, ni siquiera alzó la vista.
—Ya sé que me odias —murmuró sin fuerzas—. No hacía falta que bajaras para decirme eso.
Kevin contrajo el rostro al ver las lágrimas en su cara y notar la angustia en su voz. Había vuelto a herirlo, pero no podía evitar sentirse fatal al verla así.
Se sentó en el borde de la mesita de café frente a ella.
—He estado allí arriba llamándote toda clase de cosas horribles —le dijo al cabo de un minuto—, hasta que de pronto recordé lo que habías dicho, acerca de que ningún hombre te había besado antes de hacerlo yo.
—Da igual, tú piensas que soy una furcia —dijo ella amargamente—, que me acosté con Rob Pattinson.
—Y recordé algo más... —murmuró Kevin, arrodillándose frente a ella para poder mirarla a los ojos—. Recordé que esta noche, cuando te saqué del arcén... me besaste. No parecías tenerme miedo, y tampoco parecía repugnarte. ¿Era porque... porque eras tú quien llevabas las riendas?
Ashley suspiró temblorosa. Al fin Kevin estaba empezando a comprender. Tragó saliva y asintió con la cabeza.
—Pero hasta ahora yo siempre he sido muy brusco cuando he intentado acercarme a ti... —prosiguió él
Esperando otra confirmación.
—Así es —murmuró ella sonrojándose y rehuyendo su intensa mirada,
—Entonces... no te apartas de mí por repulsión, sino por miedo... no a quedarte embarazada... tienes miedo al acto en sí -acertó por fin.
—Tómate otro whisky a mi cuenta —murmuró Ashley con un humor forzado.
Kevin suspiró, viendo cómo ella deslizaba el pulgar por el borde de su copa de brandy medio vacía. Se la quitó de las manos y la puso en la mesita.
—Levántate.
Ashley elevó los ojos hacia él extrañada, pero hizo lo que le decía. Kevin se tumbó en el sofá.
—Y ahora siéntate aquí —le indicó, dando una palmadita en el hueco que había dejado al borde.
Ella obedeció vacilante, preguntándose qué pretendía. Justin le tomó una mano y la colocó sobre su tórax.
—Piensa en esto como si fuera parte del... proceso de aprendizaje —le dijo.
Ashley dejó escapar un suave gemido, y buscó sus ojos.
—Pero tú... A ti no te gusta que... —balbució recordando que en el pasado jamás la había animado a dar el primer paso.
—Olvídate de mí —le espetó él — Si de este modo logro que me pierdas el miedo, estoy dispuesto a darte ventaja.
Nuevas lágrimas acudieron a los ojos de Ashley, y tuvo que morderse el labio inferior para que dejara de temblar.
—Oh, Kevin... —murmuró, emocionada por aquel gesto.
—¿Podrás hacerlo así? —le preguntó él con ternura—. Si te dejo, ¿crees que podrías hacerme el amor tú a mí?
Las lágrimas rodaban ya por las mejillas de ella, incapaz de contenerlas por más tiempo.
—Quería decírtelo, Kevin, pero me daba vergüenza... —sollozó.
—Está bien —la tranquilizó él—. Debí haberlo comprendido hace tiempo. No te haré daño, Ashley, yo jamás te haría daño...
Entre lágrimas, Ashley emitió una risa ahogada. Tenía gracia que al final hubiera tenido que ser él quien lo adivinara por sí mismo. Sonrió, y se inclinó insegura para besarlo.
Kevin sentía que el corazón le iba a estallar. ¿Por qué no había sido capaz de comprenderlo hasta entonces? Obviamente Rob Pattinson le había hecho daño, y por eso ella tenía miedo de hacer el amor con otros hombres. Detestaba la idea de que aquel tipo hubiera sido su amante, pero no podía soportar ver a Ashley sufrir el resto de sus días por cómo la había tratado. Tenían que empezar a construir una vida juntos de algún modo, y aquel parecía el más indicado.
Apartó todo pensamiento de su mente y se concentró, curioso, en el tímido beso de Ashley. No, era evidente que no sabía besar, se dijo esbozando una sonrisa. Llevaba mucho tiempo de abstinencia, pero antes de conocerla su falta de atractivo jamás había sido un impedimento para atraer a las mujeres. Sabía lo que tenía que hacer para volverlas locas.
Como le había prometido, no la tocó. Se quedó allí mudo, quieto, permitiendo que la boca de ella juguera con la suya.
—Puedes acercarte más —le dijo—, no voy a comerte.
Ashley sonrió, y se tumbó a su lado, con los senos apretados contra su tórax, aunque no se atrevió aún a entrelazar las piernas con las de él. Los labios le temblaban ligeramente cuando lo besó de nuevo, pero Kevin se mantuvo fiel a su palabra y no trató de atraerla hacia sí, ni de hacer el beso más íntimo.
Las manos de Ashley se enredaron en el cabello negro, y recorrió con los labios cada rasgo de su rostro. De sus labios escapó una risa; encantada como estaba de descubrir lo dulce que era poder tomarse la libertad de acariciarlo y besarlo.
Kevin abrió los ojos y la miró sorprendido.
—¿A qué ha venido eso?
—Es que... si supieras cuánto tiempo hace que quería hacer esto...
—Podías habérmelo dicho — le espetó él.
—No, no podía —replicó Ashley repasando la mano por el vasto tórax—. Es algo demasiado íntimo... —y entonces, de un modo impulsivo, se agachó para rozar con sus labios el esternón—. Oh, Kevin, te he echado tanto de menos...
El tórax de Kevin se hinchó ante aquella caricia.
—Yo también te echaba de menos —murmuró con voz ronca—. ¡Dios, Ashley, no puedo...! —masculló.
— ¿No es suficiente para ti, verdad? —inquirió ella, vacilante, alzando el rostro— Lo siento, me temo que estoy un poco verde en esto. El deseo oscureció la mirada de él.
—Quiero tocarte —le susurró—, quiero tenerte tumbada debajo de mí y sacarte la camisa del pijama.
Ashley se estremeció.
—Pero... si perdieras el control, ocurriría lo mismo que ocurrió arriba hace un rato —gimió—, me asustaré.
—Te juro por Dios que no lo perderé —le aseguró Kevin—, aunque tenga que salir fuera a chillar en la oscuridad.
Ashley se rio, pero le creyó. Aquello iba a ser lo más difícil para ella: confiar en él. Tragó saliva y se tumbó de espaldas, viendo cómo él se colocaba sobre ella.
—Dar tu confianza a los demás es difícil, ¿no es verdad? —murmuró Kevin adivinando sus pensamientos. La verdad era que la frase podía aplicarse a los dos.
—Sí —asintió ella—, pero ya he comprendido que no hay más remedio que arriesgarse. Antes de acostarme estaba pensando en que podía haber muerto en ese deportivo, y todos los problemas parecen tan insignificantes cuando has estado a punto de morir... Lo único en que podía pensar mientras frenaba era en ti, y en lo triste que me sentía por no haber construido recuerdos felices a tu lado.
—¿Por eso viniste a mi dormitorio? —le preguntó él con una sonrisa.
—No, no solo por eso —respondió ella estudiando sus labios—, tenía hambre de ti, y quería saber si podría controlar mi miedo, pero cuando me agarraste arriba, en tu cuarto, me desmoroné.
—Esta vez no seré brusco —le prometió Kevin.
Inclinó la cabeza para rozar sus labios y mordisquearlos con cuidado, hasta que ella lo imitó. Cuando notó que su respiración estaba empezando a tornarse algo entrecortada, se puso a dibujarle arabescos invisibles en la camisa del pijama con los dedos.
Ashley se puso rígida un instante, pero al ver que sus movimientos eran lentos y suaves se relajó de nuevo.
—¿Todo bien? —le preguntó Kevin levantando la cabeza.
Ashley no podría haberle expresado con palabras lo que aquella ternura significaba para ella. Asintió con la cabeza y sonrió.
Kevin bajó la mirada hacia sus senos, y observó cómo se ponían de punta sus pezones cuando los acariciaba. Enseguida la escuchó gemir suavemente y notó que se estremecía. Le gustó aquella reacción, así que lo repitió, y ella se arqueó hacia él como un gato.
—Me siento... extraña —murmuró Ashley—, temblorosa.
—Yo también —susurró Kevin. La besó dulcemente hasta que ella abrió la boca para darle acceso—.
—¿Quieres que te diga lo que voy a hacer ahora?
El corazón de Ashley empezó a latir como un loco, pero volvió a asentir con la cabeza.
—Voy a desabrocharte la camisa —le dijo Kevin, y procedió a sacar, uno tras otro, cada botón de su ojal.
Cuando estuvo totalmente desabrochada, Kevin la abrió por abajo, pero dejando aún cubiertos sus senos, y la miró a los ojos, y vio reflejados en ellos su timidez, pero también una creciente excitación que no podía ocultar.
—Tienes los pechos pequeños —susurró pasando la mano por una de sus curvas, tapada todavía por el satén—. Me gustan las mujeres con los pechos pequeños.
Ashley volvió a estremecerse, y gimió maravillada mientras él los acariciaba con maestría, evitando siempre el pezón endurecido.
—Sí, eso te gusta, ¿verdad? —murmuró contra sus labios.
Volvió a acariciarle los senos, pero esa vez no se detuvo al llegar a los pezones, sino que abrió las palmas y las apretó contra aquellas cálidas cumbres.
Ashley emitió un profundo gemido que la debió sorprender a ella misma, porque tragó saliva y se humedeció los labios con la lengua.
—Te comportas... como una virgen —susurró Kevin.
Finalmente, apartó sensualmente el resto de la tela y se incorporó un poco para admirarlos. Aquellos montículos cremosos de areolas sonrosadas estaban modelados tan exquisitamente, que por un momento se quedó sin respiración.
—¿De verdad no te importa que sean... pequeños? —se escuchó preguntar Ashley,
—Dios, claro que no —fue la respuesta inmediata de él—. ¿Te importaría que los besara?
Ashley se sonrojó profusamente, pero sonrió y sacudió la cabeza.
—No.
Kevin le devolvió la sonrisa y agachó la cabeza. Ashley volvió a arquearse al sentir el contacto de aquellos labios en sus senos, diciéndose que, en toda su vida, jamás había imaginado que pudiera experimentarse un placer semejante al ser acariciada. Hundió los dedos en su cabello y lo sostuvo apretado contra su cuerpo, temblorosa. Suspiró y gimió, y sus ojos se llenaron de lágrimas de dicha.
Kevin la notó estremecerse, y comprendió inmediatamente la razón. Era la señal que había estado esperando. Sus grandes manos descendieron hacia las caderas de Ashley y siguieron bajando hasta llegar al vientre.
Kevin le estaba quitando el pantalón del pijama con tanta sensualidad y destreza que a ella no le importó en absoluto, y tampoco se sintió amenazada. Le encantaba el contraste algo áspero de sus manos con la suavidad de su piel.
Tomó uno de sus senos en la boca y succionó, hasta hacerla gemir de placer otra vez. De pronto Ashley se miró subiendo y bajando las manos por los musculosos brazos, atrayéndolo más hacia sí, susurrándole, rogándole que le diera algo sin saber muy bien lo que era. Le mordió el hombro, y cuando Kevin alzó la cabeza y la miró, Ashley apenas sí podía verlo, nublada tenía la vista por el deseo que él había despertado poco a poco en ella. Le pareció que sonreía antes de volver a reclamar sus labios, y entonces sintió que invadía su boca con la lengua en envites lentos y exquisitos, supo que su cuerpo titilaba debajo del de él.
Le rodeó el cuello con los brazos y lo apretó contra si deleitándose en los duros contornos de su cuerpo y el calor que se generaba al estar piel contra piel, sus sentidos registraron vagamente el hecho de que él ya no tenía puesto el pantalón del pijama, pero el tacto de su cuerpo desnudo era tan excitante que verdaderamente no quería que se detuviera.
—Va a suceder... ahora —le susurró Kevin. Introdujo la rodilla entre sus largas piernas, notándola temblar—. No te haré daño, Ashley y tampoco te presionaré. En cualquier momento puedes decirme que pare. Voy a hacer esto con tanta dulzura que no tendrás ningún miedo. Quédate quieta y confía en mí... solo unos segundos más.
Ashley estaba temblando, y notaba que él también, pero nunca había deseado nada con tanta intensidad como aquello. Estaba compartiendo el momento más íntimo de su vida con Justin, con su marido, con el hombre al que amaba más que a nada en el mundo. Se había mostrado tan paciente, tan tierno, que quería entregarse a él en cuerpo y alma.
—Justin,.. —le susurró ansiosa, observando cómo se tensaban sus facciones.
Al notar el primer contacto, Ashley dio un pequeño respingo.
—Shh... —la tranquilizó él, y sonrió, forzándose a controlarse—. Voy a estar pendiente de tus reacciones —murmuró contra sus labios—, así que en el instante en que sientas el más mínimo dolor lo sabré.
Habían dejado las luces encendidas, pero lo único que Ashley podía ver era el rostro de Kevin. En el silencio de la noche escuchaba su respiración entrecortada, jadeante. Sin embargo, no estaba asustada, ni siquiera por el peso de su cuerpo. Pero entonces el dolor le sobrevino como un cuchillo al rojo vivo. Gritó, y las lágrimas rodaron sin poder contenerlas por sus mejillas.
Kevin se había quedado quieto como si se hubiera convertido en piedra. Entreabrió los labios y la miró incrédulo. Se movió de nuevo, y vio que Ashley apretaba los dientes.
—Lo siento —sollozó ella—, no pares... Está bien, creo que puedo... soportarlo.
— Dios del cielo!
Kevin se retiró, estremeciéndose violentamente.
—Kevin... No tenías... no tenías por qué parar — murmuró ella.
Pero él no estaba escuchándola. Alargó la mano para alcanzar su vaso de whisky, pero las manos le temblaban de tal modo que casi derramó el contenido antes de que llegara a su boca.
Se puso de pie, y Ashley apartó la mirada pudorosa ante su masculinidad erecta.
—Lo siento mucho, Ashley —dijo Kevin.
Se agachó para recoger el pantalón del pijama y ponérselo. Después, fue junto a ella, la tomó en sus brazos y se sentó de nuevo en el sofá con ella encima, acunándola y susurrándole palabras que la calmaran mientras las lágrimas seguían cayendo.
Cuando el llanto paró, Kevin le secó la cara con un ludo. La mejilla de Ashley descansaba contra el hombro de Kevin, mientras que sus senos estaban suaves y apretados contra el estómago de él.
—Eres mi esposa, Ashley —le susurró Kevin al azoramiento—, no pasa nada porque te vea sin ropa
—Lo siento —musitó ella—, supongo que tienes razón. Es solo que esto es... nuevo para mí.
Lo sé —respondió Kevin sonriendo—. Mi esposa virgen... —murmuró acariciándole suavemente los senos — . ¡Oh, Ashley, Ashley...!
— Yo... El doctor Sims me hizo una intervención quirúrgica, pero solo de un modo parcial —le explicó —. Me temo que no fue suficiente —le dijo poniéndose roja como una amapola.
—¿Y por qué no le dejaste que te hiciera la operación completa?
—Para poder demostrarte que no me había acostado con Rob —respondió ella.
— ¡Dios mío! —murmuró él tomándola por la barbilla para que lo mirara a los ojos —. Dios mío, no quiero ni pensar en lo que habría ocurrido si no me hubiera detenido arriba en el dormitorio, o ahora, hace un momento.
—Habría dejado de dolerme, Kevin, seguro... — murmuró ella con timidez.
— ¡Y un cuerno! —Exclamó él suspirando con pesadez—. He sido un bruto, Ashley, por no querer escucharte. Me temo que no te va a hacer gracia, pero deberías ir otra vez a tu médico para que acabe de hacerte esa operación.
—Pero...
—Un poco de dolor es una cosa, pero lo que tienes ahí es... —notó que ella estaba bastante incómoda hablando del tema, así que la abrazó y le dijo—. Ponte la ropa. Te serviré un poco de brandy.
Ashley se levantó y se vistió. Se notaba las mejillas ardiendo. Nunca hubiera imaginado que la intimidad entre un hombre y una mujer fuera así. Estaba contenta a pesar del susto y del miedo, porque había descubierto que Justin era capaz de controlarse, era paciente y considerado cuando quería serlo.
—Ashley —dijo él de pronto—, ¿por qué no habías contado nada de esto?
—¿Y cómo iba a hacerlo? —le respondió ella con un suspiro—. Oh, Kevin, tengo veintisiete años y estoy tan verde como una adolescente... Ni siquiera puedo hablar de esto contigo ahora sin sonrojarme.
— Yo creía que me encontrabas repulsivo —murmuró él—. Nunca pensé... Sí hubiera sabido esto no te habría tratado como te he tratado hasta ahora. Yo... me dolía tanto pensar que me hubieras engañado con otro hombre... y cuando tú me rechazabas yo me sentía fatal.
—Bueno, al menos ahora sabes por qué me apartaba de ti.
Kevin la miró a los ojos largo rato.
— ¡Dios, te deseo tanto...!
— Yo también te deseo, Kevin —musitó ella bajando la vista a la alfombra.
—Pues entonces solucionemos esto: ve a ver al doctor Sims, hazte esa operación, tengamos un matrimonio de verdad, la clase de matrimonio en el que dos personas duermen juntas y tienen hijos.
Ashley volvió a sonrojarse, pero se obligó al alzar la vista hacia él.
—¿De verdad quieres que tengamos hijos?
—Sí, los quiero tener contigo, con nadie más.
—Entonces no tendré que tomar... nada.
—No —contestó Kevin esbozando una sonrisa.
Ashley se quedó allí de pie incómoda, sin saber cómo decirle lo que le quería decir.
—Supongo que no sería una buena idea que durmiéramos juntos después de esto, ¿verdad? —musitó esperanzada de que él le dijera que no, que podían dormir juntos.
—Tal vez no sería lo más sensato, pero vamos a dormir juntos —le respondió Kevin—. Aunque no hagamos el amor, puedo abrazarte mientras duermes.
—Kevin, yo... quería pedirte perdón por tantas cosas— Ashley suspiró aliviada.
— Yo también a ti, Ashley —contestó él inclinándose para besarla suavemente—, pero creo que lo mejor será que dejemos que las cosas vayan poco a poco. No volveré a presionarte.
—Gracias.- Kevin apagó la luz y subieron juntos a su dormitorio.
—¿Seguro que estás bien? —le preguntó cuando ya estaban en la cama, con ella acurrucada contra su cuerpo—. ¿No te he hecho mucho daño?
—No —susurró ella en la oscuridad.
—¿Y tampoco te asusté demasiado? —insistió él preocupado.
—No, Kevin, fuiste muy dulce —lo tranquilizó ella frotando su mejilla contra el pecho de él.
—Así debería hacerse siempre el amor —dijo Kevin—, pero soy un hombre apasionado, señora Jonas, y llevo bastante tiempo de abstinencia.
—¿Unos meses? —preguntó Ashley con una media sonrisa.
—Um... Un poco más —contestó Kevin besándola en la frente—. Unos seis años.
— ¡Cielos! Nunca hubiera imaginado que... —balbució Ashley sorprendida—. Kevin, yo...
— Shhh... Anda, duérmete, tienes que descansar. Volvió a besarla, y la atrajo más hacia sí.

"KEVIN" cap 5 MM 3/5


Capitulo 5

Ashley había albergado la esperanza de que a Kevin se le hubiera pasado un poco el enfado para la hora de la cena, pero para su decepción no fue así. Se sentó a la cabecera de la mesa, y apenas hablaron.
Después, salió del comedor sin decir una palabra, Ashley lo vio subir las escaleras con creciente desesperación. ¡Si pudiera ir tras él, rodearlo con sus brazos y explicarle cómo se sentía...! Pero, ¿cómo iba a hacerlo después de lo ocurrido en el pasado?
La tristeza estaba ahogándola y decidiendo que no podía aguantarlo más se levanto de la mesa, fue por su bolso y salió y se metió en su pequeño deportivo. Si Kevin creía que iba a pasarse el resto de la noche allí sentada sintiéndose miserable estaba muy equivocado
Puso en el motor y salió a la carretera aumentando la velocidad poco, dejándose envolver por esa sensación de libertad que experimentaba al volante, dejando que el viento le desordenase salvajemente los cabellos.
Kevin la odiaba, pero aquello no era nada nuevo hacía años que la odiaba; lo había herido y nunca la perdonaría. Ashley no sabía por qué había accedido a casarse con él: jamás funcionaría. Había sido una idiota, y no podía culpar a nadie más de su propia infelicidad.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no vio la señal de stop hasta que la tuvo casi encima, y la bocina ensordecedora de un camión hizo que la sangre se le congelara en las venas.
Un camión enorme rodaba hacia ella por la autopista. Su pequeño deportivo no era lo suficientemente rápido como para pasar a aquel gigante en la intersección, y no estaba segura de que el coche pudiera frenar a la velocidad a la que iba.
Aun así, con el corazón en la garganta, y la certeza de que iba a morir, pisó el freno con todas sus fuerzas. El chirrido de los neumáticos irrumpió en el silencio de la noche, y el vehículo se descontroló, empezando a girar sobre sí mismo como una peonza. El pánico hizo presa de Ashley, que agarró el volante impotente, y el coche se salió de la carretera, introduciéndose en la hondonada del arcén. Se inclinó hacia el lado, como si estuviera borracho, pero increíblemente no volcó, y Ashley se quedó sentada en el asiento, aturdida pero no herida, aunque sentía el amargor de la bilis en la garganta, y todo le daba vueltas. En ese momento se escuchó el chirrido de otro coche frenando, y cómo su ocupante abría la puerta y corría hacia ella.
— ¡Ashley! —la llamó una voz angustiada, una voz familiar... y a la vez distinta de cómo la recordaba, porque sonaba rota, áspera, y temblorosa—. ¡Contéstame, maldita sea!, ¿estás bien?
Sintió que unas manos grandes y fuertes le desabrochaban el cinturón de seguridad, para después recorrer su cuerpo con exquisito cuidado en busca de alguna herida o un hueso roto.
-¿Estás bien? —volvió a preguntarle la voz. Al fin los ojos de Ashley empezaron a enfocar de nuevo, y vio que era Kevin quien estaba a su lado—. ¿Te duele en algún sitio? ¡Por amor de Dios, vida mía, contéstame!
-Estoy... estoy bien —susurró mareada—. La puerta...
—No consigo abrirla —repuso Kevin—. Yo te sacaré, tranquila...
Se agachó, introdujo los brazos por debajo de las axilas de ella, y tiró hacia arriba con cuidado, sacándola del vehículo con una facilidad sorprendente, cuando tuvo los pies en el suelo, Ashley notó que se tambaleaba ligeramente, él la tomó en brazos con mucha delicadeza para salir del arcén. El conductor del camión había parado a unos metros, y se acercaba a ellos, pero Kevin no pareció advertirlo siquiera. Por la expresión de su rostro cualquiera habría dicho que lo tenía todo bajo control, pero le temblaban los brazos al dejarla en el suelo, sin llegar a soltarla.
Ashley, que ya estaba un poco menos mareada, lo había notado temblar y, al alzar la vista y mirarlo a la cara, se quedó sin aliento. Estaba lívido, con una mirada de auténtico terror en los ojos negros, y tras observarla un instante que pareció eterno, la abrazó como si no fuera a soltarla nunca.
—Oh, Dios mío... —repetía una y otra vez.
Ashley sabía que, mientras viviera, jamás podría olvidar el horror en sus ojos. Le echó los brazos al cuello, acunándolo. Aquella reacción la tenía fascinada. Nunca lo había visto tan agitado, era como si una pequeña grieta se hubiera abierto en su dura armadura.
— Estoy bien, Kevin —le aseguró en un susurro. Se apartó un poco para mirarlo a los ojos, atónita por la vulnerabilidad que reflejaban. Le tocó la boca, y sus dedos se deslizaron por las mejillas hasta el fosco cabello negro—. Amor mío, estoy bien, de verdad.
Tomó la cabeza de Justin entre sus manos, y la atrajo hacia la suya y le plantó un beso en los labios, feliz de que no la rechazara, aunque solo fuera porque no se lo esperaba. Durante varios segundos, fue un beso dulce, inocente, pero pronto una llama pareció encenderse dentro de ella, y apretó la boca con más fuerza contra la de él. Hacía años desde la última vez que se habían besado de verdad, no como aquel beso frío que Kevin le había dado en la boda.
Al gemir Ashley suavemente, Kevin salió del trance en el que se encontraba, y respondió a su beso ávidamente. Solo cuando el conductor del camión llegó junto a ellos, despegó, de mala gana, sus labios de los de ella.
—¿Está usted bien, señorita? —Preguntó jadeando por la carrera que se había dado—. ¡Dios, por un momento creí que la había golpeado...!
—Ella está bien —respondió Kevin—, pero ese deportivo del demonio no lo estará cuando agarre mi rifle.
El conductor del camión suspiró aliviado.
—Maldita sea, menos mal que no perdió usted la cabeza, señorita —le dijo a Ashley admirado—, si no hubiera pisado el freno tan a tiempo ahora estaría muerta y a mí tendrían que internarme en un manicomio.
— Lo siento —sollozó ella, derrumbándose por el susto que acababa de pasar—, lo siento tanto... Ni siquiera lo vi venir...
El joven camionero sacudió la cabeza.
—No se preocupe más de eso, lo importante es que no ha pasado nada. ¿Seguro que está bien?
Ashley asintió, forzando una sonrisa temblorosa.
—Gracias por parar a ver cómo estaba. Después de todo no ha sido culpa suya.
—Aun así no me habría sentido bien si le hubiera pasado algo —le contestó el hombre—. Bueno, si está usted bien me pondré en marcha de nuevo.
—Como le ha dicho mi esposa, gracias por parar dijo Kevin tendiéndole la mano. El hombre se la estrechó y se alejó.
Kevin tomó de nuevo en brazos a Ashley, y la llevó a su Thunderbird, sentándola con el mayor cuidado en su interior.
—Kevin, ¿y mi coche? ¿No vas a llamar a la grúa. Mira qué...
Los ojos negros de él se clavaron en los de ella.
— ¡A la mierda con ese condenado coche! — bramó irritado.
Cerró de un golpe la portezuela de Ashley y rodeó el coche para entrar también en él. Cuando se sentó, agarró el volante con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, y ella supo que se avecinaba tormenta. Kevin estaba muy agitado, se notaba que necesitaba descargar su furia sobre alguien, y tras haberse cerciorado de que ella estaba bien, Ashley imaginaba que estaba preparando los cañones.
—Adelante, dispara —le dijo llorosa, buscando un pañuelo de papel en la guantera—, me merezco todas las reprimendas que puedas echarme. Iba conduciendo muy deprisa y no me fijé en la señal de stop —sorbió por la nariz mientras seguía rebuscando en vano—. ¿Cómo llegaste tan rápido?
Kevin suspiró, y se sacó del bolsillo de la chaqueta un pañuelo inmaculado de algodón que le tendió.
—Te seguí —le explicó concisamente—. Oí el ruido de un motor arrancando, me asomé a la ventana y vi el coche alejándose. Temí que fueras a desahogarte corriendo por la autopista... como has hecho, así que te seguí —giró la cabeza hacia ella mirándola enfadado a los ojos—. Dios mío, al ver el coche girar y salirse de la carretera sentí que estaba pagando por pecados que ni siquiera he cometido.
Ashley podía imaginar lo terrible que había sido para él ver cómo se descontrolaba el automóvil.
—Lo siento —musitó. Se abrazó temblorosa. Kevin resopló irritado.
—Lo sientes... Es todo lo que puedes decir, ¿verdad? — le espetó—. Bien, pues ya puedes ir despidiéndote de ese maldito deportivo. Tus días de conductora temeraria han terminado.
— ¡No tienes derecho a mangonear en mi vida de ese modo! —le gritó Ashley con los labios temblorosos y los dientes apretados—. ¡No eres mi tutor!
— No —reconvino él con una sonrisa cruel—, es cierto, soy tu marido, el marido de una mujer santa y virginal que deja que cualquiera, excepto yo, la toque.
Aquello fue demasiado para Ashley. Rompió a llorar de nuevo con amargura, volviendo el rostro hacia la ventanilla.
—Oh, no... —Gruñó Kevin — , por amor de Dios, no llores, no soporto ver llorar a una mujer.
—Pues entonces no me mires, maldita sea —le espetó ella entre sollozos.
Kevin maldijo entre dientes. Se sentía como si le hubieran pegado una patada.
—Por favor, Ashley, deja de llorar. No pasa nada, lo importante es que no estás herida —le dijo en un tono de voz más suave, más sosegado.
Le acarició el cabello vacilante, y de pronto, entre la maraña de recuerdos de lo que había ocurrido minutos antes, relumbró un gesto de ella: le había acariciado el rostro, susurrándole algo, y después lo había besado para consolarlo. ¿Qué era lo que le había susurrado...?
—Me llamaste «amor mío»... antes, cuando te saqué del coche —dijo en voz alta aturdido al recordarlo. Ashley dio un respingo.
—¿Eso dije? Debió ser por el golpe —murmuró sorbiendo suavemente por la nariz y secándose los ojos—. ¿Podemos irnos a casa, Kevin? Necesito beber algo fuerte que haga que vuelva a entrarme el alma en el cuerpo.
—Y luego me... besaste —continuó él. No iba a dejar que evadiera el asunto.
Ashley se puso pálida de repente y después enrojeció.
—Es que estabas muy alterado y quise tranquilizarte —se excusó sin atreverse a mirarlo a la cara.
—He estado alterado otras veces, y nunca me has besado, Ashley —replicó él mientras giraba la llave en el contacto, con los ojos entornados—. De hecho, ni siquiera cuando salíamos juntos diste jamás el primer paso.
—Creo que me he dejado el bolso en el deportivo murmuró Ashley azorada.
Kevin suspiró molesto ante aquella nueva evasiva, pero alargó el brazo bajo el asiento de ella, y lo sacó de allí, colocándoselo en el regazo.
—Gracias —murmuró ella.
—Recuéstate en el asiento y descansa. Enseguida llegaremos a casa.
Ashley obedeció y cerró los ojos, mientras que Justin volvió la vista de nuevo a la carretera, pensativo.
¿Sería posible que hubiese estado equivocado todo el tiempo? Hasta entonces había estado muy seguro de que ella lo había rechazado porque le provocaba repulsión, pero, ¿cómo interpretar entonces la apasionada presión de aquellos labios tan cálidos y ansiosos sobre los suyos minutos atrás? Claro que ella había estado muy asustada en ese momento, y el miedo producía reacciones curiosas en las personas. Pero si la había preocupado hasta el punto de besarlo para tranquilizarlo, algo tenía que sentir por él, se dijo confuso.
Cuando llegaron al rancho, aparcó frente a la casa y, pese a las protestas de Ashley, la llevó en brazos hasta la habitación de invitados, y la depositó despacio sobre la cama, mientras sus ojos se fijaban hambrientos en el modo en que aquel condenado vestido rojo y blanco marcaba cada curva de su cuerpo. No tenía el escote demasiado pronunciado, pero si dejaba entrever la parte superior de sus firmes senos.
Al ver la tensión en los rasgos de él, Ashley frunció el entrecejo.
—¿Qué ocurre?
—Nada —respondió Kevin irguiéndose—. Date un baño y cámbiate. Después te llevaré al médico para que te examine, para asegurarnos de que no tienes lesiones internas.
— ¡Pero si te he dicho que estoy bien! —exclamó ella.
—Tú no eres médico, Ashley, y yo tampoco. Has tenido un accidente y vas a ir a que te vean. Date prisa en tomar ese baño y ponte algo que no sea demasiado... sexy —dijo, como irritado.
Ashley enarcó una ceja sorprendida y abrió la boca para decir algo, pero Kevin ya había salido de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Ashley resopló frustrada. ¿Por qué no tenía nunca en cuenta su opinión?, ¿por qué tenía que ser siempre él quien tomase las decisiones? Sentía deseos de agarrar algo y estrellarlo contra el suelo. Rompió a llorar, rabiosa, pero a pesar de todo se fue al cuarto de baño.
Cuando salió de la bañera, algo más calmada, se seco el pelo, y se puso una blusa blanca, una falda gris, un pañuelo gris y rojo en el cuello para darle un poco de color al conjunto. Mientras se vestía, le estaba dando pilas a las últimas palabras de Kevin. No entendía por le había dicho aquello de que no se pusiera algo demasiado sexy. Era absurdo, si ella casi nunca se ponía nada que... A menos que... ¿Podía ser que le hubiera parecido sexy el vestido rojo y blanco que llevaba puesto antes? Una sonrisa tonta se dibujó en su rostro. Era la primera vez, desde que se habían casado, que admitía sentirse atraído por ella.
Aquel beso había sido maravilloso, y los labios aún le cosquilleaban por el contacto con los de él. Y entonces, de pronto, Ashley cayó en por qué había sido tan maravilloso... ¡Porque había sido ella quien había llevado las riendas! Frunció el entrecejo pensativa. ¿Y si...?
Pero sus cavilaciones se vieron interrumpidas por unos golpes en la puerta. Cuando abrió se encontró a Kevin esperándola impaciente.
—¿No estás lista aún?
—Iba a bajar ahora mismo.
—Bien, pues vayámonos.
En el pabellón de Urgencias del hospital los atendió el doctor Hays, un médico joven muy agradable, que parecía encontrar divertida la preocupación y la irritación de Kevin.
—Tendrá dolores musculares durante un par de días, señora Jonas —le dijo tras reconocerla—. Solo una cosa más... ¿No está embarazada, verdad? — le preguntó. Le pareció curioso que ella se ruborizara y Kevin mirara hacia otro lado—. Quiero decir, el accidente podría haber dañado al...
—No estoy embarazada —lo interrumpió Ashley azorada.
—Ah, bien, en ese caso no hay de qué preocuparse Le daré un relajante muscular por si lo necesitara para descansar bien esta noche. Y también puede tomar un analgésico si tuviera dolores. Y por supuesto si necesitan algo no duden en ponerse en contacto conmigo.
Ashley y Kevin le estrecharon la mano y le dieron las gracias antes de que el médico los acompañara hasta la recepción para pagar la factura y que les entregaran los medicamentos.
Kevin estuvo muy callado durante todo el camino a casa, y Ashley sabía por qué: había sido aquella pregunta del médico sobre si estaba embarazada. Eso debía haberle recordado la situación antinatural de su convivencia, y reavivado su frustración.
—Teníamos que haberle dicho que, si estuvieras embarazada, el Papa lo habría anunciado como un milagro —masculló mientras aparcaban y apagaba el motor.
Asley optó por ignorar sus puyas. Se notaba demasiado cansada y dolorida como para contestar.
—¿Qué ha pasado con mi coche? —le preguntó—. Hemos pasado el cruce y ya no estaba allí. ¿Llamaste a la grúa para que lo llevaran al taller?
Kevin la miró un instante, pero volvió a apartar la mirada.
—No quieres hablar de ello, ¿no es cierto, Ashley?
—Soy frígida —murmuró ella hastiada—, tú lo dijiste. Dejémoslo así... a menos que quieras el divorcio, claro está.
—Lo que quiero es una esposa de verdad, maldita sea —le espetó él con dureza—. Y niños, quiero niños, Ashley —añadió, en un tono que denotaba una cierta vulnerabilidad.
Ella echó la cabeza hacia atrás en el asiento, y se mordió el labio inferior.
—Probablemente no lo creerás, pero yo también quiero tenerlos, Kevin.
El se giró en el asiento para mirarla.
—¿Y cómo piensas hacerlo sin ayuda?
Ashley aferró el bolso entre sus manos.
— Es que... me da miedo... —confesó en un hilo de voz.. Estaba demasiado cansada hasta para mentir, para buscar excusas.
Hubo una larga pausa.
— Bueno, tengo entendido que dar a luz no es tan terrible como solía ser en el pasado —dijo Kevin—. Y hay medicamentos que pueden aliviar los dolores.
Ashley se quedó de piedra. ¡Lo había entendido totalmente al revés! ¡Creía que tenía miedo al parto! Se quedó mirándolo sin saber cómo explicarle su error.
—Y tampoco tenemos por qué tenerlos ya... — insistió Kevin.
Había vuelto la cabeza hacia la ventanilla como si para él también fuera embarazoso hablar del tema. La verdad era que siempre le había costado tratar con los demás de temas íntimos. Sí, se dijo Ashley, en cierta forma eran muy parecidos.
— Podrías pedirle a tu médico que te recetara «algo» para no quedarte embarazada, o yo podría usar «algo» cuando... No voy a obligarte a tener hijos contra tu voluntad.
Ashley se puso roja como la grana al comprender que le estaba diciendo que no tenían qué tener hijos aún, pero sí podían hacer «eso».
—Yo... —dijo carraspeando—. ¿Podemos entrar en la casa?, estoy cansada y me duele todo.
—Ashley, a mí también me cuesta hablar de esto —murmuró él—, pero quería que lo supieras, me gustaría que lo pensaras, porque si es por eso por lo que no quieres que te toque...
—Kevin, por favor... —gimió ella, escondiendo el rostro entre las manos.
Él exhaló un profundo suspiro.
—Lo siento, no sé para qué he dicho nada —murmuró con amargura.
Salieron del coche, y caminaron en silencio hasta la casa, cada uno sumido en sus pensamientos.
— Ve subiendo a acostarte —le dijo Kevin —. ¿Quieres que te lleve algo de comer?
—No, gracias —respondió ella.
Se detuvo al pie de la escalera, y pasó la mano ensimismada por la barandilla, como si no quisiera subir aún. Alzó los ojos y miró a Kevin con una mezcla de anhelo desesperado y vergüenza.
—No debería haberme casado contigo —murmuró con voz ronca—. No quería hacerte infeliz.
La mandíbula de Kevin se tensó.
—Yo tampoco pretendía hacerte infeliz, pero es lo que he hecho.
Ashley se quedó dudando un instante, sin saber si debía preguntarle aquello en ese momento.
—No me has dicho qué ha pasado con mi coche. Vas a devolvérmelo, ¿verdad?
—Si eso es lo que quieres... —contestó él alzando la barbilla y frunciendo los labios—, siempre podemos convertirlo en una pieza de arte moderno.
Ashley frunció el entrecejo sin comprender.
—¿Qué quieres decir?
—Ahora debe medir unos doce centímetros de ancho y un metro y medio de largo. Supongo que si le ponemos un marco quedaría muy bien en la pared.
—¿De qué estás hablando? —exclamó Ashley enfadada—. ¿Qué has hecho con él?
—Llamé al viejo Doyle para que se lo llevara. Ashley se quedó paralizada.
—Pero Doyle... tiene una chatarrería —murmuró.
—Exacto —asintió él con una breve sonrisa—, y tiene una máquina nueva, que deja los coches como si fueran papel de fumar.
—¡Lo has hecho a propósito! —exclamó Ashley
Rojo de ira.
—Sí, maldita sea —replicó Kevin con un brillo de judicante en los ojos—, si lo hubiera devuelto al concesionario no habría podido estar seguro de que no volverías a comprarlo. De este modo, me he asegurado de que no volverías a por él.
— ¡Ni siquiera había acabado de pagarlo! Kevin sonrió burlón.
—Estoy seguro de que se te ocurrirá algún modo de explicárselo a la compañía de seguros. No sé, ¿la presión atmosférica?, ¿las termitas...?
Al principio Ashley había pensado pasar sin el relajante muscular, pero cuando subió a su habitación para acostarse, furiosa todavía con Kevin por lo que había hecho, tenía todo el cuerpo en tensión, así que se tomó el comprimido con un poco de agua, se puso su pijama de satén, y se metió bajo las sábanas.
Minutos más tarde se había quedado dormida, pero entonces comenzó a soñar: iba conduciendo a toda velocidad por los Alpes, tomando con destreza cada curva, cuando de pronto la carretera se cubría de hielo, el coche patinaba, y ella perdía por completo el control sobre el vehículo. El coche rodaba y rodaba, precipitándose montaña abajo... El freno se había atascado y no podía hacer nada, excepto esperar el impacto y gritar...
Unas manos fuertes la sacudieron con delicadeza, levantándola de la almohada.
—Shhh... Tranquila —le dijo una voz masculina tranquila... —Estabas soñando.
Ashley se despertó por completo, como si alguien hubiera accionado un interruptor en su cerebro. Kevin la sostenía por los hombros, y la observaba preocupado
—El coche... —murmuró Ashley — Estaba rodando montaña abajo...
—Estabas soñando, cariño —le dijo Kevin apartándole los desordenados cabellos de las ardientes mejillas y los hombros—. Era un sueño nada más. Estás a salvo.
—Siempre lo he estado a tu lado —respondió ella involuntariamente, apoyando la cabeza en su hombro Exhaló un profundo suspiro, sintiéndose ya relajada y segura. Sin embargo, al mover la cabeza para acomodarse mejor, notó que su mejilla rozaba no la tela de una camisa de pijama, sino piel.
La luz estaba encendida y Justin se había sentado a su lado en la cama con el cabello revuelto. Ashley contuvo el aliento mientras se apartaba despacio, turbada, pero volvió a respirar con normalidad cuando vio que al menos llevaba puesto un pantalón de pijama. Aun así, la visión del musculoso torso desnudo, y del vello rizado extendiéndose por él, hasta desparecer bajo el elástico del pantalón, resultaba espectacular. Además, le daba la impresión de que no llevaba nada debajo, y la sola idea la hizo sentirse amenazada.
Flexionó las piernas y se abrazó las rodillas, apoyando la frente contra ellas.
—Supongo que lo que ha ocurrido hoy ha hecho que vuelva a mi memoria el accidente que tuve en Suiza —murmuró—. La verdad es que de aquello recuerdo más bien poco. Me dijeron que tuve una conmoción cerebral y que te llamaba todo el tiempo, noche y día... —dijo sin pensar.
—¿A mí y no a tu amante?
—Yo nunca tuve un amante, Kevin —replicó ella. Cuántas veces más tendría que negar esa acusación?
— Y yo soy cura.
Kevin se levantó y la miró enfadado. Estaba preciosa con aquel pijama de satén, y estaba seguro de que no podría dejar de pensar en ella en toda la noche.
La camisa era bastante escotada, y le había permitido fijarse un instante a aquel tentador balcón de sus senos. Parecían pequeños, pero perfectamente formados a juzgar por el contorno que formaban bajo la tela. Se esforzó a apartar la vista, porque estaba empezando a sentir un deseo irrefrenable de destaparlos.
—Bueno, será mejor que vuelva a la cama e intente dormir un poco. Mañana tengo una cita en el banco a primera hora.
Ashley lo vio dirigirse hacia la puerta con profunda tristeza. El abismo entre ellos se iba haciendo cada vez mayor, y cada día que pasaba lo hacía más infeliz.
—Gracias por venir a ver si estaba bien —musitó. Kevin se detuvo frente a la puerta con la mano en el picaporte, y le dijo sin volverse:
—Sé que preferirías morir antes de hacerlo, pero si vuelves a tener otra pesadilla, puedes venirte a mi dormitorio —dejó escapar una risa sin alegría—. Y no tienes que temer nada, no volveré a arriesgarme a que destroces mi orgullo: el gato escaldado huye del agua.
Y se marchó, antes de que ella pudiera contestarle. Ashley contrajo el rostro dolida por sus palabras. ¿Por qué no podía solucionar aquello de una vez? ¡Tenía que decírselo! «¡Por amor de Dios, Ashley!, ¡actúa como una persona madura!, tienes veintisiete años...» Decidida, se levantó de la cama, encendió la luz y se dirigió hacia la puerta. Había llegado el momento, Kevin tenía que saber la verdad.

"KEVIN" cap 4 MM 2/5


CAPITULO 4

Ashley había albergado esperanzas de que Kevin la amara aún, de que se hubiera casado con ella porque todavía sentía algo por ella, no solo por lástima, pero el día de la boda la había convencido que, si había quedado en él algún resquicio de aquel amor, se había desvanecido por completo a causa de la amargura de los últimos seis años.
No sabía cómo superar sus propios temores y el resentimiento de él. Su matrimonio se presentaba ante sus ojos tan vacío como había sido su vida hasta entonces. No habría en ella bebes con el pelo negro de Kevin a los que criar, no harían el amor dulcemente a oscuras, como había soñado, no compartirían el gozo de construir una vida juntos... Solo tendrían dormitorios separados, vidas separadas, y la sed de venganza de él.
Se había ido deprimida a dormir la noche anterior, pero los días que siguieron no fueron mejores. Kevin toleraba su presencia, pero casi siempre estaba fuera.
Durante las comidas solo le dirigía la palabra si era necesario, y nunca la tocaba. Era como un anfitrión u educado en vez de un marido.
Ashley estaba empezando a sentirse desesperada Zac Efron le había dado unos días libres, para luna de miel, pero, ¿qué luna de miel podía esperar? Al día siguiente a la boda, Kevin se había despedido de ella de un modo impersonal tras el desayuno, y había marchado directamente a la nave. Ashley trato de entretenerse, yendo incluso con la loca de Selena hacer rafting y puenting, pero al cabo de varios días sintió que ni siquiera las emociones fuertes la llenaban, y llamó a la oficina para saber cómo iban las cosas. Echaba muchísimo de menos el trabajo porque, era lo único que la ayudaba a no pensar en su desastroso matrimonio y en sus problemas.
La secretaria suplente, Vanessa Hudgens, contestó el teléfono. Por el tono entrecortado de su voz era más que evidente que la poca paciencia del señor Efron estaba volviéndola loca, así que Ashley se puso un vestido veraniego blanco y rojo y decidió irse a la oficina.
El viejo sedán se estropeó en medio de la carretera y tuvo que llamar para que lo remolcaran hasta el taller-concesionario de Tisdaleville.
Una vez allí, como si fuera cosa del destino, los ojos de Ashley se posaron sobre el pequeño coche deportivo que fuera de Miley y está había vendido al concesionario. El verlo le trajo muchos recuerdos. Ella había conducido uno muy parecido durante los seis meses más oscuros de su vida, los meses que había pasado en Suiza después de devolverle a Kevin su anillo. Le encantaba aquel coche, pero había tenido un accidente con él y había quedado inservible. En contra de lo que se pudiera pensar, el choque no la había hecho, perder el entusiasmo por los coches rápidos, y allí estaba aquel, tentándola. Siempre le había gustado la sensación de libertad que daba conducir a toda velocidad por las autopistas.
Como el tipo del concesionario sabía quién era, ni siquiera le requirió un aval, y acordaron el pago en varios plazos que ella podía pagar de su propio salario.
Así pues, Ashley salió del concesionario conduciendo su coche seminuevo, y al aparcarlo junto a la oficina y bajarse, se quedó admirándolo un buen rato, satisfecha. Estaba encantada de poder pagarlo sin ayuda de Kevin Hasta entonces había dependido siempre del dinero de su padre, y poder tener independencia económica le resultaba muy satisfactorio. En ese momento le dio un poco de rabia haberse precipitado a casarse por el miedo a estar sola. Aspiraba a algo más en la vida que a tener un techo bajo el que cobijarse, pero eso ya no iba a suceder.
Cuando entró en la oficina halló a Zac Efron caminado arriba y abajo, mientras la secretaria suplente gimoteaba. Ambos se volvieron al verla entrar. -¿Qué ocurre? —inquirió dejando el bolso sobre la mesa de la secretaria y sonriendo.
La chica se puso a llorar aún más ruidosamente.
—¡No hace más que chillarme! —sollozó señalando a Zac Efron, que parecía furioso.
—¡Porque eres una incompetente! —le espetó él.
– Esta bien, está bien... —los tranquilizó Ashley—. me encargaré de todo. Nessa, ¿por qué no le haces una taza de café al señor Efron mientras yo arreglo lo que te ha salido mal? Luego te enseñaré a actualizar los archivos para mantenerte ocupada, ¿de acuerdo? Vanessa sonrió, secándose los ojos castaños.
—De acuerdo.
Se levantó para dejar el asiento a Ashley y fue a la sala donde estaba la máquina del café.
—Estás de permiso por tu luna de miel, Ashley no deberías estar aquí — le dijo su jefe.
—¿Por qué? Kevin está trabajando, no veo por qué no puedo hacerlo yo también.
—Bueno... —murmuró él frunciendo el entrecejo
— Dígame qué hay que hacer —lo interrumpió ella. No quería hablar más de ese tema.
El señor Efron le tendió dos folios a mano y llenos de abreviaturas; que quería que fueran transcritos a cristiano, y le explicó que quería cincuenta copias dirigidas a distintos destinatarios con sus direcciones correspondientes.
—Simple, ¿verdad? —le dijo arrojando los brazos al aire—. Pues fue darle eso y se puso a llorar como una magdalena —hizo un gesto irritado con la cabeza hacia la puerta tras la que había desaparecido Vanessa.
Ashley también quería llorar. Sudaba tinta cada vez que tenía que traducir los garabatos del señor Efron, y todas aquellas abreviaturas legales eran una auténtica pesadilla.
—Hasta me preguntó para qué servía esto — exclamó Zac Efron tomando un disquete y enseñándoselo a Ashley—. ¡Creía que eran negativos!
Ashley tuvo que morderse el labio inferior para no reírse.
—Es que no tiene conocimientos de informática —la disculpó.
—Sí, pero eso no es excusa para que no tenga cerebro —espetó él exaltado.
La pobre Vannesa volvía a entrar en ese momento con el café y se quedó mirándolo con la boca abierta y las cejas fruncidas, totalmente indignada.
—¡Eso es muy grosero e injusto por su parte, señor Efron!
—¿No te dijeron en la empresa de trabajo temporal que para este puesto tenías que saber manejar un ordenador?-rugió él.
—Sí que sé manejar un ordenador! —se defendió la chica—. He jugado con el Atari de mi hermano un par de veces.
Entonces fue al señor Efron a quien parecieron entrarle ganas de llorar. Apretó los dientes, masculló algo incomprensible y se metió en su oficina dando un portazo.
—No me dijeron nada de que tuviera que usar uno de estos chismes —le confesó Vanessa a Ashley—. Me preguntaron si tenía formación como administrativa y la tengo..., pero no sé leer sánscrito —murmuró señalando los garabatos de su jefe.
Ashley se echó a reír. Era maravilloso poder reír de nuevo. Le dio las gracias mentalmente a Dios por su trabajo, porque era lo único que podía ayudarla a mantener la cordura casada con un hombre que la detestaba. Sacudió la cabeza y se dispuso a explicarle a Vanessa cómo utilizar el programa. Tras el almuerzo, el señor Efron estaba más relajado, e incluso empezaba dar muestras de tolerar a la secretaria suplente. De hecho ni siquiera gruñó cuando Ashley le sugirió que no iría mal hacer fija a la chica porque el volumen de trabajo se había incrementado en las últimas semanas. Cuando finalizó su jornada, Ashley volvió a subirse al flamante deportivo y puso rumbo a casa. Al tomar la autopista pisó el acelerador, encantada de ver que iba como la seda. Adoraba la velocidad, el viento despeinándole el cabello, y esa maravillosa sensación libertad. A partir de entonces, se prometió a sí misma, iba a disfrutar de la vida.
Delante de ella iba una camioneta bastante lenta, pero, en vez de aminorar la velocidad, Ashley pisó el pedal del acelerador y la adelantó, volviéndose a meter en su carril justo antes de que un coche blanco que iba en dirección contraria chocara con ella. Le pareció que le resultaba familiar, pero no se molestó en mirar por el retrovisor cuando lo dejó atrás. Tomó el desvío, aumentando un poco más la velocidad. No tenía ganas de volver todavía a su «celda» en el rancho, todavía no.
Nick maldijo entre dientes al aparcar frente a la nave. Aquel coche que casi había chocado con él era el antiguo deportivo de Miley, y era Ashley quien iba al volante. La había visto en unas décimas de segundo, pero le habían bastado para reconocerla. Iba riendo como una loca, como si disfrutara con la velocidad, y su cabello rubio ondeaba al viento.
Entró en el despacho de Kevin, quien se extrañó al verlo allí.
—Ya es casi la hora de cerrar —comentó echando una mirada a su Rolex —. No sabía que regresabas hoy de Montana.
— Echaba de menos a Miley —contestó Nick con una sonrisa—. Y hablando de Miley... —añadió sentándose en el filo del escritorio de su hermano—. Hace un rato casi me estrello contra una salvaje que iba conduciendo su antiguo deportivo. Iba al menos a ciento veinte.
—Oh, ¿al final se lo vendió el del concesionario?
— Ya lo creo que sí, no me hacía ninguna gracia que condujera un coche tan poco seguro.
—Ya veo —contestó Kevin repasando unos papeles—. Supongo que la mujer de algún otro tonto lo habrá comprado.
—Em... te pasaré por alto lo de haber sido el primer tonto —contestó Nick frunciendo los labios—, pero no creo que te haga gracia saber que tú eres el otro.
Al comprender a qué se refería, Kevin se quedó de piedra y alzó la cabeza al momento.
—¿Me estás diciendo que Ashley iba conduciendo ese deportivo?
—Me temo que sí —murmuró Nick, contrayendo el rostro ante la furia de su hermano mayor.
Kevin no podía creer lo que estaba oyendo. Sabía que Ashley no era feliz a su lado, pero estaba tratando con todas sus fuerzas de evitar confrontaciones, de ayudarla a adaptarse, e incluso estaba guardando las distancias a la vez que intentaba ocultarle su frustración cuando ella daba un respingo cada vez que lo veía aparecer. Pero... ¡comprarse un deportivo para intentar matarse! Aquello era demasiado. Se levantó, agarró el sombrero del perchero y se detuvo frente a la puerta para preguntarle a Nick:
—¿Iba en dirección a casa?
—No, iba en la dirección opuesta —contestó él. Se quedó mirándolo con los ojos entornados—. Kevin... no van bien las cosas entre vosotros, ¿verdad?
Su hermano mayor lo miró furibundo.
—Mi vida privada no es asunto tuyo. Nick se cruzó de brazos con terquedad.
— Miley dice que a Ashley le ha dado por hacer muchas locuras últimamente, y que tú no haces nada por detenerla. Sin ir más lejos, me ha contado que el fin de semana pasado se fue a hacer puenting con Selena... ¿Tan empeñado estás en vengarte de ella?
—Lo estás poniendo como si fuera una suicida — repuso Kevin fríamente—, y no lo es.
—Si fuera feliz no iría por ahí tratando de romperse la cabeza —insistió su hermano—. Tienes que intentar dejar atrás el pasado. Ya es hora de que olvides lo que ocurrió.
—Para ti es fácil decirlo —le espetó Kevin con una mirada peligrosa—. ¡Me dejó tirado por un tipo con el que se acostaba mientras salía conmigo!
Nick se quedó mirándolo de nuevo.
— Bueno, tal vez no hayas sido tan mujeriego como lo fui yo antes de pasar por el altar — le dijo —, pero tampoco se puede decir que hayas sido un santo, hermano. ¿Y si Ashley no pudiera aceptar que haya habido mujeres en tu pasado?
—Estábamos prometidos; era mía. Yo, como un imbécil, tuve todo el tiempo mucho cuidado de no fastidiar nuestra relación: apretaba los dientes para contener mi deseo, para no asustarla, porque cada vez que la tocaba se apartaba de mí... Y luego me enteré de que había estado engañándome con ese niñato rico desde el principio. ¿Cómo crees que me siento? —rugió—. Y encima tuvo la desfachatez de restregármelo por la cara, diciéndome que yo era demasiado pobre como para satisfacer sus caros gustos, que quería a alguien con dinero.
—Pero no se casó con Pattinson, ¿verdad? —repuso Nick—. Según me contó Joe, se fue a Europa y le dio por hacer locuras, igual que está haciendo ahora. Tuvo un accidente en Suiza, Kevin, en un deportivo —añadió—, un deportivo como el de Miley.
Kevin lo estaba mirando entre horrorizado e incrédulo.
—Nadie me había contado eso.
—¿Acaso has escuchado alguna vez a alguien que tratara de hablarte de algo relacionado con los Tisdale? — replicó Nick—. Solo hace unos meses que te has calmado lo suficiente como para que se te pueda hablar de los Tisdale sin que saltes.
—Yo la quería —murmuró Kevin—. No puedes imaginarte cómo me sentí cuando rompió nuestro compromiso.
— Sí que puedo —contestó Nick quedamente—. Estaba allí, y sé por lo que pasaste, pero nunca te paraste a pensar que tal vez ella tuviera una razón para hacer lo que hizo. Trató de explicártelo en una ocasión, pero tú ni siquiera quisiste escucharla.
— ¿Qué había que escuchar? —lo cortó Kevin perdiendo la paciencia—. Ya me había contado la verdad.
—Yo jamás he creído que aquello fuera la verdad —repuso Nick—. Y tú tampoco lo habrías creído de no haber sido porque por primera vez en tu vida te habías enamorado, y porque te sentías tremendamente inseguro, porque no te valorabas lo suficiente como para creer que una chica como Ashley quisiese estar a tu lado. Estabas siempre preocupado por la posibilidad de perderla por otro hombre... Incluso ante mí, ¿recuerdas?
Kevin no podía negar que estaba diciendo la verdad. Sabía que había sido muy posesivo con respecto a Ashley. Diablos, aún lo era, pero, ¿cómo no iba a serlo? Ella era preciosa y él... él...
—Tu forma de actuar solo la aleja de ti, Kevin,
—¿Y qué quieres que haga, que la ate y la encierre en el sótano? —le espetó su hermano con una risa amarga—. No puedo hacer que se quede a mi lado si ella no quiere. Demonios... ni siquiera me deja tocarla. Cuando intenté hacerle el amor la noche que nos prometimos, se apartó de mí como si tuviera la peste — dijo apartando la vista—. Me tiene miedo.
—¿Y no te parece curioso —murmuró Nick escogiendo cuidadosamente las palabras - que a una mujer que ha tenido un amante le dé pánico el sexo?
Y antes de que Kevin pudiera responder, salió del despacho y abandonó la oficina.
Kevin se quedó allí de pie, anonadado por las revelaciones de su hermano, hasta que recordó la situación, y se dio cuenta de que habían pasado varios minutos. Nick lo había entretenido demasiado. ¿Y si a Ashley le había ocurrido algo mientras tanto...? No quería ni pensarlo.
Recorrió la carretera en una y otra dirección con su coche, pero no vio signo alguno del deportivo.
Más tarde, cuando llegó a la casa, casi cayó de rodillas, aliviado, al verlo aparcado frente al porche.
Inspiró profundamente antes de entrar, procurando controlar el temblor de sus manos que le había causado el miedo a encontrarla en alguna cuneta.
Ashley estaba en el comedor charlando con María acerca de una receta.
Cuando lo oyó entrar, alzó la vista, y entonces la risa y la animación se disiparon de su rostro, como si se hubiese producido de pronto un eclipse.
—He cambiado de coche —le dijo a Kevin desafiante antes de que él pudiera decir nada—. ¿Te gusta? Es el que tenía Miley antes. Ni siquiera me han pedido un aval, y voy a pagarlo a plazos... de mi salario —le aclaró.
Kevin lanzó a María una mirada cuyo significado esta conocía muy bien, y se levantó de inmediato para dejarlos a solas. Kevin se sentó a la cabecera de la mesa y encendió un cigarrillo, recostándose en la silla para mirarla fijamente.
—Lo último que necesitas es un coche deportivo, porque, según he oído, ya conduces a demasiada velocidad.
Ashley escrutó sus ojos negros, leyendo la preocupación en ellos.
—Alguien me vio en el coche esta tarde —adivinó.
Kevin asintió con la cabeza.
—Nick—le dijo.
— Sí, me pareció que era él —murmuró Ashley dándole vueltas a la fina alianza de oro en su dedo—. No soy una imprudente, es solo que me gusta la velocidad —le dijo incómoda.
—Pues a mí no me gustan los funerales —le espetó él—. Y no tengo intención de asistir al tuyo, así que mañana devolverás el coche o lo devolveré yo.
— ¡Es mío! —exclamó ella. Sus ojos verdes relampaguearon de ira—, ¡y no voy a devolverlo!
—No pienso discutir esto contigo, cariño. Nick me ha dicho que destrozaste un deportivo como el de Miley en Europa.
—Eso fue un accidente —se defendió ella sonrojándose.
—Pues aquí no tendrás ninguno —le dijo Kevin—. No voy a dejar que te mates.
— ¡Por amor de Dios, Kevin, no soy una suicida! —protestó ella.
—No he dicho que lo seas, pero por lo visto necesitas a alguien que te ponga firme.
—Yo no soy Miley, Kevin —le espetó Ashley. Los dulces rasgos de su rostro se endurecieron—. No necesito un tutor.
Él no contestó a eso, pero se quedó mirándola un buen rato en silencio.
—Y ya que estamos hablando de esto... Tampoco me gusta que trabajes para Zac Efron.
La irritación se estaba apoderando de Ashley. Era como si de repente sintiera que le estaban quitando el control de su vida.
—Kevin, yo no te pregunté si te gustaba o no —le recordó—. Antes de casarnos te dije que quería seguir trabajando.
—Aquí hay mucho que hacer. Puedes ocuparte de organizar las tareas de la casa. Ashley lo miró indignada.
—María sabe muy bien lo que hay que hacer. Y antes de que se te ocurra sugerirlo, no quiero quedarme en casa todo el día en pijama y bata de seda, dando fiestas un día sí y otro también. Ya he tenido bastante de eso en mi vida.
—Yo creía que echarías de menos esas cosas, esa época en que no tenías que mover un dedo. Shelby suspiró.
—Mi padre me veía solo como un florero —le confesó con tirantez—. Se habría puesto furioso si hubiera intentado cambiar esa imagen.
—¿Le tenías miedo? —inquirió Kevin frunciendo el ceño ligeramente.
—Me consideraba como algo de su propiedad — alzó la mirada, y la sorprendió ver curiosidad en los ojos negros de él—. No era fácil vivir con un hombre como él, y tenía formas bastante desagradables de ajustamos las cuentas cuando a Joe o a mí se nos ocurría desobedecer —le explicó—. Tú fuiste el segundo hombre con el que me dejó salir, y el primero con el que podía quedar a solas —vio que se reflejaba sorpresa en el rostro de él —. ¿Te extraña lo que te estoy contando? —Inquirió riéndose sin alegría—. ¿Qué creías?, ¿Qué mi padre me permitía llevar la vida de una fresca? Le aterraba la idea de que pudiera seducirme un caza fortunas; nuestra casa era para mí como una jaula dorada.
Kevin no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Ladeó un poco la cabeza y entornó los ojos.
—¿Te importaría repetir eso? ¿Dices que no habías estado a solas con un hombre hasta que saliste conmigo?
Ashley asintió con la cabeza.
—No me atreví a escapar de la vigilancia de mi padre hasta después de romper nuestro compromiso, cuando me marché a Suiza —añadió con una sonrisa triste—. Supongo que entonces la sensación de libertad fue demasiado para mí, porque me descontrolé e hice locura tras locura. Aquel coche deportivo era como una válvula de escape para mí, una forma de celebrar esa libertad recién encontrada... No era mi intención estrellarlo.
—¿Saliste muy mal parada?
—No, la verdad es que tuve suerte, solo me rompí la pierna y un par de costillas.
— No sabía que te tuviera tan controlada — murmuró Kevin suavemente. Estaba empezando a comprender lo inocente que había sido ella en aquel entonces. Si como decía solo había salido con otro hombre antes de él, era más que probable que su primer contacto con el sexo hubiera sido aquella noche con él. Al pensar en aquello, se puso tenso. Entonces, aunque estaba seguro de que era virgen, había pensado que tendría al menos alguna experiencia, por poca que fuera. Pero si como le estaba diciendo no había tenido ninguna, eso explicaría por qué la había asustado su ardor de esa manera.
—No podía hablar de estas cosas contigo en aquella época —le confesó Ashley—. Era demasiado joven, y terriblemente ingenua.
Kevin se quedó mirándola fijamente, como si estuviera dudando entre creerla o no.
—Te asuste la noche que nos prometimos, ¿verdad? —le preguntó de repente—. ¿Fue por eso por lo que te apartaste de mí...?, ¿No por qué te repugnara?
— ¡Tú nunca me repugnaste! —exclamó Ashley, espantada de que pensara algo así—. ¡Oh, Kevin, no...! ¿No creerías eso?
— Apenas nos conocíamos, Ashley—dijo él con voz ronca—. Supongo que teníamos una idea equivocada del otro. Yo te veía como a una mujer elegante, sofisticada. Sabía que eras inocente, pero pensé que habrías tenido alguna experiencia con los hombres. Si hubiera imaginado siquiera por un momento lo que me has dicho, te aseguro que no me habría mostrado tan exigente contigo.
Ashley enrojeció y apartó la mirada de él. ¿Por qué no podía encontrar las palabras? Era increíble que, a pesar de que estuviesen casados y de que ella tuviese veintisiete años, esa clase de conversación la pusiese nerviosa.
—Tuve miedo de que no pudieras parar —murmuró sin levantar la cabeza. Kevin suspiró con pesadez.
— Yo también —le confesó inesperadamente—, hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer.
—Nunca hubiera pensado que... —murmuró Ashley alzando la vista al fin hacia él—. Quiero decir, hoy día la sociedad es muy permisiva, nadie vería mal que un hombre soltero...
—Puede que la sociedad sea permisiva, pero yo no lo soy conmigo mismo —le dijo él sin rodeos—. Un caballero no va por ahí seduciendo vírgenes, ni se aprovecha de las mujeres inexpertas, y eso solo deja en la lista a las chicas de cascos ligeros —le explicó—. Y para serte sincero, cariño, esas nunca han sido mi tipo.
Los ojos verdes de Ashley recorrieron los duros rasgos de Kevin, deteniéndose en los labios.
—Pero imagino que no te habrán faltado las ocasiones —murmuró bajando la vista a su regazo.
—Tengo dinero, Ashley —le recordó él con cinismo—; por supuesto que ha habido ocasiones —la miró a la cara, esperando ver el efecto de lo que iba a admitir a continuación—. De hecho, se me presentó una el fin de semana pasado, cuando tuve que ir a Nuevo México, a pesar incluso de que llevaba el anillo de casado.
Ashley apretó los dientes. No quería que él se diera cuenta de que estaba celosa, pero resultaba difícil ocultar un sentimiento tan fuerte.
—¿Y tú... accediste?
—Eres tan posesiva respecto a mí como lo soy yo respecto a ti —dijo él de pronto. Los ojos de ambos se encontraron en ese momento, y fue como si saltaran chispas—. No te hace gracia la idea de que otras mujeres se fijen en mí, ¿no es cierto, Ashley?
Ella asintió incómoda, y Kevin sonrió burlón mientras encendía un cigarrillo.
— Si te vas a quedar más tranquila, la rechacé. Nunca te engañaría, cariño.
—Yo nunca he pensado que pudieras engañarme... igual que yo jamás te engañaría a ti —contestó ella.
—Si lo que me has contado es verdad, y basándome en las dos semanas que llevamos casados, eso sería casi inconcebible... Cada vez que me acerco a ti actúas como un cordero al que fuera a sacrificar.
Ashley inspiró despacio, tratando de mantener la calma.
— Lo sé —respondió avergonzada—. Soy consciente de mis defectos, Kevin, y supongo que no lo creerás, pero nadie se siente tan culpable como yo de lo que ocurrió entre nosotros.
Kevin frunció el ceño enfadado consigo mismo. No había pretendido hacer que se pusiera a la defensiva. Su orgullo saltaba sin que pudiera evitarlo, pero no quería seguir hiriéndola; ya la había herido bastante.
—No era eso lo quería decir... —murmuró cansado—. Las cosas sucedieron como sucedieron. Eso es todo. Destrozaste mi orgullo, Ashley, y uno tarda mucho tiempo en recuperarse de un golpe así. De hecho, creo que aún no lo he hecho.
—Yo también salí malparada de aquello —murmuró Ashley—; y he sufrido mucho por lo que te hice.
—¿Y entonces por qué lo hiciste?
Ashley cerró los ojos y contrajo el rostro.
—Lo hice por tu bien —susurró.
Kevin dejó escapar una risotada de irritación.
—Vaya, eso es nuevo... —apagó el cigarrillo a medio fumar y se puso de pie—. Discúlpame, pero tengo que repasar unos papeles antes de que María sirva la cena.
Sin embargo, antes de salir del comedor, se detuvo junto a la silla donde estaba sentada ella, observando cómo se tensaba al acercársele. Extendió la mano, enredando los dedos en sus cabellos, y tiró suavemente hacia atrás para escudriñar sus ojos. Su expresión no dejaba lugar a dudas.
—Miedo —masculló—, eso es lo que veo en tus ojos cada vez que me acerco a ti. Pero tranquila, no te obligaré a hacer ese sacrificio que temes, no estoy tan desesperado.
Le soltó el cabello y se alejó enfadado.
Ashley sintió acudir las lágrimas, pero no hizo nada por detenerlas. Él no sabía por qué lo temía, y tampoco sabía cómo explicárselo. ¿Cómo podía haber llegado a creer que lo había rechazado porque le repugnaba? Nada más lejos de la verdad. Ansiaba hacer el amor con él, desesperadamente, pero quería que fuera tierno con ella, que pudiera controlarse, y por lo que recordaba, no estaba segura de que pudiera serlo.

"KEVIN" cap 3 MM 1/5


CAPITULO 3

— Imagino que Kevin no te lo está poniendo fácil, ¿verdad? —le preguntó Miley a Ashley mientras la ayudaba a escribir las direcciones en las invitaciones de de boda.
Ashley giró la cabeza hacia la ventana de la sala de estar de la casa de huéspedes y se apartó un mechón oscuro del rostro con un suspiro.
— Aún no me ha perdonado por lo que le hice. Es un hombre inflexible, Miley, pero tampoco puedo reprocharle cómo se siente. Herí profundamente su orgullo. Entonces yo creía estar salvándolo —añadió con una sonrisa triste— Mi padre no quería a un vaquero por yerno. Me tenía destinada un hombre rico, un enlace muy conveniente para él. Pero yo no tenía intención de dejarme manipular, y cuando le dije que iba a casarme con Kevin, se empeñó en destruir nuestra relación. Hasta ese día nunca me di cuenta de su tremenda falta de escrúpulos —confesó cerrando el sobre que tenía en la mano—. Me amenazó con llevar a Kevin a la ruina si no lo dejaba. Yo pensé que era solo una bravata, así que no le hice caso, pero el banco procedió a ejecutar la hipoteca sobre la nave de engorde de ganado, y los hermanos Jonas estuvieron a punto de perderlo todo.
—Pero yo pensaba que en aquella época el negocio era ya bastante próspero —murmuró Miley extrañada.
—Y lo era, fue todo obra de mi padre, él tenía influencias y consiguió que el banco los presionara con los pagos. Lo hizo para demostrarme que no bromeaba. Kevin me habló del juicio por insolvencia, estaba destrozado... Llegó incluso a sugerir que tal vez lo mejor sería romper nuestro compromiso. Mi padre me prometió que si dejaba a Kevin, él se encargaría de mover ciertos hilos con la gente del banco para que detuvieran la subasta pública de la nave. Yo sabía que si lo hacía no habría vuelta atrás, pero sabía que de cualquier modo iba a perder a Kevin, así que... acepté.
— ¿Y qué hizo tu padre? —inquirió Miley, inclinándose hacia delante sobre la mesa.
— Convenció a Rob Pattinson para que interpretara el papel de mi nuevo prometido. Fue con él a ver a Kevin y le dijo que en realidad yo estaba enamorada de Rob , y que solo había estado saliendo con él para ponerlo celoso y hacer que se decidiera a proponerme matrimonio. Me presentó a sus ojos como la culpable de todo, y Kevin lo creyó. Y le dijo también que, mientras estuvimos saliendo, yo había estado acostándome con Rob todo el tiempo, y este se lo confirmó.
— Pero no era cierto —la interrumpió Miley con convencimiento.
— No, por supuesto que no —respondió Ashley con una sonrisa agradecida por que la joven fuera capaz de ver la verdad—, pero yo no tenía otro remedio que seguirle el juego a mi padre si quería salvar el negocio de Kevin. Así que, cuando Kevin me llamó por teléfono pidiéndome que le dijera la verdad, le respondí con las frases que mi padre me había preparado— murmuró bajando la vista a la alfombra—. Le dije que lo único que yo quería era a un hombre con dinero, que nunca había sentido nada por él, y que no había sido para mí más que un juego para conseguir a Rob— cerró los ojos odiándose a sí misma—. Nunca olvidaré el silencio al otro lado de la línea, ni cómo colgó, despacio, sin una palabra. Unas semanas después no se volvió a oír nada del juicio por insolvencia, así que imaginé que mi padre había hablado con la gente del banco. Rob Pattinson y yo estuvimos saliendo un tiempo para que Kevin creyera la mentira, y después me marché seis meses a Suiza, donde hice todo lo posible para matarme en las pistas de salto con esquís. Finalmente regresé, sintiendo que mi padre había matado algo en mi interior. Él mismo se dio cuenta, justo antes de su muerte, y me pidió perdón, pero ya era demasiado tarde.
— Si tan solo pudiéramos hacer que Kevin te escuchara —suspiró Miley.
—No lo hará, no puede perdonarme lo que le hice, Miley —replicó Ashley—. Para él fue como si lo ejecutaran en público, porque todo el mundo se enteró de que lo había dejado plantado por un hombre más rico. Ya sabes cómo odia que la gente murmure a sus espaldas... Aquello destrozó su orgullo.
—Pero debió darse cuenta de que tu padre no aprobaba en realidad que se casara contigo, ¿no es cierto?
—Oh, eso fue lo mejor de todo —murmuró Ashley con ironía—. Mi padre hizo una representación tan perfecta el día que le dijimos que íbamos a casarnos, dándole la bienvenida a la familia, repitiéndole una y otra vez lo orgulloso que estaba de que fuera a ser su yerno... —explicó con una risa amarga—. Incluso cuando fue con Rob a verlo, según me contó Kevin, mi padre se deshizo en lágrimas por el modo en que yo lo había tratado.
—¿Y todo eso solo porque quería casarte con otro hombre?, ¿es que no le importaba nada tu felicidad?
—Mi padre quería construir un imperio —contestó Ashley—, y no le importaba tener que pasar incluso por encima de sus propios hijos para lograr sus objetivos. Joe nunca llegó a enterarse de lo que ocurrió realmente. Se habría puesto furioso. Pero claro, el trato con mi padre también implicaba eso, que ni Joe debía saber nada al respecto.
—Pero... y después de morir tu padre... ¿por qué no se lo contaste?
—No quiero que se sienta aún peor por mí. Además, Joe siempre ha sido bastante solitario. Hasta a mí me cuesta hablar con él de cosas serias, de acercarme a él. Le cuesta mucho abrirse a la gente. Nuestro padre fue especialmente duro con él, siempre estaba ridiculizándolo durante nuestra infancia, y se convirtió en un tipo duro al crecer. No tuvo más remedio, de otro modo no habría sobrevivido a nuestra vida familiar.
—No tenía ni idea —murmuró Miley—. Tu hermano siempre me ha caído bien. Es muy especial.
Ashley no le había contado a Miley lo que Kevin le había dicho del vestido. Era demasiado humillante. Sin embargo, no estaba dispuesta a ser el objeto de murmuraciones, y menos cuando ella tenía todo el derecho del mundo a ir de blanco.
Así pues, al día siguiente fue a la tienda que regentaba una vieja amiga de la infancia, y compró un discreto traje de falda y chaqueta de lino blanco.
No iba a ir de ningún otro color. Podía probarle a Kevin que era virgen si hacía falta.
Después de salir de la tienda, se dirigió a la consulta del doctor Sims, su médico de cabecera desde hacía años, para hacerse el examen premarital. El alto y canoso medico era casi como de la familia, y tras examinarla y sacarle sangre para un análisis, le habló con franqueza:
—Se trata de una operación sin importancia, Ashley. Apenas te dolerá. Y, no quiero asustarte con esto pero si no lo hacemos, tu noche de bodas puede convertirse en un infierno.
Después le explicó en detalle en qué consistiría la intervención quirúrgica. Ashley comprendió que no tenía otra opción. Kevin podía jurar y perjurar que no iba ponerle un dedo encima, pero sería muy poco realista por su parte pensar que iban a convivir durante el resto sus vidas sin hacer «nada». Y esa operación disminuiría en parte el dolor...
Le dijo al médico que lo haría, pero insistió en que quería solo un arreglo parcial, para que no quedaran dudas de que era virgen. El doctor Sims meneó la cabeza murmurando algo acerca de esas «idioteces anticuadas», pero le dijo que lo haría como ella quería, y le dio cita para el día siguiente.
De buena gana Ashley se habría hecho la operación completa, pero aquella era la única prueba factible que podía darle a Kevin de su inocencia, lo demás, eran solo palabras, y esas no las aceptaría nunca.
La boda fue el acontecimiento social de la temporada. Ashley no había esperado que tanta gente acudiera a la iglesia metodista de Tisdaleville para verlos casarse, y es que había bastante gente sin invitación.
Miley y Nick estaban sentados en el banco de la familia Jonas, con las manos enlazadas. Se les veía tan enamorados, que era como si un aura cálida flotase a su alrededor. Junto a ellos estaba Joe, el hermano de Ashley, y en ese mismo lado estaban acomodados vecinos y amigos, como Selena Gomez, la mejor amiga de Miley. Cuando Ashley entró no vio a Kevin por ningún lado, y casi le dio un ataque de pánico al recordar lo que le había dicho que haría si iba vestida de blanco, pero volvió a respirar tranquila al ver que aparecía por el lateral del altar junto con el sacerdote. Se mordió el labio inferior, y agarró con fuerza el ramo de margaritas para evitar ponerse a temblar mientras avanzaba por el pasillo central.
Kevin y ella habían decidido prescindir de damas de honor y padrinos, de hecho habían querido que la ceremonia fuera lo más sencilla posible.
Cuando Ashley llegó al altar y se colocó en su sitio, alzó la vista hacia Kevin, desafiándolo con la mirada a que se atreviera a dejarla plantada por haberse vestido de blanco. Fue un momento de mucha tensión y, por un instante, casi le pareció que iba a hacerlo, pero finalmente Kevin giró el rostro hacia el sacerdote, y comenzó la ceremonia.
Kevin repitió una a una cada frase, en un tono monocorde, y le deslizó una fina alianza de oro en el dedo a Ashley.
Finalmente, cuando el sacerdote los declaró marido y mujer, dando permiso a Kevin para besar a la novia, se volvió hacia ella con una expresión que esta no pudo descifrar, y se quedó mirándola largo rato antes de inclinar la cabeza y darle un beso frío en los labios.
A continuación, sin darle tiempo a actuar, la tomó del brazo y la hizo avanzar con él por el pasillo central sin apenas dar tiempo a los invitados a que los felicitaran.
No habían organizado un banquete, pero sí se hizo un cóctel en los jardines de la iglesia, donde se consumieron los tradicionales canapés y pasteles, regados con ponche mientras Ashley y Kevin agradecían a los invitados su presencia y conversaban un poco con cada uno.
Alguien había llevado una cámara, y les pidió que se pusieran juntos para hacerles una foto. Ashley aceptó antes de que Kevin pudiera negarse. Le daba bastante rabia que no hubieran contratado a un fotógrafo pero así al menos tendría un recuerdo de ese día.
Se colocó a su lado y sonrió, mientras que él se limitó a rodearla con el brazo.
Luego, en cuanto el improvisado fotógrafo se retiró, Kevin la miró furibundo.
—Te dije que cualquier color excepto el blanco — masculló
—Sí, Kevin, lo dijiste —contestó ella muy calmada-, pero, ¿cómo te habrías sentido tú si yo te hubiera dicho que te pusieras un vestido azul en vez de un traje de chaqueta y pantalón? Kevin parpadeó incrédulo.
—El color blanco significa... —comenzó irritado.
—....que es la primera boda de una mujer —dijo ella terminando su frase—. Y esta es mi primera boda.
Los ojos de Kevin relampaguearon.
—Tú y yo sabemos que hay otra razón implícita para vestir de blanco en las bodas, y tú no tienes derecho a llevarlo.
La mirada de Ashley se ensombreció, y Kevin entornó los ojos.
—Oh, sí, ahora recuerdo que me dijiste que podrías probarme que eras virgen... —murmuró con una sonrisa cruel—. Tal vez este sea el momento.
Ashley enrojeció y apartó la vista. No tenía derecho a tratarla así.
—No tengo que demostrarte nada.
La risotada sarcástica de Kevin hirió su corazón.
—¿No puedes, no es eso? Era solo una bravata, debí imaginarlo.
—Kevin...
—Déjalo —la cortó él sacando un cigarrillo y encendiéndolo—. Como ya te he dicho, no vamos a compartir la cama. Me da igual si eres virgen o no.
La tristeza de lo que podría haber sido y no fue inundó a Ashley. Alzó los ojos hacia las duras facciones de él, escrutándolas con adoración. No era guapo, pero sí muy masculino: tan fuerte y atlético... Tenía exactamente el aspecto que siempre había pensado que debía tener un hombre.
En ese momento Kevin bajó la vista y la descubrió mirándolo arrobada. Se quedó con el cigarrillo en el aire, sosteniéndole la mirada tanto rato, que el corazón de Ashley empezó a latir como un loco.
Ella bajó los ojos hacia los labios de él, y la sacudió de pronto un ansia tremenda de besarlos. ¡Si tan solo pudiera actuar como la mujer desinhibida que quería ser, en vez de la mujer inocente y asustada que era! El problema era que Kevin la intimidaba, porque estaba segura de que tenía casi tanta experiencia como Nick con las mujeres, y temía decepcionarlo. Si pudiera contarle la verdad y pedirle que la tratara con delicadeza... No, era imposible, temblaba de solo pensar que tuviera que hablarle de algo tan íntimo. Por suerte en ese momento apareció Joe, salvándola de otro de los comentarios mordaces de Kevin.
—Ash, tengo que irme ya —le dijo agachando la cabeza para besarla en la mejilla—. A mi jefa temporal le dan verdadero pánico los hombres, y tengo que acudir «en su rescate».
—En serio? —dijo su hermana divertida.
—No te lo imaginas: se esconde detrás de mí en los bailes y en las reuniones... Es realmente embarazoso.
La joven contuvo la risa. A su independiente hermano no le gustaba nada que las mujeres se colgasen de él y manejar a aquella debía estar resultándole particularmente difícil.
Su jefa temporal, como él la llamaba, era la sobrina de su jefe. Vivía en Arizona, donde estaba tratando de sacar adelante un rancho para turistas cargado de deudas por lo que el jefe de Joe en Tisdaleville lo había mandado allí para ayudarla.
—Tal vez se sienta segura a tu lado —apuntó Ashley.
Joe resopló molesto.
—Sea como sea, esto tiene que acabar. Es como tener una hiedra enredada al cuerpo
—¿Es fea? —inquirió Ashley.
—Bah, no es nada sofisticada, y no, no es muy guapa —murmuró su hermano—. Supongo que no está mal... a mí no me gusta —apostilló.
—¿Y por qué no lo dejas? —Preguntó Kevin—. Puedes trabajar para Nick y para mí. Lo del puesto que te ofrecimos sigue en pie.
— No lo he olvidado, Kevin, y debo decir que me sentí muy agradecido por vuestra oferta... sobre todo teniendo en cuenta la tirante relación entre nuestras familias en esos días —respondió Joe con sinceridad —. Pero no, no quiero abandonar. Este trabajo es una especie de reto para mí.
— Bueno, cuando eches esto de menos siempre puedes venir a visitarnos una temporada —le ofreció Kevin con una sonrisa.
—Tal vez algún día —contestó Joe—. Me gustan los niños —añadió—; no me importaría tener unos cuantos sobrinos.
Ante ese comentario, Kevin pareció querer estrangularlo, y Ashley se puso como la grana. Joe frunció el entrecejo sin entender la reacción de ninguno de los dos, pero por fortuna aparecieron en ese instante Nick y Miley.
—Bonita boda, ¿eh? —le dijo Nick a Joe, con el brazo en torno a su esposa. Ella se rio—. ¿No te dan ganas de seguir el ejemplo de Ashley y Kevin?
— No, me entran ganas de ponerme una vacuna contra esta epidemia... y rápido —murmuró el hermano de Ashley divertido.
—Un día cambiarás de opinión, ya lo verás —le aseguró Nick—. Al final acaban echándonos a todos el lazo al cuello —añadió, esquivando un golpe de Mileyy—. Lo siento, cariño —dijo riéndose mientras la besaba en la frente—, ya sabes que no lo decía en serio.
— Si quieres podemos llevarte al aeropuerto, Joe — le dijo Miley.
—He alquilado un coche, pero gracias de todos modos —respondió el hermano de Ashley.
—Te acompañaremos fuera —le dijo Nick.
—Que seas muy feliz —le deseó Joe a su hermana besándola de nuevo en la mejilla.
—Eso espero —respondió ella sonriendo a Kevin.
Joe asintió, pero no parecía muy convencido, y cuando salió de la parroquia con Nick y Miley había un matiz de seria preocupación en su rostro.
El cóctel se le hizo eterno a Ashley, y no podía sentirse más aliviada cuando al fin estuvieron en casa. Kevin la había pedido a María que preparara la habitación de invitados. La anciana mujer se había quedado muy extrañada pero la dura mirada en los ojos de Kevin le dijo que era mejor no preguntar. Después de todo, comprendía más de lo que él creía. Sabía, tan bien como las demás personas que trabajaban en el rancho, que, a pesar de su despecho, Kevin seguía sintiendo cierta debilidad por Ashley, y al haberse quedado ella sola y en la pobreza no les había sorprendido que se casara con ella. Y lo cierto era que tampoco les extrañaría que de paso aquella fuera su tan esperada venganza.
—Gracias a Dios que se ha acabado —dijo Kevin cansado cuando se quedaron solos en la casa
Se desanudó la corbata, se desabrochó el cuello de la camisa, y se remangó.
Ashley dejó el bolso en la mesita del vestíbulo, y se quitó los zapatos de tacón aliviada, masajeándose pies.
Kevin la miró y sonrió, pero se dio la vuelta antes que ella pudiera darse cuenta.
—¿Quieres que salgamos a cenar o prefieres que nos quedemos aquí?
—Me da igual.
—Bueno, supongo que resultaría un poco chocante que saliéramos a un restaurante en nuestra noche de bodas, ¿no es así? —le dijo con una sonrisa burlona.
—Adelante, estropéalo por completo. Dios no permita que disfrute del día de mi boda —le espetó ella enfadada. Le dio la espalda y empezó a subir las escaleras.
—¿De qué diablos estás hablando? —inquirió él frunciendo el ceño.
Ashley no se volvió a mirarlo. Se mantuvo agarrada al pasamanos con la mirada fija en el rellano superior.
— No podrías haber expresado con más claridad tus sentimientos aunque hubieras llevado una pancarta con todas tus quejas escritas con sangre. Sé que me odias, Kevin, que te has casado conmigo por lástima, y también sé que parte de ti aún desea hacerme pagar por lo que te hice.
Kevin había encendido un cigarrillo, y estaba fumando, apoyado en el quicio de la puerta del salón.
—Es bastante duro que destrocen tus sueños, ¿sabes? —repuso él con frialdad.
Ashley se giró y lo miró a los ojos.
—Tú no eras el único que tenías sueños, Kevin, ¡yo te quería!
—Y por eso me dejaste tirado en la cuneta por ese chico millonario —masculló él.
Ashley acarició el pasamanos distraídamente.
—Qué extraño que no me casara con él, ¿no te parece? —le preguntó en un tono casual—. ¿No dirías que es muy extraño, cuando estaba tan desesperada por conseguir su dinero?
Kevin apartó un instante el cigarrillo de sus labios.
— Supongo que te dejaría al darse cuenta de que como hombre no te interesaba en absoluto.
—Yo nunca estuve interesada ni en él, ni en su dinero —puntualizó Ashley—, mi familia tenía más que suficiente.
—¿De veras? —contestó Kevin con una sonrisa irónica. ¿Qué se creía?, ¿que era un idiota?, ¿que no sabía que antes de morir su padre hacía ya tiempo que su familia tenía problemas financieros?
—¿Por qué te niegas a escucharme? —murmuró ella—. He tratado de explicarte por qué rompí el compromiso...
— ¡Ya lo creo que me lo explicaste! Rompiste conmigo porque no podías soportar mis caricias... pero yo ya sabía eso de mucho antes —le dijo. Había un brillo peligroso en su mirada—. Lo supe cuando me apartaste la noche en que nos prometimos —añadió con voz ronca—. Lo supe cuando vi que estabas temblando como una hoja, con los ojos abiertos como platos. Te faltó tiempo para alejarte de mí.
Ashley entreabrió los labios ligeramente.
— Y tú pensaste que era porque me produces repulsión por supuesto —sugirió ella tristemente.
—¿Qué otra cosa podía pensar? —Replicó él furioso —No nací ayer —se dio la vuelta de nuevo—. Sube y cámbiate. Cenaremos aquí. No sé tú, pero yo tengo hambre.
Ashley querría haberle dicho la verdad, pero él actuaba de un modo tan distante... Con un suspiro, se dio media vuelta y terminó de subir las escaleras, preguntándose cómo iba a vivir con un hombre con el ni siquiera podía sincerarse.
Cenaron juntos en el comedor. María les había dejado algo de cena en el horno antes de marcharse con su marido a casa de unos parientes, Justin había terminado ya su plato de estofado con ensalada, y observaba, recostado en la silla a Ashley pinchando pensativa la lechuga con el tenedor. Se sentía culpable por cómo había resultado el día, pero en cierto modo tenía motivos para haberse comportado como se había comportado. Solo estaba tratando de protegerse, de evitar salir herido por segunda vez. Seis años atrás su corazón había quedado destrozado, y le molestaba volver a sentirse vulnerable, pero ver a Ashley triste era aún peor.
— Maldita sea, no pongas esa cara —le dijo.
Ella alzó los ojos hacia él, y Kevin vio que su mirada se había tornado totalmente apagada.
— Estoy cansada —adujo Ashley quedamente—.¿Te importa que suba a mi dormitorio cuando acabemos de cenar?
— Sí, me importa —contestó él malhumorado, arrojando la servilleta sobre la mesa y encendiendo un cigarrillo—. Es nuestra noche de bodas.
Ashley se rio con amargura.
— Lo es. ¿Qué tienes planeado?, ¿lanzarme unas cuantas puyas más acerca de mi pasado libertino?
Kevin frunció el ceño. Nunca la había oído hablar de aquel modo, ni en ese tono. Estaba portándose de una forma despreciable con ella, y no era justo: había perdido a su padre, su hogar, el estilo de vida al que estaba acostumbrada... incluso a su hermano, que había tenido que dejarla por trabajo. Había aceptado casarse con él porque necesitaba un poco de seguridad y lo único que le había dado hasta el momento era verdadero infierno. No quería hacerle daño, pero muchas veces no podía contener las palabras. Las heridas eran demasiado profundas.
Suspiró con pesadez y escrutó el rostro de Ashley, recordando tiempos mejores, más felices, aquellos tiempos en los que con solo verla sonreír se sentía embriagado.
—¿Estás segura de que quieres seguir trabajando? — le preguntó por cambiar de tema.
— Sí, me gustaría —murmuró ella sin levantar la vista del plato—. Nunca antes había hecho nada, excepto colaborar con asociaciones benéficas, y me gusta.
—¿Y Zac Efron también? —preguntó Kevin sin poder evitarlo.
Ashley se puso de pie. Todavía llevaba puesta la falda blanca que había llevado en la ceremonia, junto con una blusa rosa pálido, y estaba muy femenina y elegante. El largo cabello le caía en cascada sobre los hombros y Kevin sintió deseos de levantarse también y agarrar dos puñados de esos rizos entre sus dedos y besarla hasta que no pudiera mantenerse en pie.
—El señor Efron es mi jefe, no mi amante — dijo Ashley—. No tengo ningún amante,
Kevin se puso en pie y avanzó despacio hacia ella con los ojos entornados y el cuerpo tenso por los años de deseo reprimido.
—Pues vas a tener uno a partir de hoy —le dijo bruscamente.
Ashley no se movió. No iba a darle la satisfacción de huir despavorida. Alzó la barbilla a pesar de que las rodillas le temblaban y el corazón le golpeaba | Le tenía miedo por el ardor descontrolado ! Que había mostrado en el pasado, porque quería vengarse y porque creía que ella tenía experiencia, y porque aunque se había sometido a aquella operación , sabía que podía dolerle muchísimo.
Kevin advirtió el temor en sus ojos.
-Estas muy equivocada, cariño —le dijo—, totalmente equivocada. Nunca te haría daño en la cama, ni vengarme de ti, ni por ningún otro motivo.
Ashley ahogó un sollozo, y empezó a temblarle el labio inferior mientras los ojos se le llenaban de lágrimas
Kevin la miró sorprendido por aquella reacción, Ashley no lo vio porque había agachado la cabeza
—Tal vez no podrías evitarlo —susurró ella.
—Ashley, ¿de verdad te doy miedo? —inquirió Justin con voz queda.
Ella encogió los hombros incómoda.
—Sí. Lo siento.
—¿También te daba miedo él... Pattinson?
Ashley abrió la boca para responderle, pero desistió de darle más explicaciones porque, ¿de qué serviría? De todos modos no la escucharía. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la escalera.
—Huyendo no se soluciona nada —le espetó él enfadado.
—Intentar razonar contigo tampoco —replicó ella deteniéndose al pie de la escalera y girándose a mirarlo. Tenía los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas y la rabia—. Hazme pagar lo que te hice. De todos modos ya no tengo nada que me importe, no tengo nada que perder. Pero tranquilo, no voy a humillarte teniendo ningún romance. A pesar de lo que pienses de mí, no me muero por tener un hombre a mi lado.
—No hace falta que me lo digas —respondió él—. ¡Hasta un trozo de hielo me habría dado más calor que tú aquella noche!
Ashley sintió el impacto de esas palabras como dagas en la piel. ¿También pensaba que era frígida?
—Tal vez a Rob Pattinson le di más que a ti — le espetó.
La furia incendió los ojos negros de Kevin, y fue hacia ella antes de controlarse y detenerse a unos pasos.
—Buenas noches, Kevin. Gracias por darme un techo y un lugar donde vivir —le dijo Ashley alzando la barbilla.
Kevin la siguió con la vista mientras subía las escaleras, entre enfadado y arrepentido por su arranque de ira. Estaba volviendo a perderla... otra vez.

miércoles, 3 de febrero de 2010

IMPORTANTISIMOO LEAN!!

chicas lo sientoo tantoo...
prometoo mañana subir nove sin falta...
i maratonn...
porr tantoss dias sin subir...
es una promesa...
i ia tengoo preparada la sigiente...
talve para esta semana termine la nove..
okkok..
speroo k me perdonen..
lass kieroo...
bexxos..
dejen su coment,,,
pidan..
3 o 5 caps...
((no puedo subir mas pork solo son 11 caps de la nove))

xoxo♥