jueves, 4 de febrero de 2010

"KEVIN" cap 7 MM 5/5


Capitulo 7

Kevin apenas podía creérselo cuando se despertó a la mañana siguiente y vio a Ashley a su lado en la cama. Estaba ya tan acostumbrado a que los sueños con ella terminasen al amanecer... Pero allí estaba, dormida, con la larga cabellera de rubia desperdigada sobre la almohada, sus finos rasgos álficos, y los labios entreabiertos, tan dulces y tentadores.
Se quedó largo rato allí echado junto a ella, observándola. Se había sentido muy solo sin ella... y únicamente en ese momento se daba cuenta de hasta qué punto la había echado de menos. Durante el tiempo que estuvieron saliendo, le gustaba imaginarse así en la cama con Ashley, viéndola dormir plácidamente. Ella no podía imaginar cuánto significaba para él, ni que la noche anterior había sido para él una tremenda revelación, la culminación de las esperanzas que tanto tiempo había estado abrigando, aun cuando no habían acabado lo que empezaron. Además, el haber descubierto que era virgen, lo había sorprendido y llenado, nunca lo había engañado, ni con Rob Pattinson ni con nadie.
Se inclinó para besarla suavemente en los labios, y Ashley parpadeó y abrió los ojos, guiñándolos por la del sol. Bostezó ligeramente y le sonrió.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió él besándola de nuevo-¿Has dormido bien?
—No había dormido mejor en toda mi vida. ¿Y tú?
—Yo tampoco —le dijo Kevin tapándola con la sábana —. Quédate en la cama y descansa. No tienes que levantarte aún.
—¿Te vas a la nave tan temprano? —inquirió ella adormilada, echando un vistazo al reloj.
—Tengo que tomar un vuelo a Dallas, cariño —le explicó él levantándose—. He quedado con un nuevo cliente, pero estaré de vuelta por la noche.
—Pues yo no tengo que estar en el bufete hasta las nueve —le dijo ella con una sonrisa ufana.
—Pues yo preferiría que no tuvieras que ir en absoluto —repuso él frunciendo el ceño.
—Kevin, me gusta mi trabajo —protestó ella con un mohín.
—Sí, pero a mí no me gusta nada Zac Efron— murmuró Kevin.
—Puede que sea un donjuán, pero conmigo se porta siempre muy correctamente —le aseguró Ashley—. Además, es un buen hombre, de verdad.
Kevin se dio la vuelta, no quería que leyese en su rostro lo celoso que estaba de su atractivo jefe.
—Bueno, voy a darme una ducha.
Ashley se quedó mirándolo mientras buscaba ropa interior en uno de los cajones del armario y se dirigía hacia el cuarto de baño, devorando su torso desnudo con los ojos. Lo ocurrido la noche anterior le parecía en ese momento tan irreal... Se sonrojó al recordar pero Kevin no lo vio porque había entrado ya al aseo.
Volvió a quedarse dormida y, cuando se despertó él estaba ya vestido con un traje gris claro que marcaba cada músculo de su cuerpo, y se encontraba en ese instante anudándose la corbata frente al espejo.
Mientras lo miraba, volvió a recordar todo lo que habían hecho la noche anterior y volvió a ruborizarse.
—Caray, menudo sonrojo... —murmuró Kevin divertido. Adoraba esas reacciones de ella—. Apuesto que si me pongo ahora a rememorar la noche anterior te esconderías debajo de la cama.
—Y no perderías la apuesta, te lo aseguro —respondió ella riéndose—. ¡Oh, Kevin! —susurró sonrojándose aún más por los recuerdos y tapándose el rostro con las manos.
Justin se sentó a su lado en la cama y la abrazó. Ashley, con la cabeza apoyada en su pecho, inspiró profundamente, inhalando su colonia.
—¿Seguro que quieres ir a trabajar? —le preguntó Kevin, tomándola de la barbilla para que lo mirara a los ojos—. El médico dijo que tal vez te convendría hacer reposo.
—Estoy bien. Me llevé un buen susto, pero después de haber descansado parece que los dolores han desaparecido.
—Yo también me llevé un buen susto —murmuró Kevin—, gracias a ti tengo cinco canas más esta mañana.
Ashley alzó la mano para peinar con los dedos sus cabellos, hundiéndolos entre los mechones sobre la frente, donde las primeras canas empezaban a asomar en la mata de pelo negro.
—Ashley... —dijo Kevin de repente. Ella advirtió de inmediato que la calma en su voz era engañosa—, Por qué me mentiste acerca de Pattinson? ¿No te habría bastado con romper nuestro compromiso sin tener que herir también mi orgullo?
Ahí estaba de nuevo, pensó Ashley, el resentimiento volvía a aparecer. ¿Acaso no iba a perdonarle jamás por lo ocurrido, ni siquiera tras comprobar por sí mismo que no lo había traicionado? De repente empezó a preguntarse si tal vez él solo la deseaba físicamente, y si no podría haber nunca nada más que eso. Ella quería que la amara, la pasión no era suficiente. La tristeza hizo que se le humedecieron los ojos. La dicha que la había inundado la noche anterior estaba derrumbándose como un castillo de naipes. Cerró los ojos y exhaló un suspiro de hastío y frustración.
—Ya te lo dije anoche, fue idea de mi padre.
—Eso no me cuadra, Ashley. Él me apreciaba... Me ayudó muchísimo. Incluso lloraba la noche que vino a verme con Pattinson... Ashley lo miró a los ojos.
—Todo esto se reduce a una cuestión de confianza, Kevin, y sé que tú sigues sin confiar en mí. Tampoco es del todo culpa tuya —se apresuró a añadir—, porque yo empeoré las cosas al mentirte, pero si pudieras al menos darme un voto de confianza...
La mandíbula de Kevin se puso tensa.
— No puedo —murmuró. La soltó y se puso de pie—. Yo aún te deseo, y tú lo sabes, pero no puedo volver a abrirte mi corazón. Quien ha traicionado una vez puede volver a hacerlo.
—Yo no te traicioné, tú mismo has comprobado que todavía soy virgen —le recordó ella incómoda.
—No me refería a eso: me mentiste, me dejaste tirado —inspiró profundamente y sacó un paquete de cigarrillos de la chaqueta—. Ni siquiera ahora puedo estar seguro de que no vayas a dejarme tirado de nuevo por tu jefe. Está claro que él no necesitaría que alentaras demasiado para lanzarse, y además no es nada feo, ¿no es cierto?
—Tú no eres feo.
— ¡Qué curioso que te hayas dado cuenta tan rápido de que estaba hablando de mí...! —le espetó él enfadado—. No te metas en problemas mientras estoy fuera —le dijo lanzándole las llaves del Thunderbird— ten cuidado con mi coche.
—No tocaré tu preciado coche si no quieres— murmuró Ashley airada—. Tomaré un taxi para que todo el mundo en Tisdaleville murmure.
Se quedaron un buen rato desafiándose el uno al otro con la mirada, pero de pronto Ashley observó que las comisuras de los labios de Justin se arqueaban ligeramente, para dar paso a una sonrisa lobuna, y a continuación estalló en carcajadas.
—Bruja —masculló divertido.
—Salvaje —le espetó ella.
Kevin avanzó hacia la cama como un animal de presa. Ashley había echado a un lado las sábanas, y trató de rodar hacia el otro lado de la cama, pero él fue más rápido, y en un instante la tuvo atrapada bajo su fuerte cuerpo, sin poder escapar. Ella se revolvió entre risas.
—Eso es, lucha —la animó Kevin divertido, pero la rodilla de ella lo rozó en la entrepierna y dejó escapar un gemido ahogado—. Dios, Ashley...
Ella se quedó quieta, roja como una amapola.
—Bueno, tampoco es para ponerse así —la picó Kevin—. Anoche ya viste como me excitabas, y eso que ahora no estamos piel contra piel...
— ¡Kevin, para ya! —volvió a reírse Ashley, ocultando el rostro en el hueco de su cuello.
—Eres como una chiquilla —murmuró él con ternura y rodó de modo que ella quedó encima de él—. Mejor así? —le preguntó. Para él desde luego era mejor, ya que le ofrecía una buena vista del escote de la pijama.
—Eres un hombre horrible —bromeó Ashley haciendo pucheros.
—Lo soy —asintió él. Tomó un mechón entre sus dedos y la hizo agachar la cabeza tirando suavemente
— Bésame.
—Te arrugaré el traje...
—Me da igual, tengo docenas de trajes más planchados en el armario, pero ahora quiero que me beses, y ya, porque tengo que tomar ese avión.
Ashley claudicó divertida, y la discusión que habían tenido hacía un momento quedó olvidada en cuanto sus labios se fundieron con los de él. Kevin deslizó una mano entre sus cabellos, y la tomó por la nuca para acercarla aún más mientras hacia el beso más profundo.
— Después de que te hagas la operación tendremos que esperar al menos un par de días antes de retomar lo que empezamos anoche, así que no vayas a darle vueltas y a ponerte nerviosa, ¿de acuerdo? —le dijo Kevin mirándola a los ojos—. No te presionaré, será como tú quieras que sea.
Ashley lo besó primero en un párpado y luego en el otro con adoración. Quería susurrarle que lo amaba más que a su propia vida, que todo lo que había hecho lo había hecho solo para protegerlo, pero sabía que él aún no había recobrado la confianza en ella. Tendría que ir poco a poco.
—¿Me creerías si te dijera que ya no te tengo miedo? —murmuró.
—Cariño, ¿cómo no voy a creerte en la postura en que estamos?
—¿Qué pos...? Kevin!
Él se rio y volvió a hacerlos rodar sobre el colchón quedando de nuevo sobre ella.
—En «esta» postura... —le dijo besándola sensualmente—. Bésame para que pueda marcharme.
—Ya lo he hecho... varias veces —le susurró Ashley subrayando cada palabra con un beso.
—Pues hazlo unas cuantas más, hasta que sienta que mis piernas pueden sostenerme de nuevo.
Ashley se rio, y tras rodearle el cuello con los brazos le mordió el labio inferior con dulzura.
—Ahora eres mío —le dijo mirándolo a los ojos—, así que ni se te ocurra ir por ahí flirteando con otras.
Kevin sonrió encantado ante aquel arranque de posesividad. Volvió a tomarla por la nuca, y le dio un beso largo y profundo, teniendo que obligarse a ponerse en pie para poder parar.
—Será mejor que me marche antes de que se funda la última de mis neuronas —bromeó sin poder apartar la vista de ella. Ashley rehuyó vergonzosa su mirada—. Me habrías dejado seguir adelante, ¿verdad? —le preguntó de repente en voz queda—. Aun sabiendo lo mucho que te habría dolido... no me habrías detenido.
—Quería que supieras la verdad —murmuró ella.
—Fuiste muy valiente —añadió Kevin mirándola con admiración. Se quedó un momento en silencio, como si no quisiera dejarla, pero tras echar un vistazo a su reloj de pulsera, suspiró y le dijo—. Tengo que irme ya.
Ashley se incorporó mientras él se dirigía a la puerta.
—Que tengas un buen viaje.
Kevin no dijo adiós, sino que tras volverse una última vez a mirarla, salió y cerró la puerta tras de sí. «Ojalá pudiera leerle la mente», se dijo Ashley. ¿De otro modo podría averiguar lo que sentía por ella? se preguntaba si él siquiera lo sabría.
El día fue realmente agotador para Ashley. Después de tener que aguantar toda la mañana y parte de la tarde al señor Efron chillando a Nessa por una cosa o por otra, a última hora fue a la consulta del doctor Sims, quien le había dado cita para terminar de realizarle la intervención.
Llegó a casa cansada, pero después de tomarse una buena taza de café y la deliciosa cena que le había preparado María, se sintió mejor.
Estuvo viendo un rato la televisión, esperando a Kevin, pero la había llamado para decirle que el vuelo se había retrasado, y pronto empezaron a cerrársele los ojos, así que decidió subir a acostarse. Al pasar por delante del dormitorio de Kevin se quedó dudando un momento, sin saber qué hacer, pero le pareció que tal vez él se molestaría si la encontraba allí sin su permiso.
Se fue pues a la habitación de invitados, y apenas se hubo metido en la cama se quedó dormida.
No oyó llegar el taxi de Kevin, ni abrirse la puerta, ni cómo sus pasos se dirigieron esperanzados a su dormitorio, para maldecir entre dientes al encontrar la cama vacía, ni tampoco lo vio observarla en silencio con el ceño fruncido cuando fue a la habitación de invitados y la halló allí dormida.
Kevin cerró la puerta tras de sí, ceñudo, y se fue a su cuarto. Había pensado que ella lo estaría esperando despierta, o al menos que se habría ido a dormir a su cama.
Ashley pasó la noche ignorante de su enfado, y al levantarse por la mañana bajó las escaleras deseosa de ver a Kevin, pero cuando entró en el comedor, él le lanzó una mirada furibunda.
Ashley se detuvo en la puerta sin saber corno actuar.
—Buenos días —balbució.
—No son precisamente buenos.
Ashley enarcó las cejas y se acercó a él. Kevin apartó la vista de ella y alzó la taza para tomar un sorbo de café.
—Le diré a López que te lleve al trabajo —le dijo—, ¿Te importaría devolverme las llaves de mi coche?
Ashley las sacó del bolsillo de su falda y las puso sobre la mesa, pero antes de que pudiera retirar la mano, Kevin la retuvo con la suya.
—¿Por qué volviste a la habitación de invitados anoche? —la interrogó. Sus ojos negros parecían lanzar llamaradas.
¡De modo que se trataba de eso!, pensó Ashley suspirando aliviada.
—No sabía si querrías que durmiera contigo otra vez —le dijo con una sonrisa tímida— Cuando te fuiste no me dijiste adiós y... bueno, no quería molestarte —confesó encogiéndose de hombros.
—Dios mío, Ashley, estamos casados... —murmuró él—. No me molestas.
Ashley bajó la vista a la fuerte mano que aferraba la suya, y su calidez la hizo estremecer por dentro.
—Es que... desde que nos casamos siempre te has comportado de un modo muy distante.
—¿Y no sabes todavía el porqué? —le preguntó él con suavidad.
Ella lo miró a los ojos y asintió lentamente.
—Porque me... ¿porque me deseas?
—En parte es por eso —asintió Kevin sin querer entrar en más detalles—. ¿Fuiste a ver al doctor Sims?
El sonrojo de Ashley le dio la respuesta antes de ella asintiera con la cabeza. Kevin retiró la silla junto a la suya para que se sentara.
—Te llevaré yo mismo a la oficina —le dijo acercándole un plato de huevos revueltos. Ashley sonrió con la cabeza agachada.
Cuando llegaron a la ciudad, Kevin estaba ya más calmado, pero no le duró mucho, porque en cuanto aparcó junto al bufete, vio a Zac Efron en la acera, mirando en derredor con los brazos en jarras, como si estuviera esperando impaciente la llegada de Ashley, pensó Kevin frunciendo el ceño. Efron alzó la vista hacia ellos en cuanto el Thumderbird se detuvo, y el rostro se le iluminó. Sonrió de un modo exagerado, y corrió junto a Ashley, saludando de pasada a Kevin con una mera inclinación de cabeza. Este pareció querer fulminarlo con la mirada pero no dijo nada.
—Gracias a Dios que has venido —le dijo Zac Efron a Ashley, abriendo la puerta de la oficina—, Temía que llegaras tarde —le dijo tomándola del brazo y arrastrándola en esa dirección—. No te preocupes, Kevin, cuidaré bien de ella —le dijo sonriéndole.
Kevin no contestó, y tampoco le dijo adiós a Ashley, sino que se metió en el coche dando un portazo. Y, sin mirar atrás, arrancó el automóvil y se alejó de allí a toda velocidad.
— ¿Ha ocurrido algo, señor Efron? —le preguntó Ashley a este parándose en seco ante la puerta. La marcha de Kevin la había dejado un poco nerviosa, y no era para menos, su jefe le había dado una impresión muy poco favorable de su relación, haciendo que pareciera algo más que la estrictamente laboral.
— ¡Esa mujer tiene que irse! —le respondió Efron con grandes aspavientos—. ¡Se ha encerrado en mí despacho y se niega a salir! Pero no me he quedado de brazos cruzados, ¡ah, no!... He llamado a los bomberos —le dijo con una sonrisa cruel—. Echaran la puerta abajo, la sacaré de los pelos y la pondré de patitas en la calle... para siempre. Ashley se frotó la nuca incómoda:
—Em... Señor Efron... ¿y por qué... por qué se ha encerrado Vanessa en su oficina? Su jefe carraspeó.
—Fue por... fue por el libro.
—¿Qué libro?
—El libro que le tiré —masculló él irritado.
— ¿Le tiró un libro?
—Bueno, sí, un diccionario... —farfulló él metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón—. Teníamos cierta diferencia de opiniones acerca de cómo se escribía un término legal. En fin, imagínate... —añadió enfadado—. Soy abogado, estudié derecho... ¿Qué se cree, que no sé deletrear los términos de mi profesión?
Ashley, que había comprobado de primera mano la desastrosa ortografía del señor Efron, no dijo una palabra, pero frunció los labios.
—De acuerdo —prosiguió su jefe hablando más consigo mismo que con ella—, le dije algunas cosas, pero ella me dijo también otras... ¿Dónde ha quedado el respeto hacia los superiores? El caso es que le lancé el libro, me estaba poniendo frenético, y entonces fue cuando se encerró en mi despacho... ¡Por un libro nada más!—exclamó. Ashley enarcó las cejas—. Bueno, y por el cristal —admitió.
—El... ¿cristal? —inquirió ella boquiabierta.
—El cristal de la... ventana —murmuró su jefe. Se dio la vuelta y le señaló unos cristales rotos sobre la acera en los que ella no había reparado hasta ese momento. Zac Efron se agachó a recoger algo de el estropicio.
— Ah, aquí está! Sabía que debía estar por aquí — dijo levantándose y blandiendo el diccionario, un talonario bastante grueso.
Ashley se debatía entre la risa y las lágrimas cuando se oyó un chirrido y una sirena, y apareció torciendo en esquina el camión de bomberos. Se detuvo frente al edificio.
—Esto... ¿No les dijo para qué necesitaba que vinieran? —le preguntó Ashley a su jefe al ver que los bomberos se bajaban y empezaban a desenroscar una manguera.
—Pues no, la verdad es que no —respondió Efron distraídamente—. ¡Oh, hola, Corbin! —saludó al de bomberos de Tisdaleville, adelantándose—. Gracias a Dios que habéis venido!
—¿Dónde es el incendio, Efron? —inquirió este mirando en todas direcciones.
—¿Incendio? —Repitió Efron rascándose la cabeza— La verdad es que no hay ninguno. Se trata de otra clase de emergencia.
Corbin, un tipo grande y fuerte con la cara colorada, lo miró ceñudo.
— No hay fuego —les hizo una señal a sus compañeros para que guardaran la manguera—. ¿Entonces para que nos necesitas?
—Quiero que echéis abajo la puerta de mi despacho con un hacha. Es que... he perdido la llave —improvisó el señor Efron. No podía decir la verdad delante de la muchedumbre de curiosos que se había agolpado allí delante.
—¿Y por qué no has llamado a un cerrajero? — preguntó el jefe de bomberos empezando a perder la paciencia.
— Pues porque... porque...
— Una joven empleada se ha encerrado allí y no quiere salir —le explicó Ashley al jefe de bombero llevándolo aparte.
— ¡Por todos los demonios, Efron!, ¿quieres que tiremos una puerta a hachazos para hacer salir a una pobre chica?! —exclamó Corbin.
La muchedumbre prorrumpió en carcajadas mientras que Barry Zac Efron enrojecía y balbucía cosas como: «¿Pobre chica?» y «¡es un diablo, un diablo!» Por suerte no fue precisa ninguna actuación, ya que en ese momento, Vanessa, que debía haber oído el jaleo salió por su propia voluntad, y avanzó amenazadora hacia su jefe.
— ¡Renuncio! —le gritó al señor Efron. En cuanto llegó a su lado le arrebató el diccionario de la mano, y lo golpeó con él en la cabeza con todas sus fuerzas. Se volvió hacia Ashley temblando de ira—. Lo siento, Ashley, pero a partir de hoy vuelves a ser la única secretaria de esta oficina. ¡No aguanto ni un día más al lado de este atormentador de mujeres! ¡Y no tiene usted ni idea de ortografía, señor abogado de pacotilla! —le gritó a Efron.
— ¡Tengo mucha más idea que tú, niñita de instituto! —le gritó él viéndola alejarse—. ¡No esperes que vaya corriendo tras de ti para rogarte que vuelvas!, ¡no pienso hacerlo! Seguro que en esta estúpida ciudad hay cientos de estúpidas mujeres que no sepan deletrear, igual que tú, y que necesiten trabajo.
El jefe de bomberos estaba observando la escena boquiabierto, mientras que Ashley trataba a duras penas de no estallar en risas. Presintiendo lo que iba a ocurrir, se escabulló y entró en la oficina. Y, tal y como había supuesto, al cabo de un par de minutos el jefe de bomberos estaba lanzando serpientes y culebras por la boca
Aturdido Zac Efron por haberlos llamado para semejante majadería, y diciéndole que diera gracias porque no fuera a informar de ello a la policía para que le dieran una multa o lo arrestaran.
El incidente con Vanessa había puesto de un humor de mil diablos a Zac Efron, así que, seguramente estallaría porque no hacía más que despotricar de ella . Y como no había trabajo adelante ni dejaba trabajar a Ashley, dijo que cerrarían una hora antes. Ashley recogió sus cosas y llamó a la nave de los Jonas para preguntarle a Kevin si podía acercarse a recogerla antes, pero le dijeron que estaba fuera. Ashley suspiró mientras colgaba auricular, y al ver a su jefe salir de su despacho en ese momento con el maletín en la mano, le preguntó sin pensarlo dos veces:
—¿Le importaría llevarme en su coche a la nave? — He llamado a Kevin para que viniera a recogerme, pero me han dicho que ha salido.
—Claro, cómo no. ¿Qué ha pasado con tu coche nuevo?, ¿averiado?
— Hum... Es una larga historia —murmuró ella mientras él le sostenía la puerta de su Mercedes para que entrara—. ¿De verdad va a despedir a Vanessa? — le preguntó cuando él hubo entrado también—. En el fondo es una buena chica.
—No es cierto, es como una piedra en el zapato — masculló Efron.
—Si le diera otra oportunidad y tratara de ser más paciente estoy segura de que lo sorprendería.
Zac Efron se removió incómodo en el asiento.
—Supongo que para ti es una faena: la verdad es que el volumen de trabajo que tenemos ahora es demasiado para una sola persona. —Tal vez debería plantearse pedirle que volviera— sugirió Ashley—. Además, seguro que está avergonzada de cómo se ha comportado.
—En fin, supongo que tendré que hacerlo — respondió él exhalando un profundo suspiro—. Después me pasaré por la casa de sus padres y les diré que puede venir mañana de nuevo a la oficina si quiere— concedió como si estuviera haciéndole un favor a la chica.
Cuando llegaron a la nave, a pesar de que ella le dijo que no era necesario, él insistió en salir del coche y abrirle la puerta para que bajase.
Ashley estaba despidiéndolo con la mano y viendo alejarse el vehículo cuando vio una sombra cernirse sobre la suya en el suelo, una sombra alargada. Se dio la vuelta y se encontró con Kevin, un Kevin con cara de pocos amigos.
—Ah... hola.
—Pensaba que salías a las siete —le dijo él en un tono peligroso.
—Hemos tenido un problema en la oficina y hemos salidos antes —explicó Ashley. ¿Cómo se le habría ocurrido pedirle a Zac Efron que la llevara sabiendo lo celoso que era Kevin respecto a él?—. ¿Puedes llevarme a casa o tienes que quedarte aún un rato? Te esperaré si hace falta.
—Nick sale ahora, él te dejará en casa.
Y entró en las oficinas de la nave, dejándola allí de pie, bajo un sol de justicia, entre los mugidos del ganado.
Nick apareció al rato visiblemente irritado.
— ¡Menudo caradura de hermano que tengo!, lleva todo el día sentado tras su mesa de brazos cruzados, y va y me saca de una reunión para llevarte a casa. Te juro que no entiendo nada. ¿Está enfadado contigo?
—¿Y cuándo no lo está? —Replicó ella airada—, el señor Efron me ha traído en su coche hasta aquí, Kevin debe haberse imaginado que lo he seducido en la autopista. ¡Es tan... tan... tan insufrible, tan cabeza, tan insensible...!
—Bueno, bueno... —la tranquilizó él mientras caminaban hacia su coche—. ¿Entonces es solo una cuestión de celos? Venga, Ashley, eso no es problema. Una mujer, debería saber perfectamente lo que tiene que hacer.
Ashley imaginó a qué se refería, y se sonrojó profundamente. Habían llegado junto al coche, y Nick le abrió la puerta para que se sentara y entró él también. Le hizo gracia verla ruborizarse. En el fondo Kevin y ella eran muy parecidos: chapados a la antigua y llenos de prejuicios. Puso el vehículo en marcha y se aclaró la garganta.
—Ashley... —le dijo—, la mejor manera de obtener la atención de un hombre y de quitarle el mal humor, es besarlo, abrazarlo y... bueno, dejar que la naturaleza siga su curso, ya sabes a qué me refiero —dijo guiñándole un ojo.
Ashley volvió a sonrojarse.
—No creo que a Kevin le gustase que hiciese eso—murmuró con voz ronca.
—Pues claro que sí —le aseguró él dándole unas palmaditas de ánimo en la mano—. Está tan loco por ti que ve fantasmas por todas partes. Hazme caso, Ashley, si utilizas el método de aproximación adecuado, se volverá dócil como un perrillo faldero.
Habían llegado al rancho. Tras despedirse de Nick, Ashley entró en la casa pensativa. Lo cierto era que la idea de seducir a Kevin era tentadora, se dijo sonriendo con picardía mientras subía la escalera.


bnoo ia es todoo..


xoxo♥

"KEVIN" cap 6 MM 4/5


Capitulo 6

Hasta que llegó al pasillo, descalza, a Ashley no se le ocurrió que las tres de la madrugada no era el mejor momento para compartir secretos íntimos con un hombre que llevaba semanas esperando ansioso la consumación de su matrimonio. Se quedó dudando frente a la puerta entreabierta de su dormitorio. La luz estaba encendida, pero el silencio era absoluto. Tal se hubiera quedado dormido.
—No hay nadie hay dentro —dijo una voz a sus espaldas, sobresaltándola.
Ashley se giró, para encontrarse a Kevin allí de pie con un vaso de whisky en la mano.
—Pensé que te habías ido a la cama —murmuró.
—¿Y qué haces tú deambulando por los pasillos?
Ashley se rio avergonzada, y una sonrisa se dibujó involuntariamente en los labios de Justin. Estaba preciosa cuando se reía. No, estaba preciosa de cualquier modo.
—¿Has venido porque quieres dormir conmigo? —aventuró Kevin confuso.
—Bueno, no es la única razón —balbució ella sonrojándose. Alzó los ojos hacia el rostro de él, y luego volvió a bajarlos—. ¿Sabías que nadie me había besado antes de que lo hicieras tú?
Kevin parpadeó incrédulo.
—¿Has venido a decirme eso a las tres de la mañana?
—Bueno... es que me parecía que era importante que lo supieras —dijo ella encogiéndose de hombros. Volvió a alzar la vista hacia él, y sus ojos verdes miraron con aire melancólico las duras facciones, la boca, los marcados músculos del tórax y el estomago...
—Es increíble — murmuró con un suspiro, sin poder apartar la mirada del torso bronceado.
—¿El qué? —inquirió él frunciendo el entrecejo, y observando algo turbado cómo lo estaba devorando con los ojos.
—Que no tengas que echar a las mujeres de tu dormitorio con el palo de una escoba —contestó ella distraídamente.
—Ese relajante muscular... ¿tenía efectos secundarios? —inquirió Kevin enarcando las cejas. No podía creer lo que estaba oyendo.
Ashley se rio suavemente.
—¿Puedo dormir contigo? La verdad es que aún estoy temblando por dentro por el susto. Es decir... — dijo aclarándose la garganta—, si no te importa demasiado. No querría empeorar las cosas.
—No creo que puedan ponerse peor de lo que están ya —repuso él quedamente. La miró a los ojos—. Lista bien, pasa.
Ashley lo siguió al interior del dormitorio, y subió a la cama mientras él sostenía las sábanas para que se deslizara bajo ellas.
—Puedo ajustar el aire acondicionado si quieres—le ofreció Kevin.
—No, está bien —replicó ella—. Detesto dormir en una habitación calurosa, incluso en invierno.
—A mí me pasa lo mismo —admitió él con una débil sonrisa. Apagó la luz y se metió en la cama.
—¿No vas... uní... no vas a quitarte los pantalón verdad? —inquirió Ashley agradeciendo que en la oscuridad él no pudiera verla enrojecer.
Kevin se echó a reír.
—Por Dios, Ashley...
—No te rías de mí —murmuró ella ofendida.
—Yo siempre pensé que eras una chica sofisticada —confesó Kevin—, ya sabes, una de esas chicas liberadas que tienen una ristra de hombres bajo la manga y beben champán y lucen diamantes.
—Pues sí que estabas equivocado... —murmuró Ashley—. Hasta que apareciste tú, solo había salido con un hombre, y la única vez que intentó besarme, mi padre le pegó una bofetada. Estaba obsesionado con mantenerme casta y pura hasta que encontrara a alguien a quien venderme, a alguien que lo hiciera aún más rico de lo que era. Pero claro, tú no podías saber eso, porque crees que fue un santo...
Kevin encendió la luz y la miró fijamente a los ojos, advirtiendo el rubor que teñía sus mejillas.
—¿Te importaría apagar la luz, por favor? No puedo hablar de estas cosas mirándote a la cara.
Kevin se limitó a sonreír divertido e hizo lo que le pedía.
—Está bien, continúa.
—Mi padre jamás quiso que me casara contigo, a pesar del teatro que montó —le explicó Ashley—. Quería que me casara con Rob Pattinson porque él también criaba caballos de carreras, y quería asociarse con él.
—Perdona, pero no me lo trago —replicó él. ¿Cómo podía creerse esa historia? Bass Tisdale lo había ayudado a echar adelante su negocio. Se preguntó si ella habría jugado a averiguar aquello. Ashley suspiró.
—Pues es la verdad. Estaba decidido a hundirte y a pararnos, y por eso se inventó esa mentira de que yo estaba enamorada de Rob y quería casarme con él.
—Tú admitiste que te acostabas con él —le recordó Kevin irritado—. Y me habías rechazado aquella noche. No necesitaba más pruebas.
—Pero no te rechacé porque te encontrara repulsivo como tú crees —le espetó ella.
—¿Ah, no?
Y antes de que Ashley pudiera decir nada, rodó para colocarse encima de ella. Con un brazo la atrajo hacia sí, y buscó sus labios en la oscuridad, besándolos con rudeza. Ashley, asustada, alzó las manos con ira su pecho para apartarlo, y cuando la rodilla de Kevin se deslizó entre las de ella, se puso rígida y luchó aún con más ahínco.
Entonces Kevin se apartó sin decir nada y se bajó de la cama. Ashley escuchó como accionaba el interruptor de la pared, y cuando lo vio volverse hacia ella, sus ojos relampagueaban furiosos.
— ¡Sal de aquí! —rugió.
Ashley sabía que nada de lo que pudiera decirle lo calmaría, así que se bajó de la cama, llorosa y pidiéndole disculpas con la mirada, y obedeció. No miró atrás. Cerró la puerta suavemente tras de sí y, sin que las lágrimas dejaran de rodar por sus mejillas, bajó las escaleras.
Al llegar al salón, encendió la luz y fue al mueble bar para sacar una botella de brandy. Se sirvió una copa y bebió un sorbo.
En la casa reinaba el silencio más absoluto, pero su mente era un verdadero torbellino. ¿Por qué no podía comprender Kevin que al tratarla con tan poca delicadeza solo lograba asustarla? ¿Y por qué se negaba siempre a escucharla? Porque lo había vuelto a rechazar, esa era la razón, se dijo apesadumbrada. Pero, si no lo hubiera apartado, si hubiera perdido el control... Cerró los ojos espantada ante la idea del dolor que podría haber experimentado, y se estremeció.
Fue a sentarse al sofá con las piernas temblando, y agachó la cabeza, apoyando la frente en el borde de la copa. Se incorporó y, con los ojos nublados por las lágrimas, bebió otro sorbo y otro y otro... hasta que al fin se fue tranquilizando.
Cuando advirtió que no estaba sola, ni siquiera alzó la vista.
—Ya sé que me odias —murmuró sin fuerzas—. No hacía falta que bajaras para decirme eso.
Kevin contrajo el rostro al ver las lágrimas en su cara y notar la angustia en su voz. Había vuelto a herirlo, pero no podía evitar sentirse fatal al verla así.
Se sentó en el borde de la mesita de café frente a ella.
—He estado allí arriba llamándote toda clase de cosas horribles —le dijo al cabo de un minuto—, hasta que de pronto recordé lo que habías dicho, acerca de que ningún hombre te había besado antes de hacerlo yo.
—Da igual, tú piensas que soy una furcia —dijo ella amargamente—, que me acosté con Rob Pattinson.
—Y recordé algo más... —murmuró Kevin, arrodillándose frente a ella para poder mirarla a los ojos—. Recordé que esta noche, cuando te saqué del arcén... me besaste. No parecías tenerme miedo, y tampoco parecía repugnarte. ¿Era porque... porque eras tú quien llevabas las riendas?
Ashley suspiró temblorosa. Al fin Kevin estaba empezando a comprender. Tragó saliva y asintió con la cabeza.
—Pero hasta ahora yo siempre he sido muy brusco cuando he intentado acercarme a ti... —prosiguió él
Esperando otra confirmación.
—Así es —murmuró ella sonrojándose y rehuyendo su intensa mirada,
—Entonces... no te apartas de mí por repulsión, sino por miedo... no a quedarte embarazada... tienes miedo al acto en sí -acertó por fin.
—Tómate otro whisky a mi cuenta —murmuró Ashley con un humor forzado.
Kevin suspiró, viendo cómo ella deslizaba el pulgar por el borde de su copa de brandy medio vacía. Se la quitó de las manos y la puso en la mesita.
—Levántate.
Ashley elevó los ojos hacia él extrañada, pero hizo lo que le decía. Kevin se tumbó en el sofá.
—Y ahora siéntate aquí —le indicó, dando una palmadita en el hueco que había dejado al borde.
Ella obedeció vacilante, preguntándose qué pretendía. Justin le tomó una mano y la colocó sobre su tórax.
—Piensa en esto como si fuera parte del... proceso de aprendizaje —le dijo.
Ashley dejó escapar un suave gemido, y buscó sus ojos.
—Pero tú... A ti no te gusta que... —balbució recordando que en el pasado jamás la había animado a dar el primer paso.
—Olvídate de mí —le espetó él — Si de este modo logro que me pierdas el miedo, estoy dispuesto a darte ventaja.
Nuevas lágrimas acudieron a los ojos de Ashley, y tuvo que morderse el labio inferior para que dejara de temblar.
—Oh, Kevin... —murmuró, emocionada por aquel gesto.
—¿Podrás hacerlo así? —le preguntó él con ternura—. Si te dejo, ¿crees que podrías hacerme el amor tú a mí?
Las lágrimas rodaban ya por las mejillas de ella, incapaz de contenerlas por más tiempo.
—Quería decírtelo, Kevin, pero me daba vergüenza... —sollozó.
—Está bien —la tranquilizó él—. Debí haberlo comprendido hace tiempo. No te haré daño, Ashley, yo jamás te haría daño...
Entre lágrimas, Ashley emitió una risa ahogada. Tenía gracia que al final hubiera tenido que ser él quien lo adivinara por sí mismo. Sonrió, y se inclinó insegura para besarlo.
Kevin sentía que el corazón le iba a estallar. ¿Por qué no había sido capaz de comprenderlo hasta entonces? Obviamente Rob Pattinson le había hecho daño, y por eso ella tenía miedo de hacer el amor con otros hombres. Detestaba la idea de que aquel tipo hubiera sido su amante, pero no podía soportar ver a Ashley sufrir el resto de sus días por cómo la había tratado. Tenían que empezar a construir una vida juntos de algún modo, y aquel parecía el más indicado.
Apartó todo pensamiento de su mente y se concentró, curioso, en el tímido beso de Ashley. No, era evidente que no sabía besar, se dijo esbozando una sonrisa. Llevaba mucho tiempo de abstinencia, pero antes de conocerla su falta de atractivo jamás había sido un impedimento para atraer a las mujeres. Sabía lo que tenía que hacer para volverlas locas.
Como le había prometido, no la tocó. Se quedó allí mudo, quieto, permitiendo que la boca de ella juguera con la suya.
—Puedes acercarte más —le dijo—, no voy a comerte.
Ashley sonrió, y se tumbó a su lado, con los senos apretados contra su tórax, aunque no se atrevió aún a entrelazar las piernas con las de él. Los labios le temblaban ligeramente cuando lo besó de nuevo, pero Kevin se mantuvo fiel a su palabra y no trató de atraerla hacia sí, ni de hacer el beso más íntimo.
Las manos de Ashley se enredaron en el cabello negro, y recorrió con los labios cada rasgo de su rostro. De sus labios escapó una risa; encantada como estaba de descubrir lo dulce que era poder tomarse la libertad de acariciarlo y besarlo.
Kevin abrió los ojos y la miró sorprendido.
—¿A qué ha venido eso?
—Es que... si supieras cuánto tiempo hace que quería hacer esto...
—Podías habérmelo dicho — le espetó él.
—No, no podía —replicó Ashley repasando la mano por el vasto tórax—. Es algo demasiado íntimo... —y entonces, de un modo impulsivo, se agachó para rozar con sus labios el esternón—. Oh, Kevin, te he echado tanto de menos...
El tórax de Kevin se hinchó ante aquella caricia.
—Yo también te echaba de menos —murmuró con voz ronca—. ¡Dios, Ashley, no puedo...! —masculló.
— ¿No es suficiente para ti, verdad? —inquirió ella, vacilante, alzando el rostro— Lo siento, me temo que estoy un poco verde en esto. El deseo oscureció la mirada de él.
—Quiero tocarte —le susurró—, quiero tenerte tumbada debajo de mí y sacarte la camisa del pijama.
Ashley se estremeció.
—Pero... si perdieras el control, ocurriría lo mismo que ocurrió arriba hace un rato —gimió—, me asustaré.
—Te juro por Dios que no lo perderé —le aseguró Kevin—, aunque tenga que salir fuera a chillar en la oscuridad.
Ashley se rio, pero le creyó. Aquello iba a ser lo más difícil para ella: confiar en él. Tragó saliva y se tumbó de espaldas, viendo cómo él se colocaba sobre ella.
—Dar tu confianza a los demás es difícil, ¿no es verdad? —murmuró Kevin adivinando sus pensamientos. La verdad era que la frase podía aplicarse a los dos.
—Sí —asintió ella—, pero ya he comprendido que no hay más remedio que arriesgarse. Antes de acostarme estaba pensando en que podía haber muerto en ese deportivo, y todos los problemas parecen tan insignificantes cuando has estado a punto de morir... Lo único en que podía pensar mientras frenaba era en ti, y en lo triste que me sentía por no haber construido recuerdos felices a tu lado.
—¿Por eso viniste a mi dormitorio? —le preguntó él con una sonrisa.
—No, no solo por eso —respondió ella estudiando sus labios—, tenía hambre de ti, y quería saber si podría controlar mi miedo, pero cuando me agarraste arriba, en tu cuarto, me desmoroné.
—Esta vez no seré brusco —le prometió Kevin.
Inclinó la cabeza para rozar sus labios y mordisquearlos con cuidado, hasta que ella lo imitó. Cuando notó que su respiración estaba empezando a tornarse algo entrecortada, se puso a dibujarle arabescos invisibles en la camisa del pijama con los dedos.
Ashley se puso rígida un instante, pero al ver que sus movimientos eran lentos y suaves se relajó de nuevo.
—¿Todo bien? —le preguntó Kevin levantando la cabeza.
Ashley no podría haberle expresado con palabras lo que aquella ternura significaba para ella. Asintió con la cabeza y sonrió.
Kevin bajó la mirada hacia sus senos, y observó cómo se ponían de punta sus pezones cuando los acariciaba. Enseguida la escuchó gemir suavemente y notó que se estremecía. Le gustó aquella reacción, así que lo repitió, y ella se arqueó hacia él como un gato.
—Me siento... extraña —murmuró Ashley—, temblorosa.
—Yo también —susurró Kevin. La besó dulcemente hasta que ella abrió la boca para darle acceso—.
—¿Quieres que te diga lo que voy a hacer ahora?
El corazón de Ashley empezó a latir como un loco, pero volvió a asentir con la cabeza.
—Voy a desabrocharte la camisa —le dijo Kevin, y procedió a sacar, uno tras otro, cada botón de su ojal.
Cuando estuvo totalmente desabrochada, Kevin la abrió por abajo, pero dejando aún cubiertos sus senos, y la miró a los ojos, y vio reflejados en ellos su timidez, pero también una creciente excitación que no podía ocultar.
—Tienes los pechos pequeños —susurró pasando la mano por una de sus curvas, tapada todavía por el satén—. Me gustan las mujeres con los pechos pequeños.
Ashley volvió a estremecerse, y gimió maravillada mientras él los acariciaba con maestría, evitando siempre el pezón endurecido.
—Sí, eso te gusta, ¿verdad? —murmuró contra sus labios.
Volvió a acariciarle los senos, pero esa vez no se detuvo al llegar a los pezones, sino que abrió las palmas y las apretó contra aquellas cálidas cumbres.
Ashley emitió un profundo gemido que la debió sorprender a ella misma, porque tragó saliva y se humedeció los labios con la lengua.
—Te comportas... como una virgen —susurró Kevin.
Finalmente, apartó sensualmente el resto de la tela y se incorporó un poco para admirarlos. Aquellos montículos cremosos de areolas sonrosadas estaban modelados tan exquisitamente, que por un momento se quedó sin respiración.
—¿De verdad no te importa que sean... pequeños? —se escuchó preguntar Ashley,
—Dios, claro que no —fue la respuesta inmediata de él—. ¿Te importaría que los besara?
Ashley se sonrojó profusamente, pero sonrió y sacudió la cabeza.
—No.
Kevin le devolvió la sonrisa y agachó la cabeza. Ashley volvió a arquearse al sentir el contacto de aquellos labios en sus senos, diciéndose que, en toda su vida, jamás había imaginado que pudiera experimentarse un placer semejante al ser acariciada. Hundió los dedos en su cabello y lo sostuvo apretado contra su cuerpo, temblorosa. Suspiró y gimió, y sus ojos se llenaron de lágrimas de dicha.
Kevin la notó estremecerse, y comprendió inmediatamente la razón. Era la señal que había estado esperando. Sus grandes manos descendieron hacia las caderas de Ashley y siguieron bajando hasta llegar al vientre.
Kevin le estaba quitando el pantalón del pijama con tanta sensualidad y destreza que a ella no le importó en absoluto, y tampoco se sintió amenazada. Le encantaba el contraste algo áspero de sus manos con la suavidad de su piel.
Tomó uno de sus senos en la boca y succionó, hasta hacerla gemir de placer otra vez. De pronto Ashley se miró subiendo y bajando las manos por los musculosos brazos, atrayéndolo más hacia sí, susurrándole, rogándole que le diera algo sin saber muy bien lo que era. Le mordió el hombro, y cuando Kevin alzó la cabeza y la miró, Ashley apenas sí podía verlo, nublada tenía la vista por el deseo que él había despertado poco a poco en ella. Le pareció que sonreía antes de volver a reclamar sus labios, y entonces sintió que invadía su boca con la lengua en envites lentos y exquisitos, supo que su cuerpo titilaba debajo del de él.
Le rodeó el cuello con los brazos y lo apretó contra si deleitándose en los duros contornos de su cuerpo y el calor que se generaba al estar piel contra piel, sus sentidos registraron vagamente el hecho de que él ya no tenía puesto el pantalón del pijama, pero el tacto de su cuerpo desnudo era tan excitante que verdaderamente no quería que se detuviera.
—Va a suceder... ahora —le susurró Kevin. Introdujo la rodilla entre sus largas piernas, notándola temblar—. No te haré daño, Ashley y tampoco te presionaré. En cualquier momento puedes decirme que pare. Voy a hacer esto con tanta dulzura que no tendrás ningún miedo. Quédate quieta y confía en mí... solo unos segundos más.
Ashley estaba temblando, y notaba que él también, pero nunca había deseado nada con tanta intensidad como aquello. Estaba compartiendo el momento más íntimo de su vida con Justin, con su marido, con el hombre al que amaba más que a nada en el mundo. Se había mostrado tan paciente, tan tierno, que quería entregarse a él en cuerpo y alma.
—Justin,.. —le susurró ansiosa, observando cómo se tensaban sus facciones.
Al notar el primer contacto, Ashley dio un pequeño respingo.
—Shh... —la tranquilizó él, y sonrió, forzándose a controlarse—. Voy a estar pendiente de tus reacciones —murmuró contra sus labios—, así que en el instante en que sientas el más mínimo dolor lo sabré.
Habían dejado las luces encendidas, pero lo único que Ashley podía ver era el rostro de Kevin. En el silencio de la noche escuchaba su respiración entrecortada, jadeante. Sin embargo, no estaba asustada, ni siquiera por el peso de su cuerpo. Pero entonces el dolor le sobrevino como un cuchillo al rojo vivo. Gritó, y las lágrimas rodaron sin poder contenerlas por sus mejillas.
Kevin se había quedado quieto como si se hubiera convertido en piedra. Entreabrió los labios y la miró incrédulo. Se movió de nuevo, y vio que Ashley apretaba los dientes.
—Lo siento —sollozó ella—, no pares... Está bien, creo que puedo... soportarlo.
— Dios del cielo!
Kevin se retiró, estremeciéndose violentamente.
—Kevin... No tenías... no tenías por qué parar — murmuró ella.
Pero él no estaba escuchándola. Alargó la mano para alcanzar su vaso de whisky, pero las manos le temblaban de tal modo que casi derramó el contenido antes de que llegara a su boca.
Se puso de pie, y Ashley apartó la mirada pudorosa ante su masculinidad erecta.
—Lo siento mucho, Ashley —dijo Kevin.
Se agachó para recoger el pantalón del pijama y ponérselo. Después, fue junto a ella, la tomó en sus brazos y se sentó de nuevo en el sofá con ella encima, acunándola y susurrándole palabras que la calmaran mientras las lágrimas seguían cayendo.
Cuando el llanto paró, Kevin le secó la cara con un ludo. La mejilla de Ashley descansaba contra el hombro de Kevin, mientras que sus senos estaban suaves y apretados contra el estómago de él.
—Eres mi esposa, Ashley —le susurró Kevin al azoramiento—, no pasa nada porque te vea sin ropa
—Lo siento —musitó ella—, supongo que tienes razón. Es solo que esto es... nuevo para mí.
Lo sé —respondió Kevin sonriendo—. Mi esposa virgen... —murmuró acariciándole suavemente los senos — . ¡Oh, Ashley, Ashley...!
— Yo... El doctor Sims me hizo una intervención quirúrgica, pero solo de un modo parcial —le explicó —. Me temo que no fue suficiente —le dijo poniéndose roja como una amapola.
—¿Y por qué no le dejaste que te hiciera la operación completa?
—Para poder demostrarte que no me había acostado con Rob —respondió ella.
— ¡Dios mío! —murmuró él tomándola por la barbilla para que lo mirara a los ojos —. Dios mío, no quiero ni pensar en lo que habría ocurrido si no me hubiera detenido arriba en el dormitorio, o ahora, hace un momento.
—Habría dejado de dolerme, Kevin, seguro... — murmuró ella con timidez.
— ¡Y un cuerno! —Exclamó él suspirando con pesadez—. He sido un bruto, Ashley, por no querer escucharte. Me temo que no te va a hacer gracia, pero deberías ir otra vez a tu médico para que acabe de hacerte esa operación.
—Pero...
—Un poco de dolor es una cosa, pero lo que tienes ahí es... —notó que ella estaba bastante incómoda hablando del tema, así que la abrazó y le dijo—. Ponte la ropa. Te serviré un poco de brandy.
Ashley se levantó y se vistió. Se notaba las mejillas ardiendo. Nunca hubiera imaginado que la intimidad entre un hombre y una mujer fuera así. Estaba contenta a pesar del susto y del miedo, porque había descubierto que Justin era capaz de controlarse, era paciente y considerado cuando quería serlo.
—Ashley —dijo él de pronto—, ¿por qué no habías contado nada de esto?
—¿Y cómo iba a hacerlo? —le respondió ella con un suspiro—. Oh, Kevin, tengo veintisiete años y estoy tan verde como una adolescente... Ni siquiera puedo hablar de esto contigo ahora sin sonrojarme.
— Yo creía que me encontrabas repulsivo —murmuró él—. Nunca pensé... Sí hubiera sabido esto no te habría tratado como te he tratado hasta ahora. Yo... me dolía tanto pensar que me hubieras engañado con otro hombre... y cuando tú me rechazabas yo me sentía fatal.
—Bueno, al menos ahora sabes por qué me apartaba de ti.
Kevin la miró a los ojos largo rato.
— ¡Dios, te deseo tanto...!
— Yo también te deseo, Kevin —musitó ella bajando la vista a la alfombra.
—Pues entonces solucionemos esto: ve a ver al doctor Sims, hazte esa operación, tengamos un matrimonio de verdad, la clase de matrimonio en el que dos personas duermen juntas y tienen hijos.
Ashley volvió a sonrojarse, pero se obligó al alzar la vista hacia él.
—¿De verdad quieres que tengamos hijos?
—Sí, los quiero tener contigo, con nadie más.
—Entonces no tendré que tomar... nada.
—No —contestó Kevin esbozando una sonrisa.
Ashley se quedó allí de pie incómoda, sin saber cómo decirle lo que le quería decir.
—Supongo que no sería una buena idea que durmiéramos juntos después de esto, ¿verdad? —musitó esperanzada de que él le dijera que no, que podían dormir juntos.
—Tal vez no sería lo más sensato, pero vamos a dormir juntos —le respondió Kevin—. Aunque no hagamos el amor, puedo abrazarte mientras duermes.
—Kevin, yo... quería pedirte perdón por tantas cosas— Ashley suspiró aliviada.
— Yo también a ti, Ashley —contestó él inclinándose para besarla suavemente—, pero creo que lo mejor será que dejemos que las cosas vayan poco a poco. No volveré a presionarte.
—Gracias.- Kevin apagó la luz y subieron juntos a su dormitorio.
—¿Seguro que estás bien? —le preguntó cuando ya estaban en la cama, con ella acurrucada contra su cuerpo—. ¿No te he hecho mucho daño?
—No —susurró ella en la oscuridad.
—¿Y tampoco te asusté demasiado? —insistió él preocupado.
—No, Kevin, fuiste muy dulce —lo tranquilizó ella frotando su mejilla contra el pecho de él.
—Así debería hacerse siempre el amor —dijo Kevin—, pero soy un hombre apasionado, señora Jonas, y llevo bastante tiempo de abstinencia.
—¿Unos meses? —preguntó Ashley con una media sonrisa.
—Um... Un poco más —contestó Kevin besándola en la frente—. Unos seis años.
— ¡Cielos! Nunca hubiera imaginado que... —balbució Ashley sorprendida—. Kevin, yo...
— Shhh... Anda, duérmete, tienes que descansar. Volvió a besarla, y la atrajo más hacia sí.

"KEVIN" cap 5 MM 3/5


Capitulo 5

Ashley había albergado la esperanza de que a Kevin se le hubiera pasado un poco el enfado para la hora de la cena, pero para su decepción no fue así. Se sentó a la cabecera de la mesa, y apenas hablaron.
Después, salió del comedor sin decir una palabra, Ashley lo vio subir las escaleras con creciente desesperación. ¡Si pudiera ir tras él, rodearlo con sus brazos y explicarle cómo se sentía...! Pero, ¿cómo iba a hacerlo después de lo ocurrido en el pasado?
La tristeza estaba ahogándola y decidiendo que no podía aguantarlo más se levanto de la mesa, fue por su bolso y salió y se metió en su pequeño deportivo. Si Kevin creía que iba a pasarse el resto de la noche allí sentada sintiéndose miserable estaba muy equivocado
Puso en el motor y salió a la carretera aumentando la velocidad poco, dejándose envolver por esa sensación de libertad que experimentaba al volante, dejando que el viento le desordenase salvajemente los cabellos.
Kevin la odiaba, pero aquello no era nada nuevo hacía años que la odiaba; lo había herido y nunca la perdonaría. Ashley no sabía por qué había accedido a casarse con él: jamás funcionaría. Había sido una idiota, y no podía culpar a nadie más de su propia infelicidad.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no vio la señal de stop hasta que la tuvo casi encima, y la bocina ensordecedora de un camión hizo que la sangre se le congelara en las venas.
Un camión enorme rodaba hacia ella por la autopista. Su pequeño deportivo no era lo suficientemente rápido como para pasar a aquel gigante en la intersección, y no estaba segura de que el coche pudiera frenar a la velocidad a la que iba.
Aun así, con el corazón en la garganta, y la certeza de que iba a morir, pisó el freno con todas sus fuerzas. El chirrido de los neumáticos irrumpió en el silencio de la noche, y el vehículo se descontroló, empezando a girar sobre sí mismo como una peonza. El pánico hizo presa de Ashley, que agarró el volante impotente, y el coche se salió de la carretera, introduciéndose en la hondonada del arcén. Se inclinó hacia el lado, como si estuviera borracho, pero increíblemente no volcó, y Ashley se quedó sentada en el asiento, aturdida pero no herida, aunque sentía el amargor de la bilis en la garganta, y todo le daba vueltas. En ese momento se escuchó el chirrido de otro coche frenando, y cómo su ocupante abría la puerta y corría hacia ella.
— ¡Ashley! —la llamó una voz angustiada, una voz familiar... y a la vez distinta de cómo la recordaba, porque sonaba rota, áspera, y temblorosa—. ¡Contéstame, maldita sea!, ¿estás bien?
Sintió que unas manos grandes y fuertes le desabrochaban el cinturón de seguridad, para después recorrer su cuerpo con exquisito cuidado en busca de alguna herida o un hueso roto.
-¿Estás bien? —volvió a preguntarle la voz. Al fin los ojos de Ashley empezaron a enfocar de nuevo, y vio que era Kevin quien estaba a su lado—. ¿Te duele en algún sitio? ¡Por amor de Dios, vida mía, contéstame!
-Estoy... estoy bien —susurró mareada—. La puerta...
—No consigo abrirla —repuso Kevin—. Yo te sacaré, tranquila...
Se agachó, introdujo los brazos por debajo de las axilas de ella, y tiró hacia arriba con cuidado, sacándola del vehículo con una facilidad sorprendente, cuando tuvo los pies en el suelo, Ashley notó que se tambaleaba ligeramente, él la tomó en brazos con mucha delicadeza para salir del arcén. El conductor del camión había parado a unos metros, y se acercaba a ellos, pero Kevin no pareció advertirlo siquiera. Por la expresión de su rostro cualquiera habría dicho que lo tenía todo bajo control, pero le temblaban los brazos al dejarla en el suelo, sin llegar a soltarla.
Ashley, que ya estaba un poco menos mareada, lo había notado temblar y, al alzar la vista y mirarlo a la cara, se quedó sin aliento. Estaba lívido, con una mirada de auténtico terror en los ojos negros, y tras observarla un instante que pareció eterno, la abrazó como si no fuera a soltarla nunca.
—Oh, Dios mío... —repetía una y otra vez.
Ashley sabía que, mientras viviera, jamás podría olvidar el horror en sus ojos. Le echó los brazos al cuello, acunándolo. Aquella reacción la tenía fascinada. Nunca lo había visto tan agitado, era como si una pequeña grieta se hubiera abierto en su dura armadura.
— Estoy bien, Kevin —le aseguró en un susurro. Se apartó un poco para mirarlo a los ojos, atónita por la vulnerabilidad que reflejaban. Le tocó la boca, y sus dedos se deslizaron por las mejillas hasta el fosco cabello negro—. Amor mío, estoy bien, de verdad.
Tomó la cabeza de Justin entre sus manos, y la atrajo hacia la suya y le plantó un beso en los labios, feliz de que no la rechazara, aunque solo fuera porque no se lo esperaba. Durante varios segundos, fue un beso dulce, inocente, pero pronto una llama pareció encenderse dentro de ella, y apretó la boca con más fuerza contra la de él. Hacía años desde la última vez que se habían besado de verdad, no como aquel beso frío que Kevin le había dado en la boda.
Al gemir Ashley suavemente, Kevin salió del trance en el que se encontraba, y respondió a su beso ávidamente. Solo cuando el conductor del camión llegó junto a ellos, despegó, de mala gana, sus labios de los de ella.
—¿Está usted bien, señorita? —Preguntó jadeando por la carrera que se había dado—. ¡Dios, por un momento creí que la había golpeado...!
—Ella está bien —respondió Kevin—, pero ese deportivo del demonio no lo estará cuando agarre mi rifle.
El conductor del camión suspiró aliviado.
—Maldita sea, menos mal que no perdió usted la cabeza, señorita —le dijo a Ashley admirado—, si no hubiera pisado el freno tan a tiempo ahora estaría muerta y a mí tendrían que internarme en un manicomio.
— Lo siento —sollozó ella, derrumbándose por el susto que acababa de pasar—, lo siento tanto... Ni siquiera lo vi venir...
El joven camionero sacudió la cabeza.
—No se preocupe más de eso, lo importante es que no ha pasado nada. ¿Seguro que está bien?
Ashley asintió, forzando una sonrisa temblorosa.
—Gracias por parar a ver cómo estaba. Después de todo no ha sido culpa suya.
—Aun así no me habría sentido bien si le hubiera pasado algo —le contestó el hombre—. Bueno, si está usted bien me pondré en marcha de nuevo.
—Como le ha dicho mi esposa, gracias por parar dijo Kevin tendiéndole la mano. El hombre se la estrechó y se alejó.
Kevin tomó de nuevo en brazos a Ashley, y la llevó a su Thunderbird, sentándola con el mayor cuidado en su interior.
—Kevin, ¿y mi coche? ¿No vas a llamar a la grúa. Mira qué...
Los ojos negros de él se clavaron en los de ella.
— ¡A la mierda con ese condenado coche! — bramó irritado.
Cerró de un golpe la portezuela de Ashley y rodeó el coche para entrar también en él. Cuando se sentó, agarró el volante con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, y ella supo que se avecinaba tormenta. Kevin estaba muy agitado, se notaba que necesitaba descargar su furia sobre alguien, y tras haberse cerciorado de que ella estaba bien, Ashley imaginaba que estaba preparando los cañones.
—Adelante, dispara —le dijo llorosa, buscando un pañuelo de papel en la guantera—, me merezco todas las reprimendas que puedas echarme. Iba conduciendo muy deprisa y no me fijé en la señal de stop —sorbió por la nariz mientras seguía rebuscando en vano—. ¿Cómo llegaste tan rápido?
Kevin suspiró, y se sacó del bolsillo de la chaqueta un pañuelo inmaculado de algodón que le tendió.
—Te seguí —le explicó concisamente—. Oí el ruido de un motor arrancando, me asomé a la ventana y vi el coche alejándose. Temí que fueras a desahogarte corriendo por la autopista... como has hecho, así que te seguí —giró la cabeza hacia ella mirándola enfadado a los ojos—. Dios mío, al ver el coche girar y salirse de la carretera sentí que estaba pagando por pecados que ni siquiera he cometido.
Ashley podía imaginar lo terrible que había sido para él ver cómo se descontrolaba el automóvil.
—Lo siento —musitó. Se abrazó temblorosa. Kevin resopló irritado.
—Lo sientes... Es todo lo que puedes decir, ¿verdad? — le espetó—. Bien, pues ya puedes ir despidiéndote de ese maldito deportivo. Tus días de conductora temeraria han terminado.
— ¡No tienes derecho a mangonear en mi vida de ese modo! —le gritó Ashley con los labios temblorosos y los dientes apretados—. ¡No eres mi tutor!
— No —reconvino él con una sonrisa cruel—, es cierto, soy tu marido, el marido de una mujer santa y virginal que deja que cualquiera, excepto yo, la toque.
Aquello fue demasiado para Ashley. Rompió a llorar de nuevo con amargura, volviendo el rostro hacia la ventanilla.
—Oh, no... —Gruñó Kevin — , por amor de Dios, no llores, no soporto ver llorar a una mujer.
—Pues entonces no me mires, maldita sea —le espetó ella entre sollozos.
Kevin maldijo entre dientes. Se sentía como si le hubieran pegado una patada.
—Por favor, Ashley, deja de llorar. No pasa nada, lo importante es que no estás herida —le dijo en un tono de voz más suave, más sosegado.
Le acarició el cabello vacilante, y de pronto, entre la maraña de recuerdos de lo que había ocurrido minutos antes, relumbró un gesto de ella: le había acariciado el rostro, susurrándole algo, y después lo había besado para consolarlo. ¿Qué era lo que le había susurrado...?
—Me llamaste «amor mío»... antes, cuando te saqué del coche —dijo en voz alta aturdido al recordarlo. Ashley dio un respingo.
—¿Eso dije? Debió ser por el golpe —murmuró sorbiendo suavemente por la nariz y secándose los ojos—. ¿Podemos irnos a casa, Kevin? Necesito beber algo fuerte que haga que vuelva a entrarme el alma en el cuerpo.
—Y luego me... besaste —continuó él. No iba a dejar que evadiera el asunto.
Ashley se puso pálida de repente y después enrojeció.
—Es que estabas muy alterado y quise tranquilizarte —se excusó sin atreverse a mirarlo a la cara.
—He estado alterado otras veces, y nunca me has besado, Ashley —replicó él mientras giraba la llave en el contacto, con los ojos entornados—. De hecho, ni siquiera cuando salíamos juntos diste jamás el primer paso.
—Creo que me he dejado el bolso en el deportivo murmuró Ashley azorada.
Kevin suspiró molesto ante aquella nueva evasiva, pero alargó el brazo bajo el asiento de ella, y lo sacó de allí, colocándoselo en el regazo.
—Gracias —murmuró ella.
—Recuéstate en el asiento y descansa. Enseguida llegaremos a casa.
Ashley obedeció y cerró los ojos, mientras que Justin volvió la vista de nuevo a la carretera, pensativo.
¿Sería posible que hubiese estado equivocado todo el tiempo? Hasta entonces había estado muy seguro de que ella lo había rechazado porque le provocaba repulsión, pero, ¿cómo interpretar entonces la apasionada presión de aquellos labios tan cálidos y ansiosos sobre los suyos minutos atrás? Claro que ella había estado muy asustada en ese momento, y el miedo producía reacciones curiosas en las personas. Pero si la había preocupado hasta el punto de besarlo para tranquilizarlo, algo tenía que sentir por él, se dijo confuso.
Cuando llegaron al rancho, aparcó frente a la casa y, pese a las protestas de Ashley, la llevó en brazos hasta la habitación de invitados, y la depositó despacio sobre la cama, mientras sus ojos se fijaban hambrientos en el modo en que aquel condenado vestido rojo y blanco marcaba cada curva de su cuerpo. No tenía el escote demasiado pronunciado, pero si dejaba entrever la parte superior de sus firmes senos.
Al ver la tensión en los rasgos de él, Ashley frunció el entrecejo.
—¿Qué ocurre?
—Nada —respondió Kevin irguiéndose—. Date un baño y cámbiate. Después te llevaré al médico para que te examine, para asegurarnos de que no tienes lesiones internas.
— ¡Pero si te he dicho que estoy bien! —exclamó ella.
—Tú no eres médico, Ashley, y yo tampoco. Has tenido un accidente y vas a ir a que te vean. Date prisa en tomar ese baño y ponte algo que no sea demasiado... sexy —dijo, como irritado.
Ashley enarcó una ceja sorprendida y abrió la boca para decir algo, pero Kevin ya había salido de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Ashley resopló frustrada. ¿Por qué no tenía nunca en cuenta su opinión?, ¿por qué tenía que ser siempre él quien tomase las decisiones? Sentía deseos de agarrar algo y estrellarlo contra el suelo. Rompió a llorar, rabiosa, pero a pesar de todo se fue al cuarto de baño.
Cuando salió de la bañera, algo más calmada, se seco el pelo, y se puso una blusa blanca, una falda gris, un pañuelo gris y rojo en el cuello para darle un poco de color al conjunto. Mientras se vestía, le estaba dando pilas a las últimas palabras de Kevin. No entendía por le había dicho aquello de que no se pusiera algo demasiado sexy. Era absurdo, si ella casi nunca se ponía nada que... A menos que... ¿Podía ser que le hubiera parecido sexy el vestido rojo y blanco que llevaba puesto antes? Una sonrisa tonta se dibujó en su rostro. Era la primera vez, desde que se habían casado, que admitía sentirse atraído por ella.
Aquel beso había sido maravilloso, y los labios aún le cosquilleaban por el contacto con los de él. Y entonces, de pronto, Ashley cayó en por qué había sido tan maravilloso... ¡Porque había sido ella quien había llevado las riendas! Frunció el entrecejo pensativa. ¿Y si...?
Pero sus cavilaciones se vieron interrumpidas por unos golpes en la puerta. Cuando abrió se encontró a Kevin esperándola impaciente.
—¿No estás lista aún?
—Iba a bajar ahora mismo.
—Bien, pues vayámonos.
En el pabellón de Urgencias del hospital los atendió el doctor Hays, un médico joven muy agradable, que parecía encontrar divertida la preocupación y la irritación de Kevin.
—Tendrá dolores musculares durante un par de días, señora Jonas —le dijo tras reconocerla—. Solo una cosa más... ¿No está embarazada, verdad? — le preguntó. Le pareció curioso que ella se ruborizara y Kevin mirara hacia otro lado—. Quiero decir, el accidente podría haber dañado al...
—No estoy embarazada —lo interrumpió Ashley azorada.
—Ah, bien, en ese caso no hay de qué preocuparse Le daré un relajante muscular por si lo necesitara para descansar bien esta noche. Y también puede tomar un analgésico si tuviera dolores. Y por supuesto si necesitan algo no duden en ponerse en contacto conmigo.
Ashley y Kevin le estrecharon la mano y le dieron las gracias antes de que el médico los acompañara hasta la recepción para pagar la factura y que les entregaran los medicamentos.
Kevin estuvo muy callado durante todo el camino a casa, y Ashley sabía por qué: había sido aquella pregunta del médico sobre si estaba embarazada. Eso debía haberle recordado la situación antinatural de su convivencia, y reavivado su frustración.
—Teníamos que haberle dicho que, si estuvieras embarazada, el Papa lo habría anunciado como un milagro —masculló mientras aparcaban y apagaba el motor.
Asley optó por ignorar sus puyas. Se notaba demasiado cansada y dolorida como para contestar.
—¿Qué ha pasado con mi coche? —le preguntó—. Hemos pasado el cruce y ya no estaba allí. ¿Llamaste a la grúa para que lo llevaran al taller?
Kevin la miró un instante, pero volvió a apartar la mirada.
—No quieres hablar de ello, ¿no es cierto, Ashley?
—Soy frígida —murmuró ella hastiada—, tú lo dijiste. Dejémoslo así... a menos que quieras el divorcio, claro está.
—Lo que quiero es una esposa de verdad, maldita sea —le espetó él con dureza—. Y niños, quiero niños, Ashley —añadió, en un tono que denotaba una cierta vulnerabilidad.
Ella echó la cabeza hacia atrás en el asiento, y se mordió el labio inferior.
—Probablemente no lo creerás, pero yo también quiero tenerlos, Kevin.
El se giró en el asiento para mirarla.
—¿Y cómo piensas hacerlo sin ayuda?
Ashley aferró el bolso entre sus manos.
— Es que... me da miedo... —confesó en un hilo de voz.. Estaba demasiado cansada hasta para mentir, para buscar excusas.
Hubo una larga pausa.
— Bueno, tengo entendido que dar a luz no es tan terrible como solía ser en el pasado —dijo Kevin—. Y hay medicamentos que pueden aliviar los dolores.
Ashley se quedó de piedra. ¡Lo había entendido totalmente al revés! ¡Creía que tenía miedo al parto! Se quedó mirándolo sin saber cómo explicarle su error.
—Y tampoco tenemos por qué tenerlos ya... — insistió Kevin.
Había vuelto la cabeza hacia la ventanilla como si para él también fuera embarazoso hablar del tema. La verdad era que siempre le había costado tratar con los demás de temas íntimos. Sí, se dijo Ashley, en cierta forma eran muy parecidos.
— Podrías pedirle a tu médico que te recetara «algo» para no quedarte embarazada, o yo podría usar «algo» cuando... No voy a obligarte a tener hijos contra tu voluntad.
Ashley se puso roja como la grana al comprender que le estaba diciendo que no tenían qué tener hijos aún, pero sí podían hacer «eso».
—Yo... —dijo carraspeando—. ¿Podemos entrar en la casa?, estoy cansada y me duele todo.
—Ashley, a mí también me cuesta hablar de esto —murmuró él—, pero quería que lo supieras, me gustaría que lo pensaras, porque si es por eso por lo que no quieres que te toque...
—Kevin, por favor... —gimió ella, escondiendo el rostro entre las manos.
Él exhaló un profundo suspiro.
—Lo siento, no sé para qué he dicho nada —murmuró con amargura.
Salieron del coche, y caminaron en silencio hasta la casa, cada uno sumido en sus pensamientos.
— Ve subiendo a acostarte —le dijo Kevin —. ¿Quieres que te lleve algo de comer?
—No, gracias —respondió ella.
Se detuvo al pie de la escalera, y pasó la mano ensimismada por la barandilla, como si no quisiera subir aún. Alzó los ojos y miró a Kevin con una mezcla de anhelo desesperado y vergüenza.
—No debería haberme casado contigo —murmuró con voz ronca—. No quería hacerte infeliz.
La mandíbula de Kevin se tensó.
—Yo tampoco pretendía hacerte infeliz, pero es lo que he hecho.
Ashley se quedó dudando un instante, sin saber si debía preguntarle aquello en ese momento.
—No me has dicho qué ha pasado con mi coche. Vas a devolvérmelo, ¿verdad?
—Si eso es lo que quieres... —contestó él alzando la barbilla y frunciendo los labios—, siempre podemos convertirlo en una pieza de arte moderno.
Ashley frunció el entrecejo sin comprender.
—¿Qué quieres decir?
—Ahora debe medir unos doce centímetros de ancho y un metro y medio de largo. Supongo que si le ponemos un marco quedaría muy bien en la pared.
—¿De qué estás hablando? —exclamó Ashley enfadada—. ¿Qué has hecho con él?
—Llamé al viejo Doyle para que se lo llevara. Ashley se quedó paralizada.
—Pero Doyle... tiene una chatarrería —murmuró.
—Exacto —asintió él con una breve sonrisa—, y tiene una máquina nueva, que deja los coches como si fueran papel de fumar.
—¡Lo has hecho a propósito! —exclamó Ashley
Rojo de ira.
—Sí, maldita sea —replicó Kevin con un brillo de judicante en los ojos—, si lo hubiera devuelto al concesionario no habría podido estar seguro de que no volverías a comprarlo. De este modo, me he asegurado de que no volverías a por él.
— ¡Ni siquiera había acabado de pagarlo! Kevin sonrió burlón.
—Estoy seguro de que se te ocurrirá algún modo de explicárselo a la compañía de seguros. No sé, ¿la presión atmosférica?, ¿las termitas...?
Al principio Ashley había pensado pasar sin el relajante muscular, pero cuando subió a su habitación para acostarse, furiosa todavía con Kevin por lo que había hecho, tenía todo el cuerpo en tensión, así que se tomó el comprimido con un poco de agua, se puso su pijama de satén, y se metió bajo las sábanas.
Minutos más tarde se había quedado dormida, pero entonces comenzó a soñar: iba conduciendo a toda velocidad por los Alpes, tomando con destreza cada curva, cuando de pronto la carretera se cubría de hielo, el coche patinaba, y ella perdía por completo el control sobre el vehículo. El coche rodaba y rodaba, precipitándose montaña abajo... El freno se había atascado y no podía hacer nada, excepto esperar el impacto y gritar...
Unas manos fuertes la sacudieron con delicadeza, levantándola de la almohada.
—Shhh... Tranquila —le dijo una voz masculina tranquila... —Estabas soñando.
Ashley se despertó por completo, como si alguien hubiera accionado un interruptor en su cerebro. Kevin la sostenía por los hombros, y la observaba preocupado
—El coche... —murmuró Ashley — Estaba rodando montaña abajo...
—Estabas soñando, cariño —le dijo Kevin apartándole los desordenados cabellos de las ardientes mejillas y los hombros—. Era un sueño nada más. Estás a salvo.
—Siempre lo he estado a tu lado —respondió ella involuntariamente, apoyando la cabeza en su hombro Exhaló un profundo suspiro, sintiéndose ya relajada y segura. Sin embargo, al mover la cabeza para acomodarse mejor, notó que su mejilla rozaba no la tela de una camisa de pijama, sino piel.
La luz estaba encendida y Justin se había sentado a su lado en la cama con el cabello revuelto. Ashley contuvo el aliento mientras se apartaba despacio, turbada, pero volvió a respirar con normalidad cuando vio que al menos llevaba puesto un pantalón de pijama. Aun así, la visión del musculoso torso desnudo, y del vello rizado extendiéndose por él, hasta desparecer bajo el elástico del pantalón, resultaba espectacular. Además, le daba la impresión de que no llevaba nada debajo, y la sola idea la hizo sentirse amenazada.
Flexionó las piernas y se abrazó las rodillas, apoyando la frente contra ellas.
—Supongo que lo que ha ocurrido hoy ha hecho que vuelva a mi memoria el accidente que tuve en Suiza —murmuró—. La verdad es que de aquello recuerdo más bien poco. Me dijeron que tuve una conmoción cerebral y que te llamaba todo el tiempo, noche y día... —dijo sin pensar.
—¿A mí y no a tu amante?
—Yo nunca tuve un amante, Kevin —replicó ella. Cuántas veces más tendría que negar esa acusación?
— Y yo soy cura.
Kevin se levantó y la miró enfadado. Estaba preciosa con aquel pijama de satén, y estaba seguro de que no podría dejar de pensar en ella en toda la noche.
La camisa era bastante escotada, y le había permitido fijarse un instante a aquel tentador balcón de sus senos. Parecían pequeños, pero perfectamente formados a juzgar por el contorno que formaban bajo la tela. Se esforzó a apartar la vista, porque estaba empezando a sentir un deseo irrefrenable de destaparlos.
—Bueno, será mejor que vuelva a la cama e intente dormir un poco. Mañana tengo una cita en el banco a primera hora.
Ashley lo vio dirigirse hacia la puerta con profunda tristeza. El abismo entre ellos se iba haciendo cada vez mayor, y cada día que pasaba lo hacía más infeliz.
—Gracias por venir a ver si estaba bien —musitó. Kevin se detuvo frente a la puerta con la mano en el picaporte, y le dijo sin volverse:
—Sé que preferirías morir antes de hacerlo, pero si vuelves a tener otra pesadilla, puedes venirte a mi dormitorio —dejó escapar una risa sin alegría—. Y no tienes que temer nada, no volveré a arriesgarme a que destroces mi orgullo: el gato escaldado huye del agua.
Y se marchó, antes de que ella pudiera contestarle. Ashley contrajo el rostro dolida por sus palabras. ¿Por qué no podía solucionar aquello de una vez? ¡Tenía que decírselo! «¡Por amor de Dios, Ashley!, ¡actúa como una persona madura!, tienes veintisiete años...» Decidida, se levantó de la cama, encendió la luz y se dirigió hacia la puerta. Había llegado el momento, Kevin tenía que saber la verdad.

"KEVIN" cap 4 MM 2/5


CAPITULO 4

Ashley había albergado esperanzas de que Kevin la amara aún, de que se hubiera casado con ella porque todavía sentía algo por ella, no solo por lástima, pero el día de la boda la había convencido que, si había quedado en él algún resquicio de aquel amor, se había desvanecido por completo a causa de la amargura de los últimos seis años.
No sabía cómo superar sus propios temores y el resentimiento de él. Su matrimonio se presentaba ante sus ojos tan vacío como había sido su vida hasta entonces. No habría en ella bebes con el pelo negro de Kevin a los que criar, no harían el amor dulcemente a oscuras, como había soñado, no compartirían el gozo de construir una vida juntos... Solo tendrían dormitorios separados, vidas separadas, y la sed de venganza de él.
Se había ido deprimida a dormir la noche anterior, pero los días que siguieron no fueron mejores. Kevin toleraba su presencia, pero casi siempre estaba fuera.
Durante las comidas solo le dirigía la palabra si era necesario, y nunca la tocaba. Era como un anfitrión u educado en vez de un marido.
Ashley estaba empezando a sentirse desesperada Zac Efron le había dado unos días libres, para luna de miel, pero, ¿qué luna de miel podía esperar? Al día siguiente a la boda, Kevin se había despedido de ella de un modo impersonal tras el desayuno, y había marchado directamente a la nave. Ashley trato de entretenerse, yendo incluso con la loca de Selena hacer rafting y puenting, pero al cabo de varios días sintió que ni siquiera las emociones fuertes la llenaban, y llamó a la oficina para saber cómo iban las cosas. Echaba muchísimo de menos el trabajo porque, era lo único que la ayudaba a no pensar en su desastroso matrimonio y en sus problemas.
La secretaria suplente, Vanessa Hudgens, contestó el teléfono. Por el tono entrecortado de su voz era más que evidente que la poca paciencia del señor Efron estaba volviéndola loca, así que Ashley se puso un vestido veraniego blanco y rojo y decidió irse a la oficina.
El viejo sedán se estropeó en medio de la carretera y tuvo que llamar para que lo remolcaran hasta el taller-concesionario de Tisdaleville.
Una vez allí, como si fuera cosa del destino, los ojos de Ashley se posaron sobre el pequeño coche deportivo que fuera de Miley y está había vendido al concesionario. El verlo le trajo muchos recuerdos. Ella había conducido uno muy parecido durante los seis meses más oscuros de su vida, los meses que había pasado en Suiza después de devolverle a Kevin su anillo. Le encantaba aquel coche, pero había tenido un accidente con él y había quedado inservible. En contra de lo que se pudiera pensar, el choque no la había hecho, perder el entusiasmo por los coches rápidos, y allí estaba aquel, tentándola. Siempre le había gustado la sensación de libertad que daba conducir a toda velocidad por las autopistas.
Como el tipo del concesionario sabía quién era, ni siquiera le requirió un aval, y acordaron el pago en varios plazos que ella podía pagar de su propio salario.
Así pues, Ashley salió del concesionario conduciendo su coche seminuevo, y al aparcarlo junto a la oficina y bajarse, se quedó admirándolo un buen rato, satisfecha. Estaba encantada de poder pagarlo sin ayuda de Kevin Hasta entonces había dependido siempre del dinero de su padre, y poder tener independencia económica le resultaba muy satisfactorio. En ese momento le dio un poco de rabia haberse precipitado a casarse por el miedo a estar sola. Aspiraba a algo más en la vida que a tener un techo bajo el que cobijarse, pero eso ya no iba a suceder.
Cuando entró en la oficina halló a Zac Efron caminado arriba y abajo, mientras la secretaria suplente gimoteaba. Ambos se volvieron al verla entrar. -¿Qué ocurre? —inquirió dejando el bolso sobre la mesa de la secretaria y sonriendo.
La chica se puso a llorar aún más ruidosamente.
—¡No hace más que chillarme! —sollozó señalando a Zac Efron, que parecía furioso.
—¡Porque eres una incompetente! —le espetó él.
– Esta bien, está bien... —los tranquilizó Ashley—. me encargaré de todo. Nessa, ¿por qué no le haces una taza de café al señor Efron mientras yo arreglo lo que te ha salido mal? Luego te enseñaré a actualizar los archivos para mantenerte ocupada, ¿de acuerdo? Vanessa sonrió, secándose los ojos castaños.
—De acuerdo.
Se levantó para dejar el asiento a Ashley y fue a la sala donde estaba la máquina del café.
—Estás de permiso por tu luna de miel, Ashley no deberías estar aquí — le dijo su jefe.
—¿Por qué? Kevin está trabajando, no veo por qué no puedo hacerlo yo también.
—Bueno... —murmuró él frunciendo el entrecejo
— Dígame qué hay que hacer —lo interrumpió ella. No quería hablar más de ese tema.
El señor Efron le tendió dos folios a mano y llenos de abreviaturas; que quería que fueran transcritos a cristiano, y le explicó que quería cincuenta copias dirigidas a distintos destinatarios con sus direcciones correspondientes.
—Simple, ¿verdad? —le dijo arrojando los brazos al aire—. Pues fue darle eso y se puso a llorar como una magdalena —hizo un gesto irritado con la cabeza hacia la puerta tras la que había desaparecido Vanessa.
Ashley también quería llorar. Sudaba tinta cada vez que tenía que traducir los garabatos del señor Efron, y todas aquellas abreviaturas legales eran una auténtica pesadilla.
—Hasta me preguntó para qué servía esto — exclamó Zac Efron tomando un disquete y enseñándoselo a Ashley—. ¡Creía que eran negativos!
Ashley tuvo que morderse el labio inferior para no reírse.
—Es que no tiene conocimientos de informática —la disculpó.
—Sí, pero eso no es excusa para que no tenga cerebro —espetó él exaltado.
La pobre Vannesa volvía a entrar en ese momento con el café y se quedó mirándolo con la boca abierta y las cejas fruncidas, totalmente indignada.
—¡Eso es muy grosero e injusto por su parte, señor Efron!
—¿No te dijeron en la empresa de trabajo temporal que para este puesto tenías que saber manejar un ordenador?-rugió él.
—Sí que sé manejar un ordenador! —se defendió la chica—. He jugado con el Atari de mi hermano un par de veces.
Entonces fue al señor Efron a quien parecieron entrarle ganas de llorar. Apretó los dientes, masculló algo incomprensible y se metió en su oficina dando un portazo.
—No me dijeron nada de que tuviera que usar uno de estos chismes —le confesó Vanessa a Ashley—. Me preguntaron si tenía formación como administrativa y la tengo..., pero no sé leer sánscrito —murmuró señalando los garabatos de su jefe.
Ashley se echó a reír. Era maravilloso poder reír de nuevo. Le dio las gracias mentalmente a Dios por su trabajo, porque era lo único que podía ayudarla a mantener la cordura casada con un hombre que la detestaba. Sacudió la cabeza y se dispuso a explicarle a Vanessa cómo utilizar el programa. Tras el almuerzo, el señor Efron estaba más relajado, e incluso empezaba dar muestras de tolerar a la secretaria suplente. De hecho ni siquiera gruñó cuando Ashley le sugirió que no iría mal hacer fija a la chica porque el volumen de trabajo se había incrementado en las últimas semanas. Cuando finalizó su jornada, Ashley volvió a subirse al flamante deportivo y puso rumbo a casa. Al tomar la autopista pisó el acelerador, encantada de ver que iba como la seda. Adoraba la velocidad, el viento despeinándole el cabello, y esa maravillosa sensación libertad. A partir de entonces, se prometió a sí misma, iba a disfrutar de la vida.
Delante de ella iba una camioneta bastante lenta, pero, en vez de aminorar la velocidad, Ashley pisó el pedal del acelerador y la adelantó, volviéndose a meter en su carril justo antes de que un coche blanco que iba en dirección contraria chocara con ella. Le pareció que le resultaba familiar, pero no se molestó en mirar por el retrovisor cuando lo dejó atrás. Tomó el desvío, aumentando un poco más la velocidad. No tenía ganas de volver todavía a su «celda» en el rancho, todavía no.
Nick maldijo entre dientes al aparcar frente a la nave. Aquel coche que casi había chocado con él era el antiguo deportivo de Miley, y era Ashley quien iba al volante. La había visto en unas décimas de segundo, pero le habían bastado para reconocerla. Iba riendo como una loca, como si disfrutara con la velocidad, y su cabello rubio ondeaba al viento.
Entró en el despacho de Kevin, quien se extrañó al verlo allí.
—Ya es casi la hora de cerrar —comentó echando una mirada a su Rolex —. No sabía que regresabas hoy de Montana.
— Echaba de menos a Miley —contestó Nick con una sonrisa—. Y hablando de Miley... —añadió sentándose en el filo del escritorio de su hermano—. Hace un rato casi me estrello contra una salvaje que iba conduciendo su antiguo deportivo. Iba al menos a ciento veinte.
—Oh, ¿al final se lo vendió el del concesionario?
— Ya lo creo que sí, no me hacía ninguna gracia que condujera un coche tan poco seguro.
—Ya veo —contestó Kevin repasando unos papeles—. Supongo que la mujer de algún otro tonto lo habrá comprado.
—Em... te pasaré por alto lo de haber sido el primer tonto —contestó Nick frunciendo los labios—, pero no creo que te haga gracia saber que tú eres el otro.
Al comprender a qué se refería, Kevin se quedó de piedra y alzó la cabeza al momento.
—¿Me estás diciendo que Ashley iba conduciendo ese deportivo?
—Me temo que sí —murmuró Nick, contrayendo el rostro ante la furia de su hermano mayor.
Kevin no podía creer lo que estaba oyendo. Sabía que Ashley no era feliz a su lado, pero estaba tratando con todas sus fuerzas de evitar confrontaciones, de ayudarla a adaptarse, e incluso estaba guardando las distancias a la vez que intentaba ocultarle su frustración cuando ella daba un respingo cada vez que lo veía aparecer. Pero... ¡comprarse un deportivo para intentar matarse! Aquello era demasiado. Se levantó, agarró el sombrero del perchero y se detuvo frente a la puerta para preguntarle a Nick:
—¿Iba en dirección a casa?
—No, iba en la dirección opuesta —contestó él. Se quedó mirándolo con los ojos entornados—. Kevin... no van bien las cosas entre vosotros, ¿verdad?
Su hermano mayor lo miró furibundo.
—Mi vida privada no es asunto tuyo. Nick se cruzó de brazos con terquedad.
— Miley dice que a Ashley le ha dado por hacer muchas locuras últimamente, y que tú no haces nada por detenerla. Sin ir más lejos, me ha contado que el fin de semana pasado se fue a hacer puenting con Selena... ¿Tan empeñado estás en vengarte de ella?
—Lo estás poniendo como si fuera una suicida — repuso Kevin fríamente—, y no lo es.
—Si fuera feliz no iría por ahí tratando de romperse la cabeza —insistió su hermano—. Tienes que intentar dejar atrás el pasado. Ya es hora de que olvides lo que ocurrió.
—Para ti es fácil decirlo —le espetó Kevin con una mirada peligrosa—. ¡Me dejó tirado por un tipo con el que se acostaba mientras salía conmigo!
Nick se quedó mirándolo de nuevo.
— Bueno, tal vez no hayas sido tan mujeriego como lo fui yo antes de pasar por el altar — le dijo —, pero tampoco se puede decir que hayas sido un santo, hermano. ¿Y si Ashley no pudiera aceptar que haya habido mujeres en tu pasado?
—Estábamos prometidos; era mía. Yo, como un imbécil, tuve todo el tiempo mucho cuidado de no fastidiar nuestra relación: apretaba los dientes para contener mi deseo, para no asustarla, porque cada vez que la tocaba se apartaba de mí... Y luego me enteré de que había estado engañándome con ese niñato rico desde el principio. ¿Cómo crees que me siento? —rugió—. Y encima tuvo la desfachatez de restregármelo por la cara, diciéndome que yo era demasiado pobre como para satisfacer sus caros gustos, que quería a alguien con dinero.
—Pero no se casó con Pattinson, ¿verdad? —repuso Nick—. Según me contó Joe, se fue a Europa y le dio por hacer locuras, igual que está haciendo ahora. Tuvo un accidente en Suiza, Kevin, en un deportivo —añadió—, un deportivo como el de Miley.
Kevin lo estaba mirando entre horrorizado e incrédulo.
—Nadie me había contado eso.
—¿Acaso has escuchado alguna vez a alguien que tratara de hablarte de algo relacionado con los Tisdale? — replicó Nick—. Solo hace unos meses que te has calmado lo suficiente como para que se te pueda hablar de los Tisdale sin que saltes.
—Yo la quería —murmuró Kevin—. No puedes imaginarte cómo me sentí cuando rompió nuestro compromiso.
— Sí que puedo —contestó Nick quedamente—. Estaba allí, y sé por lo que pasaste, pero nunca te paraste a pensar que tal vez ella tuviera una razón para hacer lo que hizo. Trató de explicártelo en una ocasión, pero tú ni siquiera quisiste escucharla.
— ¿Qué había que escuchar? —lo cortó Kevin perdiendo la paciencia—. Ya me había contado la verdad.
—Yo jamás he creído que aquello fuera la verdad —repuso Nick—. Y tú tampoco lo habrías creído de no haber sido porque por primera vez en tu vida te habías enamorado, y porque te sentías tremendamente inseguro, porque no te valorabas lo suficiente como para creer que una chica como Ashley quisiese estar a tu lado. Estabas siempre preocupado por la posibilidad de perderla por otro hombre... Incluso ante mí, ¿recuerdas?
Kevin no podía negar que estaba diciendo la verdad. Sabía que había sido muy posesivo con respecto a Ashley. Diablos, aún lo era, pero, ¿cómo no iba a serlo? Ella era preciosa y él... él...
—Tu forma de actuar solo la aleja de ti, Kevin,
—¿Y qué quieres que haga, que la ate y la encierre en el sótano? —le espetó su hermano con una risa amarga—. No puedo hacer que se quede a mi lado si ella no quiere. Demonios... ni siquiera me deja tocarla. Cuando intenté hacerle el amor la noche que nos prometimos, se apartó de mí como si tuviera la peste — dijo apartando la vista—. Me tiene miedo.
—¿Y no te parece curioso —murmuró Nick escogiendo cuidadosamente las palabras - que a una mujer que ha tenido un amante le dé pánico el sexo?
Y antes de que Kevin pudiera responder, salió del despacho y abandonó la oficina.
Kevin se quedó allí de pie, anonadado por las revelaciones de su hermano, hasta que recordó la situación, y se dio cuenta de que habían pasado varios minutos. Nick lo había entretenido demasiado. ¿Y si a Ashley le había ocurrido algo mientras tanto...? No quería ni pensarlo.
Recorrió la carretera en una y otra dirección con su coche, pero no vio signo alguno del deportivo.
Más tarde, cuando llegó a la casa, casi cayó de rodillas, aliviado, al verlo aparcado frente al porche.
Inspiró profundamente antes de entrar, procurando controlar el temblor de sus manos que le había causado el miedo a encontrarla en alguna cuneta.
Ashley estaba en el comedor charlando con María acerca de una receta.
Cuando lo oyó entrar, alzó la vista, y entonces la risa y la animación se disiparon de su rostro, como si se hubiese producido de pronto un eclipse.
—He cambiado de coche —le dijo a Kevin desafiante antes de que él pudiera decir nada—. ¿Te gusta? Es el que tenía Miley antes. Ni siquiera me han pedido un aval, y voy a pagarlo a plazos... de mi salario —le aclaró.
Kevin lanzó a María una mirada cuyo significado esta conocía muy bien, y se levantó de inmediato para dejarlos a solas. Kevin se sentó a la cabecera de la mesa y encendió un cigarrillo, recostándose en la silla para mirarla fijamente.
—Lo último que necesitas es un coche deportivo, porque, según he oído, ya conduces a demasiada velocidad.
Ashley escrutó sus ojos negros, leyendo la preocupación en ellos.
—Alguien me vio en el coche esta tarde —adivinó.
Kevin asintió con la cabeza.
—Nick—le dijo.
— Sí, me pareció que era él —murmuró Ashley dándole vueltas a la fina alianza de oro en su dedo—. No soy una imprudente, es solo que me gusta la velocidad —le dijo incómoda.
—Pues a mí no me gustan los funerales —le espetó él—. Y no tengo intención de asistir al tuyo, así que mañana devolverás el coche o lo devolveré yo.
— ¡Es mío! —exclamó ella. Sus ojos verdes relampaguearon de ira—, ¡y no voy a devolverlo!
—No pienso discutir esto contigo, cariño. Nick me ha dicho que destrozaste un deportivo como el de Miley en Europa.
—Eso fue un accidente —se defendió ella sonrojándose.
—Pues aquí no tendrás ninguno —le dijo Kevin—. No voy a dejar que te mates.
— ¡Por amor de Dios, Kevin, no soy una suicida! —protestó ella.
—No he dicho que lo seas, pero por lo visto necesitas a alguien que te ponga firme.
—Yo no soy Miley, Kevin —le espetó Ashley. Los dulces rasgos de su rostro se endurecieron—. No necesito un tutor.
Él no contestó a eso, pero se quedó mirándola un buen rato en silencio.
—Y ya que estamos hablando de esto... Tampoco me gusta que trabajes para Zac Efron.
La irritación se estaba apoderando de Ashley. Era como si de repente sintiera que le estaban quitando el control de su vida.
—Kevin, yo no te pregunté si te gustaba o no —le recordó—. Antes de casarnos te dije que quería seguir trabajando.
—Aquí hay mucho que hacer. Puedes ocuparte de organizar las tareas de la casa. Ashley lo miró indignada.
—María sabe muy bien lo que hay que hacer. Y antes de que se te ocurra sugerirlo, no quiero quedarme en casa todo el día en pijama y bata de seda, dando fiestas un día sí y otro también. Ya he tenido bastante de eso en mi vida.
—Yo creía que echarías de menos esas cosas, esa época en que no tenías que mover un dedo. Shelby suspiró.
—Mi padre me veía solo como un florero —le confesó con tirantez—. Se habría puesto furioso si hubiera intentado cambiar esa imagen.
—¿Le tenías miedo? —inquirió Kevin frunciendo el ceño ligeramente.
—Me consideraba como algo de su propiedad — alzó la mirada, y la sorprendió ver curiosidad en los ojos negros de él—. No era fácil vivir con un hombre como él, y tenía formas bastante desagradables de ajustamos las cuentas cuando a Joe o a mí se nos ocurría desobedecer —le explicó—. Tú fuiste el segundo hombre con el que me dejó salir, y el primero con el que podía quedar a solas —vio que se reflejaba sorpresa en el rostro de él —. ¿Te extraña lo que te estoy contando? —Inquirió riéndose sin alegría—. ¿Qué creías?, ¿Qué mi padre me permitía llevar la vida de una fresca? Le aterraba la idea de que pudiera seducirme un caza fortunas; nuestra casa era para mí como una jaula dorada.
Kevin no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Ladeó un poco la cabeza y entornó los ojos.
—¿Te importaría repetir eso? ¿Dices que no habías estado a solas con un hombre hasta que saliste conmigo?
Ashley asintió con la cabeza.
—No me atreví a escapar de la vigilancia de mi padre hasta después de romper nuestro compromiso, cuando me marché a Suiza —añadió con una sonrisa triste—. Supongo que entonces la sensación de libertad fue demasiado para mí, porque me descontrolé e hice locura tras locura. Aquel coche deportivo era como una válvula de escape para mí, una forma de celebrar esa libertad recién encontrada... No era mi intención estrellarlo.
—¿Saliste muy mal parada?
—No, la verdad es que tuve suerte, solo me rompí la pierna y un par de costillas.
— No sabía que te tuviera tan controlada — murmuró Kevin suavemente. Estaba empezando a comprender lo inocente que había sido ella en aquel entonces. Si como decía solo había salido con otro hombre antes de él, era más que probable que su primer contacto con el sexo hubiera sido aquella noche con él. Al pensar en aquello, se puso tenso. Entonces, aunque estaba seguro de que era virgen, había pensado que tendría al menos alguna experiencia, por poca que fuera. Pero si como le estaba diciendo no había tenido ninguna, eso explicaría por qué la había asustado su ardor de esa manera.
—No podía hablar de estas cosas contigo en aquella época —le confesó Ashley—. Era demasiado joven, y terriblemente ingenua.
Kevin se quedó mirándola fijamente, como si estuviera dudando entre creerla o no.
—Te asuste la noche que nos prometimos, ¿verdad? —le preguntó de repente—. ¿Fue por eso por lo que te apartaste de mí...?, ¿No por qué te repugnara?
— ¡Tú nunca me repugnaste! —exclamó Ashley, espantada de que pensara algo así—. ¡Oh, Kevin, no...! ¿No creerías eso?
— Apenas nos conocíamos, Ashley—dijo él con voz ronca—. Supongo que teníamos una idea equivocada del otro. Yo te veía como a una mujer elegante, sofisticada. Sabía que eras inocente, pero pensé que habrías tenido alguna experiencia con los hombres. Si hubiera imaginado siquiera por un momento lo que me has dicho, te aseguro que no me habría mostrado tan exigente contigo.
Ashley enrojeció y apartó la mirada de él. ¿Por qué no podía encontrar las palabras? Era increíble que, a pesar de que estuviesen casados y de que ella tuviese veintisiete años, esa clase de conversación la pusiese nerviosa.
—Tuve miedo de que no pudieras parar —murmuró sin levantar la cabeza. Kevin suspiró con pesadez.
— Yo también —le confesó inesperadamente—, hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer.
—Nunca hubiera pensado que... —murmuró Ashley alzando la vista al fin hacia él—. Quiero decir, hoy día la sociedad es muy permisiva, nadie vería mal que un hombre soltero...
—Puede que la sociedad sea permisiva, pero yo no lo soy conmigo mismo —le dijo él sin rodeos—. Un caballero no va por ahí seduciendo vírgenes, ni se aprovecha de las mujeres inexpertas, y eso solo deja en la lista a las chicas de cascos ligeros —le explicó—. Y para serte sincero, cariño, esas nunca han sido mi tipo.
Los ojos verdes de Ashley recorrieron los duros rasgos de Kevin, deteniéndose en los labios.
—Pero imagino que no te habrán faltado las ocasiones —murmuró bajando la vista a su regazo.
—Tengo dinero, Ashley —le recordó él con cinismo—; por supuesto que ha habido ocasiones —la miró a la cara, esperando ver el efecto de lo que iba a admitir a continuación—. De hecho, se me presentó una el fin de semana pasado, cuando tuve que ir a Nuevo México, a pesar incluso de que llevaba el anillo de casado.
Ashley apretó los dientes. No quería que él se diera cuenta de que estaba celosa, pero resultaba difícil ocultar un sentimiento tan fuerte.
—¿Y tú... accediste?
—Eres tan posesiva respecto a mí como lo soy yo respecto a ti —dijo él de pronto. Los ojos de ambos se encontraron en ese momento, y fue como si saltaran chispas—. No te hace gracia la idea de que otras mujeres se fijen en mí, ¿no es cierto, Ashley?
Ella asintió incómoda, y Kevin sonrió burlón mientras encendía un cigarrillo.
— Si te vas a quedar más tranquila, la rechacé. Nunca te engañaría, cariño.
—Yo nunca he pensado que pudieras engañarme... igual que yo jamás te engañaría a ti —contestó ella.
—Si lo que me has contado es verdad, y basándome en las dos semanas que llevamos casados, eso sería casi inconcebible... Cada vez que me acerco a ti actúas como un cordero al que fuera a sacrificar.
Ashley inspiró despacio, tratando de mantener la calma.
— Lo sé —respondió avergonzada—. Soy consciente de mis defectos, Kevin, y supongo que no lo creerás, pero nadie se siente tan culpable como yo de lo que ocurrió entre nosotros.
Kevin frunció el ceño enfadado consigo mismo. No había pretendido hacer que se pusiera a la defensiva. Su orgullo saltaba sin que pudiera evitarlo, pero no quería seguir hiriéndola; ya la había herido bastante.
—No era eso lo quería decir... —murmuró cansado—. Las cosas sucedieron como sucedieron. Eso es todo. Destrozaste mi orgullo, Ashley, y uno tarda mucho tiempo en recuperarse de un golpe así. De hecho, creo que aún no lo he hecho.
—Yo también salí malparada de aquello —murmuró Ashley—; y he sufrido mucho por lo que te hice.
—¿Y entonces por qué lo hiciste?
Ashley cerró los ojos y contrajo el rostro.
—Lo hice por tu bien —susurró.
Kevin dejó escapar una risotada de irritación.
—Vaya, eso es nuevo... —apagó el cigarrillo a medio fumar y se puso de pie—. Discúlpame, pero tengo que repasar unos papeles antes de que María sirva la cena.
Sin embargo, antes de salir del comedor, se detuvo junto a la silla donde estaba sentada ella, observando cómo se tensaba al acercársele. Extendió la mano, enredando los dedos en sus cabellos, y tiró suavemente hacia atrás para escudriñar sus ojos. Su expresión no dejaba lugar a dudas.
—Miedo —masculló—, eso es lo que veo en tus ojos cada vez que me acerco a ti. Pero tranquila, no te obligaré a hacer ese sacrificio que temes, no estoy tan desesperado.
Le soltó el cabello y se alejó enfadado.
Ashley sintió acudir las lágrimas, pero no hizo nada por detenerlas. Él no sabía por qué lo temía, y tampoco sabía cómo explicárselo. ¿Cómo podía haber llegado a creer que lo había rechazado porque le repugnaba? Nada más lejos de la verdad. Ansiaba hacer el amor con él, desesperadamente, pero quería que fuera tierno con ella, que pudiera controlarse, y por lo que recordaba, no estaba segura de que pudiera serlo.